01
Pedro M. García

El postre

El antiguo oso de peluche, marrón y con una cicatriz que le recorre la barriga de arriba abajo, preside la mesa. A su izquierda come, sin cuidado, una niña que pronto se volverá adolescente. Y a su derecha, comedida, una joven se lleva a la boca un vaso de agua.

―¿Todo bien en el colegio hoy, Laura?

Laura asiente sin levantar la vista del plato.

―¿Cómo te salió el examen de matemáticas?

Laura se encoge de hombros.

―¿Y el test ese de gimnasia, Cooper, era? ¿Qué marca lograste?

Laura continúa comiendo. En sus labios hay restos de kétchup.

―Te acabo de hacer una pregunta, Laura.

Laura sorbe un espagueti. Sigue sin levantar la vista del plato.

―¡Que me contestes, coño!

Laura mira a su hermana. Luego al viejo oso de peluche. Espera unos segundos. Y entonces vuelve a mirar a su hermana, esta vez a los ojos. Las palabras le salen débiles, temblorosas.

―Suspendí. Pero no es culpa mía. Es don José, que nos exige montón. Se pasa.

Su hermana resopla y la atraviesa con la mirada.

―En serio, Ile, el tiempo que había que sacar para el cinco era muy poco. Solo aprobaron dos chicos, de los que están todo el día jugando al fútbol. Y uno de ellos acabó vomitando. Pero en plan bestia, así, en c-

Ilenia hace un leve gesto con la mano y Laura se calla.

―Sabes lo que te diría papá, ¿verdad?

Laura agacha la cabeza.

―Papá te diría que si el profesor les exige tanto será por algo. Y que no lo cuestiones. Tú eres una niña y él un adulto.

Laura coge aire, parece que va a decir algo…, y asiente. Ilenia se levanta de la mesa, retira su plato y el de su hermana y los lleva hasta el fregadero. Luego va hacia la nevera y abre la puerta. Mientras, Laura sigue sentada.

―¿De qué quieres el yogur?

―Coco.

Ilenia mira el interior de la nevera. Los yogures están en el segundo estante, pegados al borde. Hay dos de macedonia y uno de coco.

―No quedan. La macedonia también te gusta, ¿no?

Sin esperar respuesta, Ilenia coge los dos yogures de macedonia y cierra la nevera. Pero la puerta no se sella bien: está defectuosa. Al pasar junto a Laura, Ilenia le pone su yogur donde antes estaba el plato. Luego rodea al oso de peluche, se sienta y le quita la tapa al suyo. Laura aún no se ha movido.

―¿Qué, ya no te apetece el postre?

Laura duda.

―No es eso, sino que…

De reojo, mira al oso de peluche.

―¿Te molestó lo que te dije de gimnasia?

Laura no le responde. Tampoco la mira.

―¿Es eso? ¿Te enfurruñaste porque te regañé como lo hubiera hecho papá?

Laura fija los ojos en su hermana. Coge aire.

―Sabes tan bien como yo que te diría exactamente eso si pudiera hablar.

Bajo la mesa, a Laura le tiemblan las manos.

―Lo mismito, vamos.

Laura cierra los puños. Y entonces grita.

―¡No! ¡No, no y no! Papá no diría nada porque está muerto, Ile. ¡Muer-to!

Ilenia deja el yogur en la mesa y observa, perpleja, a su hermana.

―Papá lleva muerto más de seis años ya, joder.

―Esa boquita…

―Y por mucho que tú quieras lo contrario, los muertos no hablan.

Laura se levanta y golpea la mesa con ambas manos.

―Porque están muertos, ¿entiendes? ¡MUER-TOS!

Ilenia repite el gesto con el que antes silenció a su hermana, sin efecto. Laura se lleva las manos a la cabeza y se tira de los pelos.

―Estoy harta ya, harta de esta pantomima.

Las dos miran al viejo oso de peluche.

―De esta puta mierda.

Ilenia es ahora la que se levanta y golpea la mesa con ambas manos. Las dos hermanas se enfrentan con la mirada. De los ojos de Laura se escapan lágrimas.

―Que sea la última vez, pero la última, qu-

Entonces Laura chilla un no con un timbre muy agudo y alarga la mano para agarrar el oso de peluche. Su hermana responde con el mismo grito y también estira el brazo. Las dos sujetan al oso, al que le tiembla la barriga, de cada lado. Y tiran. Y tiran.

―¡Suéltalo!

―¡Suéltalo tú!

―¡Que lo suel-

El oso de peluche se desgarra por la cicatriz de su barriga y una nube oscura se dispara hacia el techo. Al tiempo que las cenizas caen sobre la mesa y las dos hermanas, Laura sale despedida y se golpea la nuca contra el bajo de la nevera, que se abre. En el borde del segundo estante, el último yogur de coco tiembla.

Publicado la semana 1. 05/01/2019
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