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Pedro M. García

La realidad no es ningún cuento de hadas

Una joven de pelo corto sale de la espesura de un bosque de coníferas. Trastabilla. Busca el apoyo de un tronco. Solo encuentra aire. Y nieve. Copos de nieve. Aunque sus ojos no reparan en ellos.

La joven camina empapada. Su camiseta celeste está cubierta de pinocha y mugre. También de espinas. Sus zapatos y piernas, hasta la altura de la rodilla, de fango.

Sigue, en zigzag, un sendero que lleva a una casa. A la trasera de una casa. A un muro alto de piedra que la rodea. La joven musita: «como un castillo». Y sigue caminando.

El día, a pesar de la nieve, es claro.

Una verja de hierro guarda la entrada de la casa. Con picos afilados y góticos. De ambos lados del muro o muralla contiguos a la verja sobresalen las cabezas de dos gárgolas. Están hechas de caliza. Y de restos de diversas bestias.

La joven busca un timbre, un interruptor. No lo encuentra. Entonces zarandea los barrotes de hierro, que crujen. Luego espera.

De la casa sale un hombre. Con un paraguas. Y una rosa.

Se aproxima.

Cuando está a cinco pasos de la verja, se detiene. Estudia a la joven. La joven lo estudia a él. Las facciones de su rostro son afiladas, felinas.

La joven, agarrada a los barrotes, susurra: «por favor». Y se derrumba, inconsciente.

El hombre se acerca a la verja. La abre. Cierra el paraguas y mueve a la joven hasta dejarla bocarriba. Se incorpora y lo abre de nuevo.

La observa. Observa su rostro demacrado. Los cortes de sus brazos. Observa su pecho plano. Las quemaduras de sus rodillas.

El hombre fija su mirada en los labios de la joven. Bajo la capa de nieve que comienza a cubrirla aún se distingue su color. Mango.

Con delicadeza, deposita sobre su vientre la rosa. Luego retrocede y cierra la verja.

―Lo siento, pero te confundiste de sendero. O de bosque. O de casa.

El hombre se gira y desanda sus pasos. Antes de cerrar la puerta de su hogar, sacude el paraguas. Suspira. Luego la cierra. La puerta.

El cuerpo de la joven yace más allá del muro. Bocarriba. La nieve que cae sobre ella limpia, poco a poco, la suciedad que la cubre.

Publicado la semana 23. 09/06/2019
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