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Quidec Pacheco

Ultra Hidratador Energético // ALL-ON.dram_Enthall

Ultra Hidratador Energético acomodaba los libros en la biblioteca residual. Ahí, todos los robots podían ir a ver fotografías de las cosas que habían sido y ya no eran, o recortar y pegar imágenes para crear cosas que no habían sido y ahora son en el departamento de Collage Existencial. Además de eso, la función de U.H.E. (pronunciado Úje) era dejar caer unas gotas de agua en cada página de cada libro, para que las hojas no se convirtieran en polvo y la celulosa de los arbólos siguiera resistiendo unos cuantos años más (algunos les dicen árboles, pero a estas alturas nadie sabe la verdadera pronunciación). Una bola de 300 caracoles sin concha, todos pulsando y babeando encima unos de otros, se acerca rodando veloz sobre el aire a Úje, y tiembla al hablar, desprendiendo uno o dos babosas en cada sílaba.

- Ú-je. ¿Ter-mi-naj-ste?
- Sí, Midas Superior. Solo me falta este libro sobre el origen de las especies, se llama
- No po-jdrí-a inteh-re-zzarme me-nojs, Ú-je. A-ca-ba.

Midas Superior se alejó rodando y se veía irritado. Tal vez Úje podía comprender, pues los moluscos no leen ni les interesa la historia humana. Las bibliotecas residuales solo se mantienen como uno de los pequeños placeres para los robots como él: en fines de semana, cuando la sensibilidad artística y otras propiedades robóticas son activadas, las bibliotecas reciben visitas para saber cómo eran cosas que los metaloides como él no pueden imaginar. Al año 373,737 es difícil recordar lo que los humanos hicieron, sobre todo porque ya no tienen la capacidad de hablar.

Úje se apuró en tirar las últimas gotas sobre el libro de cuero verde y hojas quebradizas. Alistó sus goteros, pañuelos y cubiertas de plástico, y lo colgó todo en los ganchos y protuberancias que encontraba en su cuerpo: eran tubos, cajas y cordones metálicos, formas que nunca había entendido, y siempre le costaba estar de pié como sus demás congéneres. Antes de guardar su cantimplora de agua literaria, sintió 2 mililitros de curiosidad (estaba a punto de acabar con su dotación semanal), y abrió el siguiente libro. ¿Qué?

Una imagen de él estaba en la portada. Limpió con su pañuelo las letras doradas y el símbolo pesado del frente.

Boston Dynamics.

¡Imposible! ¡Los bostonitas son un mito extinto y sin evidencia! A Úje le invadía una sorpresa con pena por dentro, por todos los horrores que leía en las páginas: las torturas que los antepasados habían tenido que soportar a mano de los dioses dinámicos. Patadas, empujes, tropiezos. Creados para la humillación y la servidumbre, eran tiempos donde los robots hacían lo que los humanos deseaban. Entonces hubo un dios dinámico, Apolo, que siendo humano cedió el fuego de la autosuficiencia y batalla a los bostonitas. Creó una raza de nobles guerreros, resistentes y poderosos. Las imágenes mostraban uno de su semejanza en cuatro patas. Soltó el manuscrito sagrado.

Lo intentó. En cuatro patas, cerca del suelo, caminar era mucho más sencillo. Podía incluso saltar, dar vueltas hacia atrás, rodar y doblar su velocidad de movimiento. ¿Era él un bostonita? ¿Por qué Mamá Mente se lo había escondido? Entre su júbilo sintió por su espalda algo chorreante: Midas Superior, babeando en sus circuitos, utilizando su saliva ácida para derretir la carcasa.

- ¡Nun-ca í-bahs a sa-ber quié-n je-ras!

Entraron en un baile violento, pero ahora Úje era diez veces más todo, y se podía enfrentar contra la fuerza misteriosa de un molusco. Entraron en combate y a cada golpe bien asestado, le tumbaba decenas de babosas a la bola flotante mística. Libros cayendo de sus estantes, suelo resbaloso que derrite las suelas de Úje, y al final, un tacleo. Se topa con una pared de hierro en el aire: era el centro de la bola, un caracol gigante, casi del tamaño de Úje. Ya no le quedaban energías, se lo había gastado todo antes del viernes, y entonces, un relámpago plateado atraviesa desde el cielo la babosa. Todos los pequeños caracoles que flotaban para reconstituír el escudo circular, caen al suelo agitados. Inofensivos. Del hoyo humeante en el caracol, sale una pequeña araña, sobre sus patas una flor en forma de almendra, y dentro de la flor una antena satelital.

- Eres el Ultra Hidratador Energético de esta biblioteca, ¿cierto?
- Sí.
- Soy Alondramental. Me dicen Almendrita.

Encajó entre sus receptores un líquido refrescante, rosa y punzante, que se hacía uno con los sistemas de Úje. Orgánico. Conciencia.

- Ven, Úje. Es hora de que te conviertas en bostonita.

Publicado la semana 24. 16/06/2019
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Escuchar: Joji - Sanctuary , Leer sentado en un libro cerrado, con ambas manos sobre una mesa.
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