04
Quidec Pacheco

Ingesta Mercurial

¿Cuántas dimensiones más? Estoy quedando un poco empachada de comer tanto metal. “Señorita María, por favor, entre todo el personal de la institución solo usted come mercurio”. Otra cosa es que solo yo diga “sí”, brutos abusivos. Y encima me ponen de mandadera a dejar documentos en las oficinas de los profes más horribles y difíciles. Ay, María: en seis meses ya te jubilas, tranquila. Además está cayendo bien el pago de palpadora dimensional, ¿no? Ya te vas a pod- ¡Dios mío! ¿Qué es esto?

- Profesor Olegario. Profesor. Dios mío, profesor, reaccione.
- María. Regresé, María.
- ¿Por qué está cubierto de sangre y… sesos?
- Hay que ayudar al autor, María, allá en la esquina. Por favor, sálvelo.

El señor Olegario siempre ha sido peculiar… ¿qué tal si ayudando a aquél hombre yo también termino en una esquina? No distingo bien al hombre entre sombras… ¿y esto? Carga una laptop verde entre brazos. Su garganta… no hay pulso. Está muerto.

- Profesor Olegario, ya está muerto. Solo tenía esto.
- Pues con esto trabajaremos, María. Hay amenazas antiguas que han embarnecido con el poder de este hombre. No sabemos cuándo nos narrarán el olvido, así que lo primero es protegernos… si tan solo bebiera mercurio, podría saltar entre dimensiones para perseguir a esa bruja.

Yo puedo.

- Yo puedo, profesor. He estado apoyando con las pruebas de enlace dimensional.
- ¡Genial! Sin tiempo que perder, María, ¡de pié!
- Tengo miedo. Tengo miedo, profesor. Solo las abro, nunca voy a las dimensiones.
- La certidumbre del hipotetizador necesita la valentía del experimento, María: ¡Eres quien desgarrará las dudas de este universo!

Este profesor, con su traje formal, sus lentes precisos, su oficina elegante: qué fácil arrojarse a su pasión. No entiende, profesor. No todos queremos aventuras. A veces, una jubilación basta. Aquí a la izquierda, vuelta allá. Aquí meto el código y se abre la puerta. Detrás de este librero, por la cueva hasta el fondo. ¿Qué estoy haciendo? Yo no quiero salvar a nadie. Sigo cargando esta computadora verde de aquél hombre, y no me había dado cuenta.

- Sí, por esas puertas, profesor.

Este profesor, con solo ver los botones y palancas unos segundos ya descifró cómo utilizarlos. Tal vez tenemos oportunidad.

- Bébaselo, María. Todo.
- Sí, profesor.

Siento el líquido frío y pesado por mi garganta. Sabor oxidado, como lamer las escaleras de aluminio bajo el agua de la alberca, papá prepara carne en el asador y me llama “¡María, prueba esto!”, el sabor de la salchicha ahumada, mi niñez feliz y un trueno me golpea. Cambio. Recuerdo tanto dolor, el hambre de metal y minerales, reflejos infinitos en la comida que jamás volveré a probar dentro de de diamantes y rubíes. Estoy de pie con el profesor Olegario, en el laboratorio de dimensiones, y

- Estoy lista.
- ¡La ciencia siempre está lista!

Publicado la semana 4. 22/01/2019
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Escuchar: The Drums - The New World , Leer con un termómetro en el cuerpo, frente a un miedo, acariciando un libro.
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