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Valentina Cavalotti Velasco

Salmonella

Cuando Carla era chica le gustaba batir con su batidora manual, esas con la manivela que vienen chiquititas, claras a punto nieve con azúcar y comérselas. Ahora mientras lee la receta para hacer sambayón, frente a la heladera abierta, la idea de comer algo con huevo crudo le da asco y un poco de miedo. Se traslada al living al mismo tiempo que googlea rápidamente los efectos de la salmonella para poder evaluar y hacer un balance entre el tiramisú que planea hacer y la posibilidad de contraer la enfermedad. Al final, tirada en su sillón, decide mandarle un mensaje a la amiga que le pasó la receta. El sambayón lo hago con las yemas crudas????? Y procede a entrar a Instagram, haciendo tiempo hasta que le responda, bajando velozmente por su feed, buscando nada en particular. Le llega un mensaje, entra a la casilla sin mirar mientras se incorpora para sentarse cruzada de piernas. "Tenemos que hablar". No es su amiga, es Nacho. Está todo bien!? Le pregunta preocupada a lo que el responde si se pueden ver. Ella contesta que sí, que se van a ver esa noche en el cumpleaños de Rocío, pero él le pide de verse antes. Bueno, sí y le vuelve a preguntar. ¿Pasó algo? ¿Estás bien? Me estás preocupando. Está todo bien le dice, nada más quiero hablar. Le manda un par de emoticones, pero Carla no está convencida. Su amiga le contesta y le explica que tiene que hacer el sambayón a baño María para cocinar las yemas.
 Carla se pasa el resto de la tarde en la cocina, donde se le pasa el sambayón quedando con una consistencia grumosa poco atractiva, y cuando quiere batir la crema y el mascarpone con la batería, salta para todos lados. Pasa más tiempo limpiando el desastre que realmente cocinando. No puede dejar de pensar en Nacho y varias veces agarra el celular para llamarlo, para aclarar un poco todo ese misterio tan poco propio de él. Pero siempre que está por apretar el icono del teléfono verde, para, y deja el celular. No sabe si es que quiere respetar los tiempos de su amigo o si tiene miedo de lo que le vaya a decir. Se siente incómoda y preocupada. Se cambia rápido cuando se acerca la hora en la que la va a pasar a buscar por su casa y se sienta en el sillón, mirando la tele sin mirar. Cuando él le toca el timbre y ella baja nerviosa, se olvida el tiramisú y no se va a dar cuenta hasta cuándo llega al cumpleaños. 
 Pero en ese momento poco le va a importar.
  Va a pensar que debería estar aliviada, porque tanto suspenso le hizo preocuparse. ¿Estaría enfermo? ¿Algo con la familia? ¿Estaba cortándose otra vez? Nada de eso. Nacho quería hablar de algo que sentía evidente, que pensaba ella adivinaba. No le creyó la sorpresa cuando ella lo miro anonadada y negó rotundamente todo de lo que se sintió acusada. Nacho creía que hacía meses que estaban "histeriqueando". Citaba numerosas situaciones que ella había interpretado como simple cariño entre amigos, abrazos y llamadas hasta tarde, cómo prueba absoluta de la intención de Carla de "calentarle la pava". Parecía que mientras más Carla lo negaba más el dejaba la actitud divertida y sobradora, por una cercana a la violencia. ¿Lo estaba tomando por boludo? Claramente se lo quería coger tanto como el a ella. Xq seguían esperando? ¿Había un telo ahí a la vuelta, por qué no iban ahora mismo? Carla no sabía que decirle. Se sentía muy violenta rechazándolo así que le daba excusas, no, si ahora tenemos el cumple de Ro, además este no es lugar para hablar de esto, la gente de al lado nos está mirando raro. No lo había pensado así Nacho, disculpa si te hice mal no fue mi intención. 
Dale, ya estamos acá le decía el, ya fue, el telo lo pago yo. 
No, perdón, no. 
Dale, vos sabés que querés.  
La había perseguido hasta la parada del colectivo dónde se había terminado tomando un taxi, escapando de los gritos y de la gente que pasaba y que miraba con avidez, pero a la distancia.
Pensé que éramos amigos Carla. ¿No sentís nada por mí? ¿Tan poco te importo? ¿Ni siquiera me vas a contestar? por qué no me miras cuando te hablo? Cuando le quiso agarrar la cara para que lo mire el hombre atrás de ellos en la fila le dijo tranquilízate flaco, y Nacho la soltó y dejó de gritar. 
Ahora le susurraba al oído. 
Puta.
 Sos una puta. 
 Puta malcogida.
 A vos lo que te falta es una buena pija.
 Carla ya no lo escuchaba. Con el cuerpo helado, pensaba en cómo había llegado a ese lugar. Tendrían haber tenido más cuidado.  No recordaba haberle dicho o insinuado nunca nada, pero capaz no se había dado cuenta su mamá siempre decía que era demasiado simpática con los pibes. Qué iba a pensar su hermano de ella. El y Nacho eran muy cercanos y cuando habían reconectado después de cruzarse un par de veces en la facultad, Joaquín le había dejado bien en claro que sí se llegaban a enganchar se pudría todo. Carla se había reído, pero ahora se sentía culpable. Nacho era un buen pibe, tenía muchos problemas, pero era bueno. Seguro había sido un cambio en la medicación, nunca había sido un chabón violento. Le debían de estar pasando otras cosas. Seguro se había enganchado con ella y no sabía cómo decírselo. Además, a nadie le gusta que lo rechacen. Seguro que se le iba a pasar y se iba a disculpar. Seguro que lo había herido diciéndole que no y por eso se había sacado tanto. Seguro que es mi culpa pensaba. 
Mejor no digo nada, no quiero armar bardo decidió en la puerta de la casa de Rocío mientras tocaba el timbre.
Fue incapaz de explicarle a Ro cómo es que se había olvidado el tiramisú y por qué había llegado tan temprano. Bue, ya fue, le contestó ante el silencio taciturno y confundido de Carla. Total, hay un montón de comida, y de paso me podés ayudar a ordenar un poco. ¿Sabes si Nacho viene?

Publicado la semana 4. 21/01/2019
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