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Valentina Cavalotti Velasco

Estación Pueyrredón

Entro a la estación del B buscando combinar con la H. Siempre me pierdo en estos lugares. No veo la señalización que busco cuando paso por al lado y tengo que preguntar. Ahí, en la otra punta me dicen. Ah, que boluda. Me meto apurada y me encuentro con una sorpresa. Estoy en una cinta eléctrica, no las escaleras a las que estoy acostumbrada. La cinta va rápido, y es empinada. Es la primera vez que me subo a una de estas. También es la primera vez que hago esta combinación. Me doy cuenta de que estoy yendo a un lugar desconocido. De repente las posibilidades son infinitas. En una de esas salgo al metro en París. O a un aeropuerto en Japón. Me da vértigo la idea y empiezo a caminar. Siento la adrenalina que sentía cuando de chica bajaba corriendo la barranca de la plaza esa de Belgrano. Un paso en falso y caigo rodando pienso, así que balanceo mi peso para atrás. Si salgo en París voy a tener que pagar con la tarjeta, no ando con euros encima. Tengo antojo de croissant. O de gyozas. Es esa hora de la mañana en la que me da igual desayuno o almuerzo. Me llega el eco de una voz distorsionada por parlantes, un anuncio de algún tipo. Podría ser el clásico “mind the gap” de los subtes de Londres o el “stay clear of the closing doors please” de Nueva York. Es indistinguible. Ya veo el final de la cinta, donde se endereza abruptamente. Con el calor que hace espero no estar metiéndome en un subte en Pekín, tan famosos por estar siempre abarrotados.

Al final salgo a la estación del H aliviada, porque es un vuelo de 24 hs desde China y ya estoy llegando tarde a almorzar. 

Publicado la semana 7. 11/02/2019
Etiquetas
En el subte
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Género
Relato
Año
I
Semana
07
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