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Robrick

¿ Caerá la noche para nosotros?

Tenemos que viajar de noche, es difícil hacerlo así pero nuestra esperanza es que la oscuridad les complique las cosas a nuestros perseguidores. 

No viene al caso describir como fue que nos conocimos, ni  lo que nos obligó, a cada uno de nosotros, a huir bajo circunstancias similares, basta decir que sin previo aviso nos convertimos en una comunidad, mínima, pero una comunidad con el mismo fin... sobrevivir.

Nos movemos como sombras, entre callejones y paradas de autobús, un paseante cualquiera puede -o no- atisbarnos apenas por el rabillo del ojo, y si voltea por casualidad, no nos encontrará ya que debemos ser invisibles. Esa virtud de fantasma la manejan de manera impecable nuestros perseguidores, ya que de tan comunes han permanecido desconocidos para la mayoría durante años,  imperceptibles en medio de la cotidianidad mundana.

Mientras nos frotamos nuestras manos extrañamos aquellos días cuando no éramos importantes para ellos, cuando no nos habíamos descubierto mutuamente.

No podemos usar el aeropuerto, siempre está vigilado, "podríamos intentarlo con los camiones" dice alguien, pero dudamos, estamos en medio de la oscuridad de un parque cuya única fama es por estar hundido cuatro metros por debajo del nivel de la calle y por tanto, oculto, bendita característica en estos momentos. Hablamos quedo, para no llamar la atención de los vagabundos que se refugian entre cartones y mantones luidos, quizá alguno de ellos podría ser un informante...o algo mucho peor.

Decidimos continuar como hasta ahora, moviéndonos mientras la mitad de la ciudad duerme o se hunde en las tentaciones de la noche, aquellas que se ocultan también, nos moveremos precisamente como lo hacen los amantes adúlteros, las vendedoras de caricias, los deambulantes rezagados que no se habían planteado enfrentar los peligros nocturnos pero que se vieron sorprendidos bajo la luz de la luna al abordar las calles. Así hemos avanzado por la ciudad, en trayectos que en circunstancias normales durarían unos minutos o un par de horas a lo sumo y que ahora se vuelven noches enteras de caminatas con pies ligeros, pies de gatos acechantes y sigilosos que no se acercan a presa alguna si no al contrario huyen del depredador que saben, están seguros, se encuentra justo al doblar la esquina.

Hemos perdido a algunos por el camino, siempre por tonterías, por los más banales antojos humanos. Aquel tuvo hambre y salió por la mañana a comprar algo que vio en cierto paso a desnivel, a todas luces estrecho y que parecía no tener salida, justamente aunque la hubiera tenido él no la encontró jamás. Uno más salió a fumar a la calle mientras nos esperaba en aquel bar de deshoras donde habíamos acordado alcanzarle, era una de las siguientes etapas de nuestra evasión, ¿que de malo podría tener encender un cigarro afuera de ese lugar tan alejado y escondido? debió de haber pensado, más no contaba que la luz los atraería como a un bombardero planeando sobre las  negras ciudades de Londres, Roma o Berlín, buscando la más breve luciérnaga en medio de la oscuridad mortuoria para dejar caer ahí el peso de toda su furia, fue tan rápido, él enciende el cigarrillo, un auto fundido con la noche emerge de las sombras al encender sus luces delanteras y angustiosamente acelera, toma desprevenido a nuestro compañero que no atina a mover un sólo pie y sólo puede llevarse el cigarrillo a la boca, más por inercia que por otra cosa, a esa pequeña luz la acompañan de inmediato otras muchas, un enjambre de luces que surcan el aire sobre de él, a través de él, abajo de él y que retumban como truenos mínimos, mientras una segunda ráfaga de luces acomete los ventanales del bar.

Nos iremos de poco en poco, nuestra meta es la estación de descanso de los camioneros que se encuentra saliendo por la autopista norte, alguien podrá llevarnos entre sus mercancías.

Se acerca el día, mientras nos separamos para refugiarnos en sórdidos hoteles de paso, en languidecientes edificios abandonados y bajo el techo de familiares y amigos a los que habíamos olvidado y que odiabamos por tanto -no veo otra respuesta a que busquemos la ayuda de ellos sabiendo que al hacerlo los ponemos bajo un predicamento similar al nuestro-, mientras nos separamos, como ya he dicho, pienso si las redes de nuestros cazadores no abarcan más allá de los confines de la ciudad y si es así, ¿cuanto tardarán en abarcarnos en sus brazos?, si la influencia de nuestros victimarios abarca a todo el orbe me pregunto ¿caerá la noche para nosotros?

Publicado la semana 2. 08/01/2019
Etiquetas
Noire , De regreso del trabajo, de noche
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