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Valentina Cavalotti Velasco

Montaje

Cuando me acuerdo de cosas las reproduzco en mí cabeza como una película. Pero no cualquier parte de una película. Específicamente como ese montaje emotivo de un drama romanticon, en el que todo está medio fuera de cuadro, y se ve una esquina infefior de una cara con una boca que se ríe feliz, pero sin el sonido, seguido por unas zapatillas en la puerta de una casa, un par de platos vacíos en la mesa, con rastros de salsa de tomate, dos personas caminando por la calle de la mano, pero vistas de espalda. Un pelo que se vuela con el viento. (Porque al viento no se lo puede ver. )
Me lo acuerdo así, con todas las imágenes sobre-estilizadas, con los espacios vacíos romantizados, como una escena del neorrealismo italiano. 
A veces hasta lo vivo asi. Me quedo mirando la luz que entra desde la ventana y como ilumina mis pantuflas y pienso que podría ser un buen recuerdo algún día para sumar al montaje. 
Me gustan esos montajes porque son puro placer estético, placer estético y elipsis calculada. 
Si hago eso, puedo recordarnos más o menos así:
Una cama desarmada iluminada por el sol de la mañana de una persiana un poco levantada, una radio al palo, dos tazas de te, la remera que te robé, la camisa que te robé. Pelos de gatos en mis pantalones negros. Una mesa y sillas en el patio, a la sombra de un árbol. La parada del colectivo. 
 Mis pies quietos en la calle para aguantarme el llanto. Una taza de té sola  Un mensaje de wpp que tardé meses en contestar. Muchas fotos de gatos. 
Y si quiero sentirme bien, me convenzo de que cuando te acordás de mí, la imagen que te viene a la cabeza es la esquina inferior de mí cara con mí boca que se ríe feliz.

Recordame solo en clichés vos también, por favor. 

Publicado la semana 88. 03/09/2020
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Género
Poesía
Año
II
Semana
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