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Sr. Pomodoro

El pensador de Rodín

- ¿que tiene que ver ahora ese pollo gigante desplumao?

- ¡Maroto, suéltale la nariz que mira como se la estás poniendo! - le gritó Margarita

Maroto le soltó la nariz. Era verdad, tenía la nariz como un pimiento del piquillo.

- ¡Augh! ¡Gracias! Que daño...

- Responde o lo próximo que te voy a apretar no va a ser la nariz.

- Maroto, estoy de tu testosterona hasta el toto ¿no puedes por un momento sentarte y hablar?

- Eso! - dijo Pomodoro

- ¡Ok! Venga va, me siento, pero esperad un momento.

Maroto se atusó perfectamente la corbata de seda, se metió la camisa por dentro, volvió a subirse las medias, se recolocó los tirantes, olió su propio aliento, se echó un spray en la boca y se perfumó. Volvía a ser el señor Maroto.

- Ya está, cuando quieras.

- Me tienes alucinada, te cambia hasta la expresión de la cara.

- Un día te contaré una cosa pero ahora al grano, por favor - le respondió el señor Maroto.

Pomodoro se recolocó la camiseta, se acercó a por su pantalón y se lo puso, atusó su bata, se medio peinó, cogió otra silla y se sentó enfrente del señor Maroto. Parecía la escena de un programa de Jesus Quintero.

- Jacinto, por favor, tráigame una guitarra. Mis vivencias quedarán mejor reflejadas con unos acordes de fondo.

… pasaron varios minutos y allí no apareció ni Cristo. Pomodoro aprovechó para olerse la axila, todo bien, tanto revuelo le había hecho sudar y le daba mucho reparo oler a choto.

- ...debe ser que su empleado está ocupado riéndose en la cara de algún pobre escritor. De acuerdo, lo contaré en prosa. En la actualidad la vida de un artista multidisciplinar del renacimiento es dura, sobretodo si no eres rico, o no tienes un mecenas o si te humillas por algunas ayudas estatales o similares a cascoporro. Nadie cree en tí en vida pero sí cuando has muerto. El poco dinero que obtienes de tus magníficas pero infravaloradas obras te lo gastas en material, para seguir creando, y sobretodo para comprar psicotrópicos, ingrediente fundamental para ayudarte a expandir la realidad y contemplar el espacio-tiempo como ningún otro ser humano puede, pero algunos pulpos sí. Después tienes que plasmar esa idea divina en un soporte físico para que el resto de los mortales se recree y te inviten a fiestas y exposiciones donde el vino, las drogas blandas e insulsas y las gilipolleces que dicen cuatro bastardos pedantes, que se creen que te entienden, hagan que tus obras se revaloricen. Esa rueda amigos míos, ese círculo de creación, experimentación, expansión, dogmas, sexo convexo, interpretaciones absurdas, setas y dinero al canto hacen posible que artistas ¡que digo artistas! creadores cuál dioses primigenios hagamos posible que el alma del resto de los mortales disfrute de las maravillas que existen en los diferentes universo en los que cohabitamos.

Pomodoro esperaba que después de unos segundos de silencio glorioso, la gente se levantara uno a uno aplaudiendo, como en El club de los poetas muertos, pero lo que consiguió fue más un puntapié del señor Maroto.

- ¡Argh! ¿pero que hace! ¡Es usted incorregible!

- ¿Pero que me estás contando ahora? ¿tú entiendes a caso lo que significa ir al grano? ¿Crees que ahora me apetece escuchar Las alegorías lisérgicas de Pocholo y Borjamari? Margarita dígale algo, por favor, que me lo cargo.

Margarita se acercó a Pomodoro y le habló como el que le habla al Dalai Lama.

- Pomodoro, es una historia realmente interesante, digna de un guión, yo la escucharía durante horas y lo sabes, pero tenemos algo de prosa, digo de prisa, ¿sabes lo que quiero decir? la testosterona almacena en los extintos testículos de este marchito hombre venido a menos está alcanzando niveles peligrosos y necesita saber para que necesitas el avestruz, si no seguirá diciendo gilipolleces y comportándose como el típico e irracional simio heteropatriarcal que es ahora ¿así te parece bien, Maroto?

Maroto sintió el hostión directo a la mejilla, le llegó directo a su pobre y millonario corazón desvalido, no sabía que hacer y apunto estuvo de ponerse a llorar pero recordó las sabias palabras del Señor Pryor, el anterior Presidente: "No soy adicto a la cocaína. Sólo me gusta cómo huele". En realidad no sabía por qué le había venido esa frase y no otra mejor para ese momento, pero le hizo gracia y eso también le vino bien. Por lo menos le relajó.

- Gracias Margarita, entre usted y una depilación con un tenedor no sabría con qué quedarme. Pomodoro, por favor, para qué necesita usted el avestruz.

- Señor Maroto, cuando rescaté al avestruz de su cautiverio y no me pregunten cómo porque no me acuerdo, impregné sus plumas con un combinado especial que me recetó una amiga mía que vive en una cueva en Caños de Meca. Tenemos que ir un día, recuerdemelo. Pues cada vez que escribo y no recuerdo mis viajes o quiero realizar otros, le arranco una pluma,  me desnudo y me pongo la pluma en la boca como El pensador de Rodín. Ese combinado mágico extrae de mí lo más profundo de mi ser y lo expande hacia el m…

- Ah vale, vale, vale, así que te pones en pelotas, te colocas que da gusto y te pones a escribir o a pintar o lo que sea y te vuelve la memoria esa que tienes ¿no? y a ver si así te acuerdas que hiciste con la escultura ¿no es eso?...¡Eh, tu! ¡vuelve!

- Eh? ah, sí, eso, eso, sí…¿por donde iba? Ah, sí...eh, no me acuerdo...

- Joder Pomodoro, que hostia tienes… vamos a por el bicho ese entonces... pero antes espera... joder... tengo que hablar con Puri...

Publicado la semana 12. 24/03/2019
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