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Sergio L. Cruz

Fiebre, circa 1986

A media tarde, aunque en realidad ya es de noche. La persiana de mi habitación bajada casi del todo, repiqueteando, sacudida por el viento y salpicada por goterones que la ensucian aún más. En la doble pletina, una cinta TDK de 60 minutos, con las baladas de Scorpions que me acaba de grabar el heavy de la clase. Yo, en pijama de algodón y tratando de contener la fiebre, respirando una habitación que huele a varios días de resfriado. El solo de guitarra de Rudolf Schenker se me clava en la cabeza pero es un dolor placentero, que me ayuda a formar mi burbuja, mi caparazón, mi cuartel de invierno, en el que aún es posible soñar que mañana es pronto para volver al instituto. A este sólo llevo asistiendo año y medio y ya le he cogido cierto asco al camino, sobre todo desde que me asaltó ese chico gitano en los jardines y me quitó la Micromanía. Pero al margen de eso, tampoco es que me apasione lo que pasa en el aula. No entiendo por qué hay que dedicarle tanto espacio al latín, qué sentido tiene leer a Cela o que en el aula de Informática haya Commodores en vez de Spectrums. Aunque este año los profesores no parecen tener serios problemas psicológicos, me cuesta, me cuesta mucho. Al menos ellos ponen de su parte. El de Matemáticas es un chico joven, que las enamora a ellas y se lleva bien con ellos. El de Informática no tiene ni idea el pobre, pero al menos me cede la pizarra para explicar qué es un bucle FOR y cosas así, y de este modo no me pone mala cara en el gimnasio cuando no logro saltar el potro. A la de Literatura le perdono lo de Cela, porque también nos colocó a Miguel Mihura y con ese al menos me río. Además, el otro día hizo una cosa muy chula, un experimento de recreación mental en el que todos cerramos los ojos a la vez y visualizamos cosas en nuestra mente. Nadie sabe a santo de qué venía eso, pero desde ese día el ambiente es otro. Y bueno, la de Lengua… La de Lengua siempre pasó desapercibida para mí, hasta que mi compañero Alberto me hizo fijarme en los detalles. Las miradas, las posturas. Cómo se sienta siempre en el pico de la mesa, que le deja luego la marca en la falda. Desde entonces es nuestra hora favorita, una hora de codazos, dibujos y frases en los márgenes y posterior moviola. Hasta me da cierta pena perderme la clase de mañana. Llamaré luego al Alberto para que me cuente si la señora se ha vuelto a traer la camisa escotada. Pero no voy a ir; no quiero que me vea así. Sé que es una tontería; me saca una cabeza y probablemente quince años. Lo sé y no me importa, y sé que a ella tampoco, se lo noto en la mirada. Creo que me está subiendo la fiebre, de repente lo veo todo más claro y a la vez más confuso, como cuando enciendes la luz de la habitación oscura y encuentras los objetos en una disposición distinta a la imaginada. Veo quién soy yo, qué lugar ocupo en el tablero del aula, por qué Susana me dijo que sí y al instante que no, por qué el Magüe y sus dos amigos se emborracharon solos en un piso, por qué las quejas al tutor sobre Sebastián, la encuesta sobre la masturbación, por qué sonreía silencioso el repetidor. Todo está ahí, siempre está todo ahí, sólo hay que saber leerlo, unir la línea de puntos. No sé por qué digo esto, será cosa del jarabe, igual no debería beber directamente del bote. A saber qué estoy tomando; mi madre y su puñetera manía de tirar los prospectos. El caso es que ahora todo encaja, os leo como a un cómic, no tenéis secretos para mí. Pero estoy cayendo, estoy cayendo en un pozo, me debo estar durmiendo, quizá esté ya acostado y roncando. Ojalá pudiera guardar en una cinta toda esta información que me está siendo revelada, como hago con los programas en BASIC que copio de las revistas, pero me temo que no, que mañana me levantaré y volveré a ser el mismo chico desnortado cuya mente se engancha en una idea, como un jersey en un clavo saliente de una puerta. Cuando recupere la consciencia tengo que hacer un esfuerzo extra, aprender la lección, repetir un mantra: abre los ojos. Todo lo que necesitas está ahí, a tu alcance.

Publicado la semana 39. 23/09/2019
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