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Quidec Pacheco

El Primer y Último Caso de Palomita 33

Palomita 33 peinaba con su cepillo de estática voluntaria su pequeño afro rubio. Un escape para los golpes e insultos grabados en su subconsciente, a los 12 años era mejor que le dijeran “Palomita” por su pelo; que por su nombre clave del Centro de Perfección Humana. Desconectó la laptop cuando estaba a 99% de su batería, y guardó todo en su mochila. Otro día en la escuela, detestando cada segundo que no pasara diseñando gráficamente en alguno de los programas de Adobe.

El edificio era de ladrillo verde, y los profesores iban uniformados con un saco esmeralda sobre cualquier ropa que llevaran ese día. La mayoría de las clases eran insoportables, excepto la del señor Órale. Las matemáticas avanzadas que trazaba en el pizarrón eran un obvio error de asignación para Física 101, pero a Palomita le encantaba el orden y la verdad, y a sus compañeros les encantaba el arrullo de las fórmulas. El día de hoy, míster Órale no llegó al salón. Y nada misterioso le había pasado, simplemente fue uno de esos días coincidentes donde las cosas se empatan.

Los demás compañeros salieron rápido al patio, a la cafetería, a jugar basquet… pero ella abrió su laptop, y se puso a crear anuncios para podólogos y entrega a domicilio de tortas. Su sueño desde pequeña siempre fue ser diseñadora gráfica. No artista, no dibujante, ni directora creativa: solo diseñar anuncios aburridos, invitaciones y lonas. En la oscuridad del cuarto, un vórtice naranja se abrió en el techo. De él, saliva y otros fluidos viscosos burbujeaban, manchando el escritorio donde hubiera estado la laptop sin los reflejos rápidos de Palomita.

- 33… errrres tú, 33.

Ella apretaba su computadora al pecho. Disgusto y reto en el rostro de la ya forjada Palomita.

- Si te mato ahorrrra, te mato en el futurrrro…

Saltó entre los pupitres mientras gargajos místicos se estrellaban en el aglomerado de las paletas, haciendo hervir y pustular las superficies. Palomita llegó a la puerta pero una gran mucosa ocre se estrelló en el pomo de la misma. Dio unos pasos atrás.

- Palomita… No puedo dejarrrr que te convierrrrtas… en la mejorrrr detective del mundo…

Abrió el hocico mallugado en una risa oscura y regurgitante, una burbuja aguada se comenzó a inflar y antes de expulsar la grandiosa flema, un puño reventó desde adentro de sus fauces la mucosa. Era… ¿ella? Una Palomita adulta, cubierta de pies a cabeza en jugos gástricos salía arrastrándose de la boca deforme, para caer en el suelo del salón. Un fuerte campo protector evitaba que la baba cayera en su piel, la pequeña solo notó esto cuando Palomita se puso de pié, lista para enfrentar al mutante viscoso.

Lanzó una piedra celeste que al hacer contacto con su piel aceitosa comenzó a inmovilizar a la criatura. Gritos de dolor y desesperación. Palomita dio media vuelta y se reconoció, abrazando su computadora, a los 12 años. Se bajó hasta los ojos de la niña.

- Hola, Palomita.
- Eres yo. Pensé que…
- ¿Que ibas a ser una diseñadora gráfica?
- Algo.

Palomita del futuro fue a ponerle la mano en el hombro a su yo pequeño, pero lo pensó de nuevo al ver la baba.

- Lo vas a lograr. Vas a ser la mejor diseñadora gráfica del planeta, Palomita.
- ¿No voy a ser una detective?
- En tus tiempos libres. Se vuelve molesto. Pero siempre vas a regresar al diseño gráfico. Es tu destino.

Palomita vio al suelo, algo triste.

- Me llevaron a una fábrica…
- Y te convirtieron en la detective perfecta, ¿no? Número 33. -la pequeña asintió, triste.
- Eso no significa nada. Tu destino te llama y tu respondes, no importa lo que los demás quieran que seas. Fuiste hecha para ser tu.

Un gruñido detrás, el tentáculo del monstruo forcejeaba con el yeso azul que poco a poco se quebraba. La puerta dimensional se iba empequeñeciendo. Palomita grande le arrojó una USB a Palomita chica.

- ¡Diséñame un arma, rápido!

Con velocidad sobrehumana, Palomita metió la memoria en su lap, abrió un nuevo documento en Illustrator, y con presteza y decisión creó una maza de guerra con pedacería de sus anuncios anteriores.

- ¡Expórtalo como elemento pandimensional!

Clic. Enter. Una vibración de su computadora, luego viento desde el monitor. La USB prendió en llamas, en el aire frente a ella la maza quedó creada con un fulgor digital y cotidiano. Palomita grande extendió su brazo y la usó para tronar uno, dos, tres de los ojos sangrantes de la criatura, que retrocedió con dolores y un terrible grito ante la maza.

- ¡Nunca ganarrrrás, Palomita 33!

Pero ganó. Al evaporarse el monstruo, el portal se fue cerrando, con Palomita forcejeando en el interior. En el último momento, el hoyo dimensional escupió la cabeza cercenada de Palomita del futuro. Muerta. Palomita del pasado abrazó su propia cabeza, y tal vez por eso no se sintió raro llevarla a casa y ponerla en formol. Despertar todos los días sabiendo que se convertiría en una chica poderosa la cambió. Entre largas noches con los programas de Adobe y casos irresueltos que caían en sus manos por suerte, superó al Centro de Perfección Humana. Portó con orgullo el 33.

Publicado la semana 11. 11/03/2019
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Escuchar: Sorority Noise - Using , Leer comiendo palomitas, después de sacarte un moco, no antes. Pies en el aire.
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