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Pedro M. García

Limbo

Una veleta sin norte. Un navío sin timón. Una entraña sin vena, sin sangre. Floto en un mar turbulento que tras la tempestad se torna lago. De esos de aguas turbias, enlodadas, tan impenetrables como los dientes de una lapa. El temor que nuestros antepasados me legaron en cromosomas, este vestigio simiesco de sabana que se propagó por el planeta, me empuja hacia el fondo, donde el agua es casi negra. Siento la púa de una palmera presionada contra la garganta, como en un chillido roto, en un suspiro eterno. Reconozco en esta decisión el árbol prohibido de lo hipotético, del subjuntivo, del y si... Lo reconozco y me aterra: mis dedos se vuelven ganchos, tenazas; buscan asidero, un punto de agarre que los salve del abismo, de las tinieblas que acechan más allá del último destello, más allá de la luciérnaga efímera del momento. Las olas me mecen y yo me mezo con ellas, busco la estrella del norte y no la encuentro, y no me encuentro. Sola, rodeada por este manto gris que gane quien gane, que se pierda quien se pierda, me cubrirá los hombros como las alas cubren a las libélulas. Una luz. Una sombra. Una historia. Un silencio.

Publicado la semana 11. 17/03/2019
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Género
Poesía
Año
I
Semana
11
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