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Sergio L. Cruz

La pila de efectos

El Magic es un juego de cartas coleccionable en el que, para abreviar, digamos que dos jugadores lanzan hechizos e invocan criaturas, todo ello en base a las cartas de su mano. Una de las características del juego más peculiares, y a la vez más difíciles de entender, es la pila de efectos, un artificio de las reglas bastante desconcertante que se resume en lo siguiente: si un jugador juega un hechizo A y su rival responde a ello con un hechizo B, se ejecuta antes el B que el A, y así sucesivamente de existir más respuestas, fuera de toda lógica y al revés que en cualquier otro juego que la humanidad haya conocido.

No queda muy claro si los años que José Antonio llevaba a sus espaldas como jugador de Magic, 16 en total, 8 de ellos como jugador federado y ganador en una ocasión del Madrid Pro Tour, tuvieron la culpa de lo sucedido. El caso es que aquella mañana se había levantado sobrado de tiempo; las pastillas para dormir le estaban empezando a causar serios desajustes en su reloj biológico y a las 5:45 ya estaba vestido y listo para bajar al garaje. No tenía mucho sentido salir tan temprano, pues el atasco aún tardaría una hora en formarse. Le daba tiempo a poner una lavadora de ropa oscura, que ya se encargaría de tender la limpiadora. Vació mecánicamente el tercer cesto del lavadero en el tambor y lo llenó hasta casi completarlo. Poco amigo de derroches, decidió añadir a la colada la camisa que llevaba puesta, pues era la misma de los dos días anteriores. Antes de meterla, se dirigió a su dormitorio para coger una camisa limpia; pese a estar ya en junio, a esa hora la temperatura aún era baja y no quería coger frío. Cuando caminaba por el pasillo con la camisa a medio desabrochar, notó cierto olor a sudor y pensó que antes de ponerse la camisa limpia debería lavarse un poco las axilas. Al llegar al baño consideró más oportuno darse una ducha, así que comenzó a desnudarse. Pero José Antonio era un hombre de costumbres, y siempre se cepillaba los dientes antes de su aseo personal, por lo que cogió el cepillo, y cuando ya tenía el dentífrico en la mano reparó en la suciedad del vaso. Presto, llevó el vaso a la cocina para cambiarlo, y antes de volver al baño vertió algo de agua del grifo para bebérsela, pues era preferible hacerlo antes de tener en la boca el sabor mentolado del Binaca. Cuando ya tenía el vaso cerca de los labios, se acordó de que no se había tomado el antihistamínico; mejor aprovechar el trago. Así pues, en calzoncillos largos y con el vaso lleno en la mano, recorrió sin prisa todo el pasillo hasta su dormitorio, y al ir a buscar las pastillas en la mesita de noche su cuerpo se estremeció, víctima de un leve escalofrío y de la corriente de aire que se colaba por la ventana. Pensó en ponerse una camiseta por un momento, pero antes de buscar una prefirió girarse para entornar los postigos y bajar la persiana. Hecho esto, se detuvo un momento, pues no recordaba lo que iba a hacer antes. “Ah, sí”, recordó. Echó mano de la primera prenda que encontró: la ajada camiseta de la película “Memento” que compró entusiasmado en su día y que ahora utilizaba como pijama. Confortado por el calorcillo de la camiseta, cogió de nuevo el vaso, sacó una pastilla del blíster, que tragó sin dificultad y, como todas las noches, sacó sus tapones de espuma de la cajita, se enroscó uno en cada conducto auditivo, se metió en la cama y apagó la luz, dispuesto a revivir en sueños aquella mítica partida, en la semifinal del campeonato nacional de 1998, en la que derrotó a aquél mazo negro de control a base de contrahechizos que se acumulaban, uno tras otro, en la pila de efectos que visualizaba en su cabeza y se resolvía siempre empezando por el hechizo más reciente.

Publicado la semana 14. 01/04/2019
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Yes - “Something’s coming” (cover de Leonard Bernstein)
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