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Sr. Pomodoro

En el taxi (primera parte)

- ¡Taxi!... joder que dificil es esto,

- Eres un puñetero coñazo, Maroto. Se que no debería de decirtelo pero aguantarte debería de ser un trabajo remunerado con complementos salariales de peligrosidad.

- Es que estoy hasta los cojones de hacer caso a todo el mundo en vez de hacer lo que yo quiero hacer, que es lo correcto. Si hubieramos ido en mi coche estaríamos ya en casa de Lorenzo, Pomodoro flipando y viendo elefantes rosas bailando gracias a alguna de las plumas del pobre avestruz y nosotros sabiendo por fin donde está la escultura.

- ...nosotros no...dirás yo, espera, no, tu, dirás tú, yo no, que no, vamos, que esto es cosa tuya, no de los dos...¿no?

- ¿eh? perdona no te estaba haciendo caso, miraba a ese tarao de allí que está bebiendo del bebedero de palomas, hay que estar loco pa...

-¿Quien?¿ese? ¿pero no es Pomodoro?

-¿Cómo?

Maroto miró a su lado y efectivamente no tenía a Pomodoro al lado. El señor Pomodoro estaba bebiendo agua de un bebedero mientras una paloma estaba sentada tranquilamente en su colleja. Aprovechó la coyuntura el buen hombre para quitarse la bata y la camisa, lavarse los sobacos y limpiarse los dientes con el dedo. Despues de un cuarto de hora volvió con el resto, repeinadito y con gotas de agua en la barba.

- Perfecto, ahora sí.

-  ¿ya? ¿has terminado?¿no vas a limarte las uñas de los pies con esa barandilla?¿o a cagar ahí en esa alcantarilla para estar mas desahogado? ¿no te quieres contar las canas de las pelotas? tu tranquilo, SI YO ESTOY LA MAR DE TRANQUILO MIRÁNDOTE.

- Si usted se cree, don croqueto encorbatao,  que yo voy a ir a ver a mi querido Jaime con este olor es que no me conoce.

- A tomar por culo.

Maroto no se lo pensó dos veces y le dió un cabezazo a Pomodoro...y empezó la bronca de nuevo.

Veinte minutos después estaban los tres montados en un taxi. Margarita viajaba en medio y a los lados estaban Maroto y Pomodoro. Los dos despeinados, Pomodoro con dos bolas de papel en la nariz y Maroto con un ojo morado, la corbata desgarrada y la camisa algo abierta. Iban los tres en silencio, sin mirarse, sin inmutarse, bueno, todos no, Pomodoro iba roncando con la cabeza hacia atrás. Con la nariz tapada parecía eso la llamada de apareamiento de un reno canadiense.

- Si sigue así roncando vuestro amigo me van a parar los municipales para multarme por el ruido dentro del taxi.

- Si, perdone, tiene razón.

Margarita aprovechó para darle un codazo en el costillar a Pomodoro, este se resintió un poco pero al rato siguió llamando a su hembra canadiense.

- ¿sabes que? su cara me suena...

 

Publicado la semana 17. 28/04/2019
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