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Valentina Cavalotti Velasco

Narrador Omnisciente en un aeropuerto

Camila apura el paso, mientras busca con la mirada, a la derecha a la izquierda, arriba, abajo. Vuelve a mirar el pasaje en su celular. Puerta D. ¿Dónde está la puerta D? Hay un cartel enorme que señaliza las puertas A, B y C, pero la puerta D no aparece. Se acerca a una mujer de seguridad. ¿Sabe de casualidad donde está la puerta D? Si, del otro lado. Te fuiste para el lado equivocado, tenías que doblar a la izquierda después de las escaleras. Aaaaahhh… Camila ya no sabe ni donde quedaron las escaleras, después de todos los pasillos por los que dobló, así que decide seguir los carteles, esta vez los que dicen salida. Claro, lo que pasa es que vio las letras A y B y C y en su cabeza completó el resto. Le debe haber pifiado otra vez porque llega a una terminal de trenes. Bueno, una salida es, pero no por la que ella entró. Vuelve a preguntar y esta vez le dan instrucciones mas precisas. Mira la hora. Mierda. Tiene 15 minutos antes de que empiece el embarque. ¿Hace cuánto que está dando vueltas? No puede ser. Si ella llegó al aeropuerto con tanto tiempo de sobra que se dio el lujo de ir al Starbucks a mirar los precios solo para horrorizarse, decidir no comprar nada y tomar agua de un bebedero que le empapó la remera. La corriente de aire que genera al caminar hace que su ropa todavía húmeda flambee. Se le está cansando el brazo con el que lleva la valija así que lo pasa al otro, tirando el celular al piso en el proceso. Se agacha a agarrarlo y sin querer lo patea. Prácticamente se tira al piso para recuperarlo rápidamente. Que desastre. Respira hondo y cuenta hasta diez. Okay. Vamos de nuevo. Ahora camina muy decidida, la valija traqueteando detrás de ella, esquivando a la gente que se le cruza en el medio, cada vez mas frecuentemente, siguiendo el cartel de la esperanza. Puertas D, E y F a la derecha. Hacia adelante. Por las escaleras. A la izquierda. Por un pasillo largo seguido de una cinta eléctrica y finalmente, Voila, la puerta de embarque con la cola más larga. Camila respira aliviada y se sienta en una silla. De repente todas las personas paradas se dispersan buscando asientos. Escucha gente quejándose y mira alrededor sin entender nada. Un señor de unos 50 años con una boina tapándole la pelada le señala la pantalla arriba de la islita donde te piden el pasaporte. El avión está con 1 h 30 de retraso.

Publicado la semana 23. 06/06/2019
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