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Sergio L. Cruz

La puñetera bolita

–Lo peor de la condición humana lo tenéis aquí. Debajo de esos disfraces, de ese frikismo impostado, se esconde el demonio del capitalismo, ese gen tan nuestro del pelotazo, la recompensa aleatoria e inmerecida. Besan a los santos para travestirlo de intervención divina, está todo escrito, es un acto inocente, comprar el mismo número que se juega en la oficina, en su familia, o el puticlub del pueblo. Otros se aferran a la manta de la tradición y la nostalgia, se ha hecho de siempre, en tu casa y en la mía, mi abuelo ya jugaba, aunque nunca le tocó, es tan evocador como el olor a palomita de anís y polvorones de Estepa. En una mañana tiramos por la borda los valores que llevamos por bandera los 364 días restantes del año, la importancia del tesón y el trabajo duro, que con esfuerzo se consigue todo, y al final para nada, para encender la pantalla y ver cómo un iletrado se ducha con cava para regocijo de sus familiares y acreedores, el premio ha caído donde más falta hacía, lo de tapar agujeros y tal, y dos semanas después afloran los BMW verde pistacho, dando vueltas por el barrio. Los nuevos ricos, y Hacienda frotándose las manos, porque…

La reportera, con sus veintipocos años y su baja estatura, y pese a ser la primera vez que le permitían cubrir el evento, de buena gana le habría incrustado en esa bocaza el micrófono con el logotipo del canal, partiéndole un par de incisivos y atorándole el garguero con la esponja; cualquier cosa con tal de que parase ese torrente de veneno en forma de palabras. Pero ya llevábamos hora y tres cuartos de sorteo, un sorteo atípico, monocorde, plúmbeo, en el que los niños de San Ildefonso aún no habían alterado el tono de su cantinela y había que llenar huecos como fuera, máxime cuando acababan de perder la conexión con Estados Unidos, donde residía ahora el que iba a ser el siguiente entrevistado, el carismático presentador que solía retransmitir las ediciones del sorteo de Navidad. Además, qué mejor para enganchar a la audiencia que semejante diatriba en estos tiempos de ofendiditos y omnipresente polémica. Así pues, la periodista respiró hondo y desconectó mentalmente mientras sacaba su mejor sonrisa, no se fuera a contagiar de la toxicidad de ese individuo antipático y desubicado, que seguía repartiendo su particular versión de los premios.

–...porque está demostrado que la mayoría de los ganadores acaban arruinados tras embarcarse en negocios que no saben gestionar, o peor aún, asediados por gorrones y vividores, sin amigos, oficio ni beneficio, porque cuando te conviertes en millonario de la noche a la mañana, la mente se te resetea, pierdes los puntos de referencia y los principios se van a hacer puñetas, y eso es un error, porque el trabajo dignifica y…

–¡Setenta y un mil ciento noventa y sieteeeee! –gritó un chico con cara y timbre de funcionario.

–¡Cuatro milloneeees de eeeuroooos! –le secundó una chica de origen peruano y voz trémula.

Tras 208 años de tradición, aquél sorteo fue recordado por el tremendo grito que profirió ese hombre displicente a un par de centímetros escasos del micrófono, un alarido tal que pilló desprevenidos a regidores y espectadores y que se convirtió en meme en cuestión de segundos. La bola voló de los dedos del chico y desapareció en el patio de butacas. Algún carterista aprovechó la confusión para sisar un par de décimos sin premio. La realización emitió un fantástico barrido cenital que recorría toda la sala, empezando por la mesa, ahora semivacía, pues el presidente y el interventor se habían levantado para supervisar las labores de búsqueda. La niña seguía en su puesto, bola fija en alto y sonrisa medio descompuesta. Dos tercios de la sala habían abandonado sus asientos, ya fuera haciendo fotos o buscando la puñetera bolita. Y casi al final del plano secuencia, la que sería una de las imágenes del año, el transmutado gritador, rodeando con un brazo a su entrevistadora y elevando el décimo premiado en la mano contraria. Mientras tanto, en la tercera fila, un sudoroso joven disfrazado de mago se debatía entre hacer mutis por el foro o sacar la bola de su manga izquierda.

Publicado la semana 2. 07/01/2019
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