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Sergio L. Cruz

No es un hasta luego

Ha querido el azar que ayer se nos rompiera la persiana del balcón del dormitorio, quedándose torcida y atascada a mitad de recorrido, de modo que ahora la luz del amanecer penetra en la habitación desde los primeros rayos. A eso se ha unido, por primera vez, el canto de un pájaro nuevo e ignoto, muy similar a los que abundan en mi lugar de destino. Quizá por ello he tenido ese sueño, sentimental y surrealista, en el que os comunicaba mi marcha con un pellizco en la garganta del tamaño de un zapato. En mi construcción onírica todo era atropellado, surrealista y absurdo, como suele ser, pero las emociones eran auténticas. Quizá por ello, quizá por tanta luz, al despertar se me escaparon un par de lágrimas de excursión hacia la oreja. O quizá fueran el heraldo de la alergia. En cualquier caso, sé, me consta, que la realidad será mucho más prosaica. El nudo de mi glotis se convertirá en un tartamudeo incómodo, y la noticia despertará la misma emotividad que una paralela de Hacienda. Luego vendrán las prisas, seguidas de otras prisas aún peores, y me entrará la risa al releer esta idealización romántica de algo que, en el mundo real, tendrá mucho de tediosa mudanza y poco de despedida, a excepción de algunos abrazos que nos recordarán que en la maleta viajan sentimientos muy intensos. El caso es que mi cabeza y en mi corazón el paso lo marcan dos acordes en bucle, el primero mayor y el segundo menor, cuyo origen desconozco y que repito como un mantra, un disco rayado que es la banda sonora de mi estado de ánimo, un laberinto en el que el paso del tiempo me conducirá hacia la salida. No es un hasta luego, es un adiós, un filtro de color invisible para vosotros, que hará que desde hoy y hasta el momento de mi partida todos los días sean así.

Publicado la semana 8. 18/02/2019
Etiquetas
Song to say goodbye (Placebo) , Hoy
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Género
Relato
Año
I
Semana
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