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Valentina Cavalotti Velasco

Parte 1

Está caminando por la calle, a buen ritmo. La campera la cubre hasta las rodillas, y la bufanda tapa la mitad de su cara. Tiene las manos metidas en los bolsillos, la derecha agarrando fuerte al celular. Las calles no muy bien iluminadas, y la noche fría hacen que apure el paso. Su celular vibra y cuando llega a una esquina donde la luz de una cervecería, diminuta, pero llena a reventar, la hace sentir más segura, saca el celular y lee el mensaje.” ¿X donde andas?” “A 2 cuadras” escribe, y sigue camino.  El celular vuelve a vibrar, pero lo ignora. Se detiene en frente de una puerta, busca la dirección en los mensajes anteriores y se vuelve a fijar. Se acerca al portero y duda. Al final manda un mensaje. “Ya estoy”. Y la respuesta inmediata: “Ahí voy”. En un acto reflejo busca una superficie reflectante para acomodarse el pelo. Seguro que lo tengo hecho un desastre, después de todo el día, piensa. Y el jean este que siempre se me baja, ya lo tendría que tirar, no sé porque me lo sigo poniendo. ¿Cuándo fue la última vez que le pasé betún a estas botas? Está agachada rascando con la uña una mancha de una sustancia beige inidentificable cuando escucha una puerta de ascensor que se abre. Cuando la puerta se abre ella está en scrolleando en Instagram.  Mira para arriba con fingida sorpresa, ¡“Ay! ¡Hola! ¡No te vi!” y se saludan con un beso. En el ascensor de dos por dos un pensamiento intrusivo la altera: están lo más solos que probablemente vayan a estar en toda la noche. El espacio se reduce. Su mente se dispersa sin que ella la pueda controlar. La posibilidad de hacerlo realidad se hace tangible, en la punta de sus dedos, la siente, si se acercara y… El ascensor que para bruscamente en el 7mo piso la devuelve a la realidad. Cuando salen al pasillo de paredes blancas y pisos de mármol, suelta el aire que no se dio cuenta que estaba guardando. Sonríe para disimular. “Espero que te gusten las milanesas con puré” le dice, “a quien no le gustan” contesta sonriendo más fuerte mientras piensa que ojalá no sea puré instantáneo.

Después de comer, cuando la lleva a su cuarto, Paula se ríe de sí misma. Tanta ansiedad al pedo. Después del primer silencio incomodo de saludar a la madre, que estaba por salir, la conversación fluyó sin dificultad. Ahora están tirados en la cama de el mirando una película, y ella apoya la cabeza en su hombro sin pensarlo. Piensa, una vez más, que ridícula, como me preocupé al pedo.

Publicado la semana 20. 19/05/2019
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