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Sergio L. Cruz

Adversario

Incapaz de pedir auxilio, no tuve más opción que agarrar su garganta con mi mano, dado que él no soltaba la mía. El aire soplaba cada vez más frío y mi cuerpo temblaba, pero me así a mi enemigo invisible con las que parecían ser mis últimas fuerzas. En aquella oscuridad total, abandonado a mi suerte, por un instante pensé en lo que había sido mi vida, mi paso por este mundo, un destello fugaz que me dio el impulso justo para exhalar un gemido. A lo lejos pude escuchar una voz de mujer y unos pasos que se acercaban con presteza, pero no llegaron a tiempo. Mi adversario ya me estaba sujetando el brazo por la muñeca, tratando de bajarlo. Y de repente, todo fue luz.

–¿Se puede saber qué haces con el brazo levantado? ¿Quieres que te traiga algo? Te voy a cambiar este paño, estás ardiendo…

No conseguí identificarla, pero sabía que era una voz amiga y que me encontraba en un lugar seguro, reconocía su olor. Todo estaba aún borroso, pero logré agarrar un objeto cercano y acercármelo a los ojos. Era una fotografía antigua, en la que estaba yo, vestido con traje y corbata, y al lado una chica sonriente con un gran velo blanco, sujetando un ramo. Sin duda era ella, mi salvadora. Me esforcé por recordar su nombre, pero mientras lo intentaba, la oscuridad regresó y se lo llevó todo.

Publicado la semana 44. 28/10/2019
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