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Sr. Pomodoro

En el umbral de la puerta

La señorita Puri estaba redactando una carta al departamento de atención al cliente de TeleFone, la enpresa que gestionaba tanto internet como las líneas de teléfono de la empresa. Últimamente tenía varias quejas por parte de algunos jefes de departamento y eso no se podía consentir. Con la anterior carta, hace ya dieciséis años, había conseguido mejoras en la línea, terminales nuevos, un viaje con gastos pagados por toda Asía para ella y su familia y el despido fulminante de la mitad de la junta directiva. Es increíble lo que se puede conseguir contando educadamente tres o cuatro verdades y adjuntando documentos que lo certifican. La población no se imaginaba el gran poder que podían acumular las secretarias de dirección. Con esta carta por lo menos esperaba otro viajecito, pero esta vez por Sudamérica.

- ahoravengoseñoritapuricojamisllamadasadios.

El señor Maroto había abierto la puerta lo justito para decir la frase de seguidillo sin asomar la cabeza y cerrarla de nuevo. La señorita Puri suspiró, primero porque le habían desconcentrado en la mejor parte, en esa en la que los grandes directivos queman papeles en la papelera y alguno se los traga, y segundo porque tenía como jefe a un tipo que no ejercía como tal, que no se sabía que hacía allí y sobretodo que no se atrevía muchas veces a hablar con ella... y eso la ponía que ¡uf!

- ¿Está usted de coña?

Se escuchaba una discusión a susurros al otro lado de la puerta, la otra voz era de mujer y por lo que se apreciaba también le estaba echando la charla. El señor Maroto entró a empujones, según pasó el umbral de la puerta se cuadró como los soldados cuando ven pasar a Kim Jong-Un.

- ¿Qué me quería decir?

- ¿Eh?... ¿Yo?... Sí, a ver, claro...esto, por supuesto, a ver...ejem… como presidente de esta empresa desde hace ya más de veinte años me veo en la necesidad de… decirla que… a ver, si no le importaría a usted… si quiere vamos, que si no yo… lo que me diga… eeemmm… Puri, mi madre está enferma en casa y tengo que ir a verla ¿sabe usted?

- ¿Si? pobre ¿y qué le ha sucedido?

- Puf, algo muy malo… está… tiene… no lo saben, debe ser que algo del hígado o del riñón  pero no lo saben.

- O de la nariz

- ¿de la nariz?... pues… puede puede, sí, la verdad que todo puede ser, Puri, la mujer está fatal.

- ¿y esta en casa? ¿desde cuando?

- Justo esta mañana se la han llevado a casa pero llevaba toda la noche en urgencias, yo me acabo de enterar, ya sabe cómo son las madres...

- Luciana debe estar muy mal, mire, hace una hora me ha mandado una foto y es verdad, está en las últimas, no se la quería enseñar porque ya sabe cómo somos las madres.

Efectivamente en la foto del móvil aparecía su madre. Estaba en una fiesta en la cubierta de un barco, saludando en topless en brazos de un negrazo musculado que tela, en una mano tenía un copón de ginebra y si uno se fijaba bien tenía una bandeja al lado con “harina” y la nariz algo manchada. Puri puso cara de tristeza.

- Ay que pena, pues sí… se la ve realmente enferma… medio muerta diría yo, por lo que veo le han recetado que se tome la medicina por la nariz ¿no? y que coma mucho chocolate negro en barra ¿no parece?

Puri hablaba lentamente pero sus palabras corroían como la baba de Alien. Si el señor Maroto no se tiró al suelo a llorar fue porque se imaginaba a Puri riendo cual ser infernal mientras le enrrollaba en la alfombra y se lo tragaba como si fuera el tipo del anuncio de espárragos La Carretilla. Así que hizo lo que un buen Presidente haría… arrodillarse.

- Puri… po… por favor… me tengo que ir, es importante ¿sabe? solo le pido no, no, no, le suplico que por favor coja mis llamadas y les diga a los del consejo de administración que no puedo ir a la reunión… y no les diga nada más ¿puede? seguro que sí, si no luego tengo que pedir disculpas a todos los inocentes que hablan con usted.

- Claro que puedo ¿pero que le digo al señor EsKaleno?

- ¿quien?

- Desconozco quien es pero me ha traído un ramo de Gardenias y un paquete para usted. Las Gardenias son mis flores preferidas ¿lo sabía? seguro que no, no sabe atarse los cordones sin mearse encima... 

- Puri, por favor

- me encantaría tener un montón de Gardenias...

- Las tendrá, las tendrá, un montón, se lo aseguro.

- … en el jardín de mi casa… al lado de mi piscina…

- ¿en su jardín? pero si usted vive en un piso del centro.

- por eso se lo digo, por eso…

- … esto me va a salir caro… deme el paquete por favor.

La señorita Puri ni le miró.

- Bueno, ya lo cojo yo, no se preocupe.

Dentro del paquete había una pequeña tablet. Extrañado, la encendió. No tenía contraseña. No había nada en la pantalla principal, solo un icono de video que se llamaba “Maroto”. Desconocía que era todo aquello pero dió en el icono para ver que era.

 

Publicado la semana 13. 31/03/2019
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