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Valentina Cavalotti Velasco

Junio

Que día de mierda, piensa Lara, sentada en un banquito en la cocina del micro departamento que comparte con otras dos pibas de su pueblo. Mira fijo la pila de platos para lavar. Verlos ahí la estresa. Pero la idea de lavarlos la desmotiva todavía más. Mira hacia la ventana, que da al pulmón de manzana. Por suerte el vecino de enfrente, el dealer de la zona siempre tiene la persiana baja, o ella tendría que cerrar las cortinas y matar la poca luz natural que entra en el depto.

 Casi de manera automática, pone agua a hervir en una pava. Se arremanga el buzo de lana. Mira una vez más la pila. No quiere, pero la acción ya comenzó antes de que ella se hiciera cargo y empieza acomodando las ollas, para que ocupen menos espacio dejandolas sobre una de las hornallas apagadas. Abre la canilla de agua caliente mientras le pone detergente aguado a la esponja que se cae a pedazos. Lava pensando en nada. Concentrada en rasquetear y refregar toda la suciedad, canta en voz alta lo primero que le viene a la cabeza. Estars shaining raigt abob iu. Nait brizis sim tu uisper ai lov iu.  Está un rato entretenida con eso, mientras la luz va menguando lentamente, hasta el punto en que tiene que prender el velador que vienen usando desde que se rompió la lamparita de techo y no supieron conseguir repuesto porque era un modelo demasiado viejo, y cambiarlo salía demasiado caro. Cuando termina de lavar, aprovecha lo que queda del impulso inicial y seca los platos rápido. Se sienta otra vez, cansada, secándose las manos con un repasador que ya está muy mojado. Mira la cocina limpia mientras se toma un té, orgullosa.

 Sigue siendo un día de mierda. Su vieja sigue estando enojada por como le fue en los últimos exámenes del CBC. Sigue sin poder dormir por todos los ruidos de la ciudad que parece determinada en rechazarla y hace 2 semanas que la piba con la que estaba en algo no le contesta los mensajes. Son las 6 de la tarde y ella sigue en piyama y probablemente no se vaya a vestir. Hace 3 días que no se baña, se sigue diciendo que es porque el calefón anda mal y el agua siempre sale un poco más fría que caliente, pero sabe que su psicóloga de casa le diría que es un síntoma más de la depresión. La pila de apuntes que la espera en la habitación sigue siendo mas grande de lo que le da la cabeza y todavía tiene le pican los ojos por haber llorado toda la mañana. Pero lavó los platos. Y hoy, para ella, eso es un montón.

Publicado la semana 27. 02/07/2019
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