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Sergio L. Cruz

Satán 2013

Volcar al disco duro las fotos de la tarjeta SD del móvil era ese tipo de faena que, según el momento elegido, podía ser un placer o resultar un auténtico fastidio. Lore estaba ante el segundo caso. Clasificar cientos fotos de vacaciones, fiestas y otros eventos y situaciones, con sus innumerables descartes y su puñado de joyas, no es algo que se pueda hacer con premura, y menos en el caso de una persona meticulosa y pulcra como ella. Cada cosa en su carpeta, a ver si no para qué nos molestamos en dedicarle tiempo. Pese a la urgencia, pues tenía hora en la peluquería, seguía un sistema ya trillado: dar un rápido repaso visual a las miniaturas y crear de antemano las principales carpetas, para seleccionar y arrastrar grupos de fotos. Para las vacaciones de 2013 creó una carpeta que, con las prisas, llamó “Satán 2013” y que al instante renombró como “Santander 2013”, no sin soltar su típica risita ante aquél error. La risa le recordó una situación divertida de esas mismas vacaciones. Estaban ella y Rober, su marido, dando un paseo bajo una implacable lluvia por los alrededores de la casa rural alquilada para la ocasión. La semana había que aprovecharla así el cielo se viniera abajo, porque era la única de todo el año en que coincidían ambos, y con tan escasa visibilidad era poco recomendable alejarse del camino que ya conocían. De hecho, no se cruzaron ni siquiera con el cabrero del día anterior. Envueltos en el sonido de las gotas golpeando la naturaleza, no notaron la presencia del vehículo hasta que se detuvo a su altura, sobresaltando a Lore, quien no obstante se giró hacia la ventanilla bajada.

–Hola –saludó una pelirroja con acento del sur–, buscamos una gasolinera, ¿sabéis si hay una cerca?

–Sí, al final mismo de esta carretera, un poco más adelante –respondió Lore con determinación, tras lo cual la sureña le dio las gracias y cerró el ventanuco, por el que ya empezaba a entrar demasiada agua. No se había alejado aún el coche cuando su marido lanzó la pregunta.

–¿Por qué les has dicho eso? ¿Acaso conoces la zona?

–No… –dijo Lore, a la par que se encogía de hombros.

–¿Entonces por qué les has dicho eso?

–¡La verdad es que no tengo ni idea! –respondió, conteniendo la risa.

–¿Es que no sabes que esa carretera son 30 kilómetros de bosque? ¡La más absoluta nada! ¡Árboles y más árboles! ¡Estás como una cabra!

Su marido estaba enfadado, así que ella optó por reír por dentro, como hacía cuando él perdía los papeles. Es decir, casi siempre. La situación tenía su gracia, toda la que le faltaba a él. No había vuelto a pensar en aquella pareja hasta hoy. Se preguntaba qué habría sido de ellos, pobres. Pero la hora se le echaba encima, así que cerró de un golpe la tapa del portátil y salió con lo puesto a que le hicieran las mechas. Podía ir tranquila; en la pelu sólo había prensa rosa y revistas de pseudociencia. Era altamente improbable además que, a estas alturas, encontrara alguna referencia a los escabrosos sucesos de aquella tarde lluviosa de 2013.

Publicado la semana 26. 24/06/2019
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