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Victoriano Pedernera

INCONGRUENCIA ONÍRICA

Desperté de madrugada, con el cuerpo empapado en sudor.

La cama era un mar teñido de rojo.

Mis dedos, índice y mayor, se hundían en la pegajosa suavidad del dulce de leche, que se encontraba dentro de un pote, de fuego y bordes rosados, debajo de tu pubis.

En mi boca se esparcía el sabor de tu viscosidad. 

Tus ojos sobre tus pechos, simulando ser pezones, me sonreían.

Tus manos ensangrentadas.

De tu boca salían estruendosas carcajadas y detrás de ellas, tus dientes corriendo hacia mi, en busca de mi carné.

Yo, un velero inmóvil, desesperado, con el mástil arrancado de cuajó.

Mi quietud desesperante, era absorbida por las arenas movedizas.

Mí propio grito me despertó.

Estaba en el piso, sobre un frío y pálido mármol, con mi nombre escrito.

Corrí al baño, me lavé la cara. Me mire en el espejo, era tu rostro el que se reflejaba.

De mis ojos, lágrimas incontrolables salían. Los tuyos eran de una oscuridad pavorosa.

Recuerdo que me decías: a ella nunca podrás amarla como a mi.

Ésta incongruencia onírica ha convertido en mi aliado al insomnio.

 

Publicado la semana 32. 09/08/2019
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I
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