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Sergio L. Cruz

Extraño en planeta ignoto

Pulso el botón rojo y empiezo a dictar: “Día 13. La mayor parte del tiempo la luz proyecta una única sombra, como ocurre en mi planeta de origen en días soleados. Sin embargo, durante las horas centrales se produce un extraño fenómeno en el que la luminosidad lo inunda todo, diríase que llega de todas partes. Estoy seguro de que se debe a una reacción química desconocida para nosotros que genera algún tipo de prisma microscópico que dispersa los rayos, aunque eso tengo aún que investigarlo. Como tantas otras cosas, claro. No creo que resulte muy complicado, pues son más las veces en las que paso desapercibido entre estas criaturas, tan semejantes en apariencia pero tan diferentes en su morfología. Por ejemplo, está lo del lenguaje. Pese a las muchas diferencias fonéticas y estructurales, como era de esperar, la comunicación es posible, aunque no sin dificultades. Por lo general, basta con repetir el mensaje dos o tres veces, ayudándose de gestos sencillos. Han demostrado ser seres pacíficos con una existencia sencilla. Comen, duermen, se reproducen (nota al margen: investigar fertilidad), realizan labores manuales en su mayoría y se divierten con las cosas más simples; de hecho parecen tener un sentido del humor muy desarrollado, pues ríen constantemente. Son especímenes robustos y fuertes, y las hembras presentan generosas...”.

Mi registro en el diario de expedición se ve interrumpido precisamente por una de estas hembras, que se me ha acercado para hacerme una pregunta. Quiere utilizar uno de los asientos que tengo cerca. Le respondo positivamente, marcando bien las sílabas y haciendo un ademán inequívoco. Su reacción es de sorpresa pero es lo normal, pues se acaba de percatar de mi naturaleza. Eso raramente supone un problema. La hembra se siente interesada en mi persona, y entiendo que me está preguntando por mi ocupación. Le digo que soy investigador, aunque me corrijo al instante. Biólogo, en realidad. Seres vivos en general, lo que me rodea. La respuesta estándar. Es mejor así, pues es mejor dejar la verdad para los entornos seguros. De hecho, el único incidente serio que tuve, hace tres días, fue debido a que revelé los detalles de mi operación a uno de los nativos con el que sentí una rápida conexión personal. Entiendo su sobresalto, se sintió amenazado. Aunque soy el único infiltrado, pues acordamos hacerlo así para alterar lo mínimo el ecosistema, a ninguna especie le gusta levantar la vista y encontrarse con la lente del microscopio sobre su cabeza. No me fue complicado escapar; identifiqué los mensajes de alerta y me anticipé a la situación. Fue un error y lo asumo; no di parte a mis superiores porque pude resolverlo yo solo, por suerte. Desde entonces mantengo un perfil bajo e intento no intercambiar con ellos ningún mensaje que pueda resultar sospechoso, como ahora. De hecho, a pesar de haber guardado ya mi grabadora con discreción, percibo cierto revuelo en el grupo que tengo al lado. Emprendo la retirada hacia la base.

El cuartel general está tranquilo. Los compañeros ya están con la cena. Mientras me despojo del uniforme, mi teniente se acerca y me informa de que ya está todo listo para el control psicológico de mañana con el nuevo doctor. Que no me preocupe, que es por mi bien, me dice, y yo la entiendo. No tenemos aún estudios concluyentes sobre el efecto que puede tener una exposición prolongada a esta atmósfera, perfectamente respirable en cualquier caso, ni el contacto directo (incluso físico, en ocasiones) con las criaturas. Aunque a veces tiene un pronto muy desagradable, es de agradecer que mi teniente se preocupe de esta manera por nosotros. Asiento con la cabeza y le ofrezco una sonrisa, que me devuelve. Mientras abandona la habitación me lanza otro mensaje: “Hoy tenemos arroz a la cubana, tu favorito. Anda, cámbiate rápido que hoy ha estado aquí el antenista y ya tenemos tele otra vez, que ya va a empezar El Hormiguero. Eso sí, no os volváis a pelear por el mando. E intenta integrarte un poco, hombre, que llevas aquí dos semanas y aún no tienes amiguitos”.

Publicado la semana 22. 27/05/2019
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Música: Suuns , Influencias: Eduardo Mendoza
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