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Valentina Cavalotti Velasco

Torta y café

En café Martinez tenían una torta de chocolate que estaba buena. La torta estaba buena y mi papá decía que el café también, así que a veces íbamos. El se pedía un café. Yo me pedía la torta. Y después caminábamos por las calles vacías de microcentro.

Microcentro un domingo a la tarde es como una ciudad fantasma. Pero no como la que te imaginás cuando te digo "ciudad fantasma". No me refiero al pueblo ese viejo, con las casas destartaladas, el canto rodado arrastrado por el viento. No, yo digo una ciudad-ciudad, como las de ahora, capaz hasta un poco futurista. Puro edificio alto, plateado, gris, azul oscuro. Oficina una al lado de la otra, calles angostas, piso sucio. Y ni una persona. Muchas bolsas de basura, eso si. Y botellas de cerveza vacías, pero de sus propietarios, nada. Edificios con palier, pero ningún portero a la vista. De repente alguna calle amplia, amplisima, llena de locales, pero todos cerrados, las cortinas bajas o no, pero las luces apagadas y ningún auto. Como si un día todos hubieran decidido, hoy mejor no voy a trabajar y después simplemente hubieran repetido la no acción cada día.

A mi papá le parecía hermoso. A mi me parecía otro mundo. Después nos mudamos a un barrio de verdad, de esos en los que los fines de semana ves al espécimen local, saliendo a pasear, o a tomar un café. El Café Martinez mas cercano nos quedaba lejos y encontramos otro café. Este hacia una torta moka buenísima, el 2 en 1. Nos pedíamos solo eso y la compartíamos.

El otro día pasé por un Martinez, pero a la torta ya no la tienen. Así que ni entré.

Publicado la semana 79. 29/06/2020
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