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Sergio L. Cruz

Esas cosas raras que te gustan a ti

Lo del cerramiento era de esperar. Los vecinos tiraron de estatutos por primera vez en catorce años para impedir esa, según ellos, aberración estética. “Pero el balcón del primero tiene rejas de colores”, dijo él. “Claro, para impedir los robos, no querrás que asalten la vivienda, majo”, replicaron.

Entró en casa sin pisar lo fregao y cenó con apatía y con su mujer. Ya en el sofá, eligió (es un decir) en Netflix una serie facilita, de esas que van por la séptima temporada y con doblaje ejemplar. “Mindhunter” tendría que esperar de nuevo su momento, pues de no ser así estaría empujando a su señora a la cama. Y lo que es peor, a dormir.

La mañana siguiente fue como todas las laborables: elegir camisa café en mano. Las camisetas estaban restringidas al viernes, gracias a Dios por la limosna del casual. Claro que tampoco se atrevía a ponerse la de Def Con Dos en la oficina; sólo llevaba 4 meses, aún era pronto, nada de experimentos en periodo de prueba. Además, era mejor pasar desapercibido en los corrillos en torno a la máquina de café, y no solo en lo estético. En un entorno tan sobrado de testosterona como era su empresa, tener gustos minoritarios era señal de debilidad. Sus compañeros olían la sangre, se lanzaban al cuello por deporte, así entrenan un macho alfa y sus aspirantes al trono. Pero aquella era una jornada especial; les visitaban invitados de una filial extranjera y antes de la reunión hubo un ligero ágape con turrones y juego incluido, una tontería a la que él se sumó gustoso, pues era lo más friki que había ocurrido allí desde que entró. De hecho, fue la primera concesión a la imaginación en ese cementerio emocional que era su departamento.

El juego consistía en escribir tres datos personales e intercambiarlos con uno de los extranjeros, por parejas, para romper el hielo. Uno de esos tres datos era qué reto personal les interesaría superar en el año venidero. Oteó como pudo las de algunos compañeros, no fuera a meter la pata. Logró descifrar mensajes como el descenso del Sella, sacar un MBA o volver a ser padre. Por primera vez en años, dio una respuesta falsa que podría haber sido verdadera, aun a sabiendas de la imagen discordante que estaba ofreciendo. “Hacer microteatro en esperanto”, según anotó en el blog anónimo que usaba de diario y que fue descubierto por la policía tras los hechos. Cualquier cosa antes que revelar a alguien lo que de verdad llevaba semanas rumiando.

Publicado la semana 37. 09/09/2019
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Queensryche - "Roads to madness"
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