05
Quidec Pacheco

Eones y Revólveres

Bajo las flamas reventadas del rey astro allá arriba, unas uñas rascan el piso. Las uñas son importantes porque se quedan con pedazos del mundo. La mente no es confiable, no es real, pero esa grasa de caldo bajo el dedo huele a real, a que pasó y fue comida. Las uñas arrancan lo real, son testimonio. Una con mucho testimonio avanza por el pueblo árido, por el árbol muerto en la planta del pie, sosteniendo las casas, tapando las lluvias. Árbol muerto con agua para que beban los caballos, y sombreros con bigotes ven a una, que arrastra el poder. Hay un tajo de escritura en la mano de una, que abre puertas con su tinta. Una pluma para una, libre de pasar entre la vida y la muerte. Hombres y mujeres se acercan para revisar las flechas sangrientas que salen de la espalda de una, las uñas largas, el rostro sucio, los jirones enroscados de cabello, cuatro dientes negros de la boca, pies con sangre y lodo, el pellejo de la cara de un indio en su cinturón de raíces. Tocan a una y caen al suelo. Sus almas caen también, en las uñas de una, y se quedan ahí para siempre. Al entrar en un árbol hueco, los animales muertos miran desde las paredes: cazados y perdidos en la falsa nigromancia, tretas egipcias. El viejo tras cortezas cuadradas pregunta qué va a beber una. ¿Qué más? Su mano toca la mano de una y las uñas lo roban. Ahora, las almas llenándola, una comprende lo que es esta nueva dimensión: los vaqueros, el póquer, la ley del oeste. Los revólveres. Una describe en el aire con su tajo un revólver nigromante. De sus uñas cae un pedazo duro que crece y se llena de carne pulsante y grisácea, cubriendo en partes la queratina dura en forma de pistola, el aparato cargado de seis llamas esmeralda es terminado a tiempo, cuando dos ebrios ponen sus manos en los hombros de una. Caen al suelo fuerte, crudos. Una admira la hechura, el revólver es igual a como lo pensó. El comisario de ojos verdes entra al bar con su arma arriba, dispara sin preguntar en la cabeza de una, que se desploma entre cabellos sangrientos. Al acercarse, una no es más que sombras y juegos del sol por la ventana, un humo obscuro. Los otros cuerpos, reales, quedan abandonados y sin vida para que una los reescriba cuando quiera, donde quiera, como quiera. Una puede hacer muchas cosas con el tajo de la vida y la muerte, así que le regala a un pueblo solitario un revólver de eones. Una descubre que a esto sabe la autoría, y la apoteosis trae consigo muchas implicaciones saltando de universo en universo, escribiéndose donde quiera, dejando a su suerte a un sheriff con un arma divina. Una huele sus uñas flotando en el vacío y decide viajar más, matar más y acabarse poco a poco la vida del universo.

Publicado la semana 5. 28/01/2019
Etiquetas
Escuchar: Pedro Bromfman - Prologue , Leer mientras te cortas las uñas, con algo verde puesto, de día
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
05
Ranking
1 110 1