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Sergio L. Cruz

Todo

Lo tuvimos todo. Todo lo que se puede desear. Porque la vida puede cambiar en un instante: la gente sufre accidentes, se diagnostican enfermedades ignotas, la lotería siempre toca a alguien con nombre y apellidos. Quiero decir con esto que nuestro caso fue el de tantos otros, millones, pero sé que fue, no lo estoy edulcorando ahora, pues el hechizo no se rompió al pasar de la penumbra forzada de la pista a la luz del atardecer. La gente, todos chavales como nosotros, pasaba a nuestro alrededor como luego pasaron los años, pero en ese momento, en ese justo momento, estábamos en otro plano. El mundo era la pantalla verde de un croma repentino. “Sólo me quedan aquí dos meses” y “no importa” dieron validez formal a la experiencia, un pacto entre caballeros de distinto sexo. Y ahora, cuando el pasado es una postal descolorida con garabatos, una canción desempaña el cristal y todo se ve con una nitidez súbita y fugaz, que dura lo que tarda el horrible cuervo de la realidad en volver a posarse a tu lado. No sé si a ti también te pasa, dondequiera que estés.

Publicado la semana 40. 30/09/2019
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I
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