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Pedro M. García

Por los pelos

6 de junio

Creo que los pelos de mi cuerpo tienen vida propia. Bueno, no todos; solamente los que me cubren las piernas y los brazos. Es como si se movieran por su cuenta. Como si interactuaran entre ellos. Menos cuando los observo. Puedo pasarme horas mirándome fijamente el antebrazo o la rodilla sin que ningún pelo se mueva un ápice, pero justo cuando desvío la atención siento como una especie de hormigueo, como si alguna clase de ser diminuto, una hormiga, una pulga, una araña, estuviera recorriéndome la piel. En otras ocasiones la sensación se asemeja más a un cosquilleo, a veces incluso a un picor. Y yo me miro y me toco y me rasco y nada y nada y nada. Es cosa de los malditos pelos. Estoy seguro. Deben estar tramando algo.

 

8 de junio

La cosa sigue igual. Quizás hasta se ha acelerado. La frecuencia con la que se mueven, digo. Pero poco les va a durar la fiesta. Voy a aplastar su rebeldía con mano dura. Los voy a arrancar de raíz, aunque me duela. Más les dolerá a ellos. En un par de horas tengo cita en la peluquería para que me depilen con cera.

 

9 de junio

Ayer en la peluquería se confirmaron mis sospechas. Sucedió algo increíble: cuando el esteticista me dio el primer tirón, dejándome una marca rectangular en la piel, empezó a toser sin parar. Su cara se puso como un semáforo en rojo. Y luego se desmayó. Después de pedir ayuda a gritos me acerqué a él para comprobar que siguiera respirando. Vi que tenía varios pelos pegados a la comisura de los labios. Eran míos.

 

13 de junio

Han llevado su capacidad de moverse a otro nivel, los muy… Este mediodía, mientras paseaba por una avenida cerca de mi casa, me crucé con un payaso que iba cantando aquello de mi barba tiene tres pelos, tres pelos tiene mi barba. Debe ser que se sintieron identificados, porque automáticamente se giraron todos en su dirección y me forzaron a ir tras él. Al final acabé en un parque, sentado sobre un banco, observando al payaso improvisar un show. Mis pelos danzaban como niños al ritmo de la melodía. 

 

19 de junio

Esto ya se está pasando de castaño oscuro. Es como si tuviera la sarna, todo el santo día rascándome. Ahora encima me obligan a cepillarlos. Erre que erre con el cepillo: arriba, abajo, arriba, abajo; no, de lado mejor; no, en diagonal; no, en zigzag. Estoy harto. Pero no me atrevo a hacer nada. Si fueron capaces de asfixiar al esteticista, a mí podrían llegar a matarme si intentara arrancármelos o afeitarlos. Son cientos contra uno. ¿Qué puedo hacer yo solo contra tan terrible enemigo?

 

23 de junio

La proximidad de la noche de San Juan me ha dado una idea: voy a meterme fuego. Es la solución perfecta a mi dilema. Si me los arrancase, volverían a crecer, pero con la piel quemada… Por fin voy a poder liberarme de este tormento. Bailad todo lo que queráis, pelos, pelitos, pelos: mañana desayunaréis en el infierno.

Publicado la semana 25. 23/06/2019
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