06
Sr. Pomodoro

Koteka

Si habéis sentido alguna vez la mirada exterminadora de una madre cuando sin querer os habeis meado fuera del váter recién fregado o si habéis notado el terror al haber pisado una mierda enorme después de habértelo advertido tus padres varias veces desde lejos, entenderéis por qué Jacinto se calló como un muerto al notar la mirada de su jefe. 

- El tip…eeemmm…esto…mmm…no…bueno…uf, voy al servicio…

Jacinto se fue directo al baño. Tanto los agentes como el inspector le miraron con cara de no entender mucho lo que estaba sucediendo, el avestruz en cambio parecía que lo entendió todo porque el jodío miró hacia las escaleras después de tragarse el croissant mixto. Maroto contestó por Jacinto.

- Le aseguro que no hemos visto a nadie con esa descripción, señor inspector. Tenga seguro que si vemos a alguien vestido así, le avisaremos inmediatamente. En cuanto a ustedes solo les puedo decir que a nuestros escritores solo se les exige seudónimo y ropa interior limpia, tal y como estableció el Ilustre Señor Espiau en su Artículo 52 de la Ley Fondant.

- Lo entendemos perfectamente y estamos al tanto de las leyes, solo le pedimos entonces que si vuelve a ver a un escritor firmando su obra con un  dibujo de una “berenjena” con brazos, por favor, nos avise inmediatamente.

- Por supuesto, serán ustedes informados con la mayor celeridad posible. Señor Inspector ¿usted y su amigo desplumado tienen intención de ir a alguna parte? Por si tengo que informarle ¿va a llevarle al zoo?

- No, no tengo intención de llevarlo todavía, se quedará unos días en mi casa que seguro que mi mujer le hace un buen jersey de cuello vuelto…de alto cuello vuelto, así se entretiene. Mi mujer, entiéndame. Tome mi tarjeta por si tiene que llamarme. De seis a siete no atiendo porque veo la telenovela en la comisaría.

- De acuerdo, pues ya está. Parece que está todo solucionado, ahora si me disculpan tengo asuntos muy importantes que atender.  Si necesitan algo más hablen con mi secretaria… ¿no verdad? Estupendo. Que tengan una buena tarde.

El señor Maroto salió a trote cochinero en dirección hacia la escalera. Allí seguían todavía Margarita y Pomodoro. Ahora estaban sentados en unas sillas, al lado de una máquina de vending. Con una lata de cerveza cada uno y unas bolsas de patatas medio abiertas, les faltaba un cuenco con mejillones y otro de boquerones para parecer que estaban de tapas en un bar. Parecían tener una conversación la mar de interesante. Pomodoro hablaba.

- …en la tribu de los Ndani los hombres tienen el pene dentro de unas calabazas larga llamada koteka que estiran empleando pesos y…

El señor Maroto le cortó.

- A ver Antonio, ya estoy de nuevo aquí, empieza a soltar lastre y cuéntame.

- …fíjate que tu cara cada vez me suena más y no se ahora mismo de qué…

- Maroto - habló Margarita – le has cortado un relato interesantísimo sobre antropología, además creo que los golpes que se ha dado le han dejado algo no se…

- ¿gilipollas? 

- Joder Maroto…

 - ¿gilipollas quien? ¿yo? – remiró rapidamente Pomodoro a Maroto.

- Hombre, algo lo estarás cuando ni siquiera me reconoces.

- No he dicho que no te reconozca, he dicho que tu cara me suena cada vez más… ¿y por qué me has llamado Gircoalgo?

- Gircoalgo no so patán, Giacometti. Y no te lo he llamado a tí, te he preguntado donde esta.

- ¿Dónde esta quién?

- ¡Joder no empecemos de nuevo, Antonio!

- Maroto – comenta Margarita – tu doble personalidad me tiene alucinada ¿cómo lo haces?

- Ahora no viene a cuento eso, Margarita. Lo importante ahora es saber que hizo con mi escultura.

- ¿Qué escultura? 

- Me estoy poniendo malo…

- ¿Otra vez con las gilipolleces del ascensor? 

- ¿Un ascensor? ¿Pero no era una escultura? – dijo Pomodoro

- ¡Que no, coño! ¡Malo de mala hostia! ¡A ver, callaos de una vez, joder! ¡Que ahora tienes a más gente buscandote y eso me pone más nervioso!¡Os voy a contar lo de la puñetera escultura!

Publicado la semana 6. 10/02/2019
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