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Valentina Cavalotti Velasco

Panqueques

Se despierta. Al principio no se acuerda dónde está. Entra sol por la ventana, pero la casa está en silencio y sabe que es demasiado temprano sin necesidad de fijarse la hora. Esta acostada en un colchón en el piso, tapada con una sábana. Entra un poco de aire que hace bailar a la cortina. Del otro lado asoma el verde de un patio. Gira un poco estirándose y se sobresalta. Tiene a Gastón a 5 cm, completamente dormido, con la cabeza colgando de la cama. Se ríe en silencio. Anoche fue la juntada. Se quedó a dormir. No intenta dormir un rato más, ya sabe que no va a poder. Dobla las sábanas y la funda de la almohada y las deja hechas un piloncito arriba del colchón. Baja las escaleras intentando no hacer ruido, pero cuando llega abajo se da cuenta de que no hay nadie más. La cocina da al patio, dónde hay una mesita y una reposera. La tienta la imagen, pero cuando va a abrir la puerta hace un ruido raro que la asusta. Espera unos segundos. Vuelve a intentar. No puede. Se rinde. Se tira en el sillón en el living extrañando su piyama. Hace más de un día que tiene puesto el jean y no puede esperar a sacárselo. Instagram tiene poco para ofrecer. Intenta prender la televisión, pero no encuentra el control. Son las 8 y media de la mañana en un domingo y sabe que todos sus amigos duermen. Al final decide levantarse y cocinar un desayuno. Si logra encontrar las cosas en esa cocina desconocida. Harina, huevos, leche y dulce de leche. Todo lo que necesita. No encuentra un bol, pero si un tupper. Prepara la mezcla, pero ahora no encuentra una sartén que le sirva. Pero ya es demasiado tarde para rendirse así que agarra una, con los bordes ennegrecidos y la superficie principal pegajosa. La intenta lavar un poco pero no sale y decide arriesgarse igual. ¿Como se prenden estas hornallas? Tampoco pensó en eso. Después de veinte intentos lo logra, y se pelea con la ventana intentando abrirla para que se vaya el olor a gas. Ahora falta otra cosa. La espátula. Abre todos los cajones y nada. Los estantes tampoco. Después de 15 minutos, cundo la sartén ya está tan caliente q echa humo, se da cuenta de que están colgados arriba de la cocina. Se pone a hacer los panqueques. Los va acomodando en una pilita en la tapa del tupper, porque no alcanza a buscar los platos. Los cuenta, y se come uno para hacer la repartición más fácil. Escucha pasos en la escalera. Justo a tiempo. Pero de repente está en el sillón del living otra vez, mirando confundida a su alrededor. Gastón tiene una mano en su hombro y la mira divertido. ¿Qué haces acá? Ana se incorpora y mira hacia la cocina sin entender. No sé. Me había puesto a cocinar... ¿Qué hora es? Son las once. Ah... Bueno, buen día. Buen día. ¿Qué querés desayunar?

Publicado la semana 24. 11/06/2019
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