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Quidec Pacheco

El Buscador

Hemos llegado a una gruta, interesante suavidad en la turbulencia dura de ausencias. Miro a María para confirmar que carga, en efecto, la computadora del autor, y le queda algo de batería. Salimos del conducto terráqueo hacia el fuego de la noche, una fogata en el campo abierto del desierto y sus llanos. Un peso como de hueso y carne me toca la nuca, luz verde que me va quemando poco a poco.

- Habla certero, forastero. ¿Qué jirones traes a mis eones?

- ¡Por favor! Soy el doctor Olegario Poncho, y persigo a una nigromante que arrebató el poder autoral de mi autor. ¡No dispare!

El vaquero pelirrojo, con una expresión de comprensión, bajó el arma que ahora parecía un pedazo de hueso encarnado, palpitante. María salió tras de mí, el doctor, y el chico pecoso volvió a su fuego, acariciando a su caballo: ahora podía ver que le faltaban botas y el sudor recorría su frente.

- Tú también buscas a la mujer de largas uñas, joven vaquero.

- Mi familia la ha buscado por los años más extraños.

María lo miraba acariciar el arma. Creo que dentro decidió sentarse al lado de la fogata, pues yo probablemente me quedaría observando y explorando con mi mirada este nuevo universo un buen rato imprudente. Claramente ella sabía por las pruebas de laboratorio que mientras más tardaramos en conocer las reglas del nuevo universo, más veloz nos llegaría la muerte. Con gravedad, Olegario apreció la pistola ósea.

- ¿Con eso quieres matarla, hijo?

- Ella se burló con el revólver nigromante, nos entregó dictamen: cree que no puedo acertarle.

María veía el perfil del chico, unos 20 años tal vez, frente al fuego nocturno sus ojos eran esmeraldas afiladas. La ropa era extraña y ahora lo veía, como de vaquero futurista. Buscó entradas y borradores recientes en la computadora, y al empezar a leer se tapó la boca con sorpresa.

- ¿Qué, María?

- Doctor…

- ¡Dígame, por favor, lo que sucede, María!

- El muchacho tiene--

- 800 años. Eso está del caño.

- Aquí dice que es la maldición de las balas eónicas en el revólver nigromante.

El chico se carcajeó con un tono oscuro, rencoroso.

- Es la maldición, cuando falla tu cañón.

Abrió la recámara de balas para mostrar 3 llamas verdes, cargadas. Los otros 3 espacios estaban vacíos.

- La vieja podrida nos dejó hablando en rima. Creyó buena risa escuchar en poesía los gritos de muerte de quien destruía. Mis antepasados son los encargados de darle tardía justicia. Pero intentamos, millones de años, meterle un disparo en la vida. Vengo de antiguo linaje certero, pero las tres veces que le abrimos fuego las balas fallaron y nos transportaron por siglos y siglos los cuerpos. Sobreviví porque mamá disparó mientras yo me mecía en su vientre, viajar por eones a ella la mató, pero a mí me hizo resistente. Voy a encontrar a esa mujer, ¡cuésteme lo que me cueste!

- ¡Mira, María! ¡Es el buscador! De todos los mundos, ¡qué suerte!

Publicado la semana 37. 15/09/2019
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Escuchar: Luna Sea - Beyond The Time Mebiusuno Sorawo Koete , Leer con la estufa prendida y el rencor encendido.
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