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Sr. Pomodoro

Los croissants

Felipe estaba sentado en el sofá viendo la tele. Descubrió que le encantaban más las telenovelas de después de comer que los documentales de naturaleza o los tipos en mallas recorriendo la montaña en bicicleta. Si además había croissants el disfrute ya era maravilloso.

Felipe había pasado por varias vidas, la primera que recuerda era horrible: encerrado todo el día entre cuatro vallas mal puestas y comiendo siempre lo mismo. La gente pasaba delante de él y no hacían mas que mirarle y hacerle fotos. Una noche apareció su salvador, lo rescató y se lo llevó a su casa de campo. No le daba croissants, pero sí le echaba un humo raro que le hacía oír los colores. Una vez se despertó con las uñas pintadas, un vestido de lycra y una peluca afro. Lo peor de ese humo era que, de vez en cuando, al despertar, tenía una pluma menos. A saber donde las metería porque pasado un tiempo estaba mas desnudo que una cría de humano.

Era una vida de haz lo que quieras, de libertad plena y de mirarse las patas y no parar de reír porque parecían que se alargaban solas… pero ¡ay! quien le iba a decir que ahora le iban a tratar como a un rey, sentado en el sofá, viendo una telenovela, comiendo un croissant tras otro y con una señora la mar de maja al lado que no hacia mas que abrigarle a base de lana de colores. Ya le había hecho unos pantalones, unos calcetines, un jersey de cuello alto e incluso un gorro con un gran pompón. Era mas rápida que muchas arañas que había visto.

- Cariño, ¿no crees que te estas pasando poniéndole al bicho tanta ropa? Vas a asfixiarle – dijo Lorenzo al entrar en el salón café en mano.

- Esta perfectamente ¿no le ves?

- Veo un peluche gigante de lana que si fuera amarillo sería la gallina Caponata, sentado en el sofá y que como siga así va a reventar de tanto croissant ¿es necesario darle tantos?

- He bajado a por unos cuantos mas ¿Qué iba a saber yo que a Felipe le gustarían tanto cuando le ofrecí uno que tenia en la cocina?

- ¿Cómo que Felipe? ¿le has llamado Felipe?

- Sí, fíjate, tiene cara de llamarse Felipe.

- …cariño, es un avestruz y tiene cara de avestruz.

- ¿sí? ¿y como le llamarías tu entonces?

- ¿yo? Avestruz o como mucho, bicho.

- Yo cada vez que le hablo y le digo Felipe me mira ¿ves? Lo acaba de hacer ¡ay que majo eres y la compañía que me das, Felipe! ¿ves? Otra vez, inténtalo tú.

- Joder Concha…

- Venga Lorenzo, hazme caso…

- …a ver…Felipe ¡coño, tienes razón!

- ¡Eh, que te he dicho yo! y ahora bájate a por otra bandeja de croissant.

- Vale ahora voy...¿y si Felipe no es Felipe si no Felipa?

- ¿Qué dices, Lorenzo?

- Que estaría bien que fuera como las gallinas, que he visto en la tele que estos bichos ponen unos huevos como mi cabeza.

- Es chico.

- ¿y como lo sabes?

- Lo se Lorenzo, lo se...

- …me estas asustando, Concha…

- Yo si que me asusté cuando lo vi… no sabía que le gustaban tanto los anuncios de champú...

- …eh… ah… ok ok… pues vaya, me quedo sin huevo frito en paella y torreznos. La verdad que le veo tan a gusto aquí que no sé si llevarlo a comisaría.

- Déjale aquí que le estoy haciendo un albornoz, mira.

Concha le enseñó una tela larga negra que estaba zurciendo, más que un albornoz parecía una manta zamorana.

- Le vas a ahogar con eso, mas que abrigarle lo vas a hacer es cocinarle al papillote, mejor me lo llevo.

- Lorenzo, como te lo lleves me voy yo antes, estoy todo el día sola y cuando por fin tengo a alguien que me comprende y me hace compañía te lo quieres llevar.

- ¡Que no es una persona, mujer! que como siga así será el Falete de Las avestruces.

- No insultes a Felipe, mírale como me mira, ¡si es todo amor! eres cruel, Lorenzo, eres cruel ¡qué sabrás tú de mi soledad! bájate a por croissants y luego te vas... ya llegas tarde a la telenovela en la comisaría con tus amigotes.

- ¡Joder es verdad! bajo, subo y me voy, lo dejo aquí pero recuerda, es un testigo policial y le tendré que tomar declaración en algún momento.

Lorenzo salió corriendo, no quería perderse la telenovela. Compró dos kilos de croissants, subió a casa, dejo la bandeja, le dio un beso a Concha, abrazó a Felipe y se fué.

Tres minutos después  Concha miró a Felipe... y Felipe miró a Concha...

 

Publicado la semana 10. 10/03/2019
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