03
Sr. Pomodoro

Una estatua en el ascensor

El Señor Maroto salió elegante y cortésmente corriendo de su despacho, parecía un avestruz con tirantes, incluso saludó a Puri con un - Puri, ahora vengo, cancele mis reuniones, muchas gracias-. No podía cercenar su distinguida y refinada autoexigencia con un “váyase a tomar por culo, Puri” por mucho que le apeteciera,  seguramente porque también Puri le respondería con una frase tan punzante que una doble hernia dolería mucho menos.

Cuando llegó al hall de la gran escalera pensó en bajar como los protagonistas de las películas de acción: las bajan casi sin resoplar de tres en tres y no se resbalan nunca. Pero en el segundo peldaño se planteó el ridículo tan grande que sería bajar rodando 52 plantas y decidió bajar en uno de los lentos y antiguos ascensores.

Mientras esperaba frente al ascensor se atusó la corbata de seda, se metió la camisa por dentro, se subió las medias, se recolocó los tirantes y se olió su propio aliento. Perfecto todo. Dentro del ascensor se perfumó para que cuando la gente entrará dijera –Oh, qué bien huele siempre el Señor Maroto-  un clásico que leyó en su libro de cabecera escrito por Don Patricio Carrascal  “Los exquisitos 10 Mandamientos de un elegante Presidente para que le recuerden siempre bien”. Cuando iba al váter por supuesto no lo hacía nunca, claro.

-¡Espera, espera! ¡Aguanta la puerta! – Gritó alguien que venía corriendo.

Cuando el Señor Maroto vio que Margarita venía corriendo no hizo otra cosa que poner cara de “¡lo intento pero no lo consigo, no sé cómo funciona!” mientras golpeaba insistentemente el botón para cerrar las puertas. Imposible. Margarita consiguió entrar justo a tiempo, jadeando agradeció con una mueca de sincero desagrado  el supuesto esfuerzo del presidente.

- Buenos días Margarita, como ve he intentado por todos los medios mantener las puertas abiertas pero ya sabe cómo son estos ascensores inteligentes, saben más que nosotros, a saber por qué quería cerrarse…jaja… ja… emm… pues eso…

- Cierto Maroto, uno de los grandes problemas del  heteropatriarcado actual, cuando hay ascensores más inteligentes que muchos hombres, de hecho cuanto más sube el ascensor más gente “limitada” se encuentra trabajando en esas plantas…¿no crees?

El Señor Maroto supo que le habían llamado elegantemente pánfilo pero hizo lo posible por no hacer ningún gesto, pensaba que si no se movía ni hacia ningún ruido no le daría pie a Margarita para hablar con él.

Margarita Perales  era la Presidenta del Comité de Empresa. Lista, inteligente y con un gran don de gentes, tenía un perfecto y fino pico para la política. Muchos la admiraban pero a otros les asustaba su presencia, sobre todo a los altos cargos. Maroto era de los segundos, le ponía nervioso ya solo el hecho de no llamarle de usted, ella prefería una relación de igualdad y horizontalidad.

[Piso 48]

El silencio es incómodo y el ascensor eternamente lento. Margarita percibió el ligero movimiento del tick del ojo derecho de la estatua que tenía por compañero de ascensor. Eso le dio pie a hablarle.

- Maroto, sabes que tenemos 52 becarios ¿verdad?... ¿Maroto?... ¿hola?

- Esto…sí, sí, claro que lo sé.

- ¿y no le importa que compañeros y compañeras nuestras lleven años sin la totalidad de sus derechos laborales? El Estatuto de trabajadores regula las relaciones laborales de los trabajadores de blablablá...

Maroto solo escuchaba un murmullo constante de palabras y conceptos, no era capaz de concentrarse cuando le hablaban así, por mucho que se esforzara. Incluso ya se lo decía su madre cuando era pequeño pero era algo que no podía evitar, así que hacía como que se enteraba haciendo gestos de vez en cuando según las expresiones faciales del emisor. Con Margarita no quería ni parpadear por si acaso.

[Piso 32]

- ...el derecho en las negociaciones colectivas ha hecho que blablablá...

[Piso 25]

- …y por eso estamos nosotras aquí en esta nueva reconquista y blablablá…

[Piso 12]

- … es un pensamiento efectivo del procomún el blablablá…un momento histórico que, como argumentaba el propio Hegel en el libro blablablá…

Maroto seguía inmóvil, le dolían ya las articulaciones de las rodillas pero ahí seguía el tipo como si fuera una estatua de El Retiro.

- …Y por eso creemos que deberíais plantearos contratar a los becarios ¿comprendes la gravedad de esta situación, Maroto? Joder Maroto ¿Pero quieres dejar de hacerte el muñeco de cera y responder?

- Hace calor aquí.

- ¿pero no has escuchado lo que te he dicho?

- Necesito salir, me duelen las rodillas.

- No empieces Maroto, no empieces.

- ¿Qué hora es? ¿es ya de noche? ¿en qué planta estamos? ¿todavía la 12?

- ¡Maroto, deja de hacerte el loco! cada vez que montas conmigo en el ascensor te pasa algo. Te has desmayado, gritado, llorado, has cantado como un loco para no escucharme diciendo que con unos cascos “invisibles” no podías escucharme, has hablado por teléfono todo el tiempo sabiendo que no hay cobertura aquí dentro e incluso una vez  recuerdo que decías  que tú no eras Maroto si no su hermano gemelo Parloto…y tú eres hijo único… ¿quieres madurar, Maroto?

- …¿tu nombre era?

- …puf…

¡Clint! El ascensor se abre en la planta baja. El Señor Maroto sale andando todo lo deprisa que puede sin percatarse que Margarita le sigue al lado.

- ¿Pero quiere dejar de seguirme?

- No te sigo, voy hacia las escaleras de la planta baja, me han dicho que un señor vestido de lagarterana se ha caído rodando por las escaleras y ha llegado al sótano segundo. Ya te comenté un día que la altura de los peldaños infringe la normativa.

- ¿en serio?

- Sí, la altura es d…

- ¿de lagarterana?...mierda…seguro que es el…voy a hablar con Jacinto.

El Señor Maroto se dirige al cubículo de Jacinto, éste al verle coloca papeles como si estuviera ocupado.

- Buenas tardes Jacinto.

- Buenas tardes Señor Maroto.

- Una pregunta, Jacinto y por favor sea sincero. Revisando los textos introducidos hoy en el Gran Procesador me he percatado de un texto que, por llamarlo así, incluía el dibujo de lo que parecía ser un… pene con articulaciones ¿no es así?

- Cierto Señor Maroto, era una polla con brazos más bien.

- y no lo hizo usted pensando en mí, supongo.

- ¡Por supuesto que no Señor Maroto! como usted sabe yo reflejo todo relato que cumpla los requisitos mínimos exigidos por el Tratado Vargues, y como bien sabe si el relato incluye ilustraciones yo las debo incluir y una polla con brazos no incumple el artículo 52 del  Tratado, Señor Maroto. En realidad yo creo que el cantamañanas lo realizó pensando en mi qu…

- ¿Y dónde está ahora mismo ese tipo? Dígame Jacinto.

- ¿El tipo ese? Pues creo que acabó rodando por las escaleras.

- ¡Joder que casualidad! Muchas gracias, Jacinto. Que pase un buen dia.

Maroto salió corriendo directo hacia las escaleras, bajando por ella se encontró una pantufla verde y luego más tarde un pantalón escoces, se imaginaba lo siguiente un sujetador como en las películas picantes pero no, en el último escalón había un tipo sentado en el suelo vestido con una bata de guatiné de color salmón desnutrido y flecos amarillo fumador, a través de sus calzones de power rangers le asomaba lo que parecía ser el huevo derecho.

Margarita y otras dos personas más hablaban con él.  En realidad era Margarita la que hablaba sin parar. Después de tantos años por fin el Señor Maroto le había encontrado.

 

Publicado la semana 3. 17/01/2019
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