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Victoriano Pedernera

TRES PALABRAS

(Dedicado a ti, que tanto te ame

y tan poco te di)

 

Me lance al mar, y no sabía nadar, pero lo 

hice por tí.

De apoco aprendí a flotar. Cuando creía

que estaba a salvo, tuve que aprender a

nadar.

Luche contra el cansancio,contra el 

pánico,hasta llegar a la orilla.

Y ahí estabas tú,tan sonriente, tan

hermosa, tan indiferente.

Camine por la playa hacia tí, pero no

lograba alcanzarte. No me importó.

Yo continúe con mi marcha.

Me tope con médanos,dunas. Subia,

bajaba. La boca pastosa,los labios

resecos,la lengua muda.

El sol arremetia contra mí piel, contra

mí cabeza. Me calcinaba hasta los

huesos. La sed insoportable, la sangre en

ebullición.

Segui caminando y divise el bosque.

A cada paso que daba, no sé si me

acercaba o me alejaba.

Y ahí estabas tú,tan sonriente,tan

hermosa,tan indiferente.

Llegué al bosque y me interne en el.

A medida que avanzaba,las sombras

crecían;la luz,mas  difusa.

Dificultaban mí andar las madreselvas.

Los arbustos espinosos laceraban mí

piel.

Hallé un matorral de moras. Quise calmar

mí sed con su fruto, pero sus espinas

lastimaban mis manos. 

Me los lleve a la boca. Sentí que me

quemaban los labios. Su jugo me fue

refrescando,pero invadió mí paladar, mí

lengua un sabor amargo.

Proseguí a tientas,sin distinguir la

dirección correcta.

Tuve que luchar contra mis miedos,

contra la oscuridad, contra la soledad. 

Todo se tornaba lúgubre, tenebroso.

Creí que nunca saldría.

A lo lejos divisé una tenue luz. A medida

que me acercaba pude distinguir una 

figura. Te reconoci,eras tú. Tus ojos

iluminaban mí camino. Llegué a los

límites del bosque.

Y ahí estabas tú tan sonriente,tan

hermosa, tan indiferente.

Segui tus pasos que me guiaron hasta la

ciudad.

Comencé a buscarte por las calles grises,

pobladas de escaparates anonidos. Las

aceras vacías. Sólo, de ves en cuando, me

cruzaba con algún perro flaco, hambrien-

to, de costillas pugnando por atravesar su

piel.

Comenzó a anochecer; las luces fueron

tomando la ciudad. Su brillo me fue

cegando,asi  como lo hicieron tus

palabras. Y no me importó.

Retome la búsqueda en las plazas,en las

tiendas, en los cines,en los bares, y no te 

halle.

Me detuve en cada esquina buscándote

con la mirada.

Mí pecho era como una caja de resonan-

cía. A cada segundo su sonido se hacía 

más intenso,mas  ligero.

El corazón me latía, latía, latía más fuerte,

más de prisa. No soportaba más el encie-

rro. Abrió mi pecho y salió. Lo sujeté 

entre mis manos. Pude calmarlo,mas no

consolarlo.

El gentío me miraba con pena,con lástima

Hubo quienes me reconocieron y me dije-

ron:no la busques más, no vale la pena.

Has dado todo por ella,tu hombría,tu

orgullo,tu dignidad. Estas caminando

hacía la muerte.

Si supieran que la muerte a sido tan ingra-

ta conmigo, que pasó a mí lado,y no me

ha querido llevar.

Ha pasado el tiempo. Dias,meses,años,

desde que dejé de buscarla.

Logre reponerme y encaminar mi vida.

Y hoy la he cruzado en la calle.

Nos miramos. Me sonrió insípidamente.

Ha perdido la frescura de su piel;la ter-

nura de sus manos. Ya no queda rastro

de brillo en sus ojos.

Pude leer en su mirada: No supe amarte.

Continúe mi camino.

 

 

Publicado la semana 3. 14/01/2019
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