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Omduart

Un universo compartiéndose VIII

Un marca-páginas románticamente histórico

 

Aquel hombre protegía de la lluvia el libro que venía a devolverme resguardándolo debajo de su gabardina. Parecía venir de otra época, incluso usaba sombrero de ala. Me trajo la novela “cumbres borrascosas”. Llovía como el mejor día para leer del año y yo iba a irme a casa cuando vi al caballero. Sonreía mientras me lo daba, me contó como su vida había cambiado, que el rencor que le guardaba a su ex-esposa desapareció al terminar la lectura de la carta camuflada en forma de marca-páginas. Yo no sabía de la existencia de ella y no podría haber evitado ni queriendo, que no quería, interrogarle al respecto. Podéis creerme cuando os afirmo que toda esta historia vale la pena narrarla pausadamente, un día de húmedo y nublado como hoy, en un butacón ante una chimenea quien pueda, cubriéndose con una manta quien deba. Recordé cada palabra que me dijo y lo escribí después en mi diario y aquí empieza el relato de Gerardo Amoroso.

 

El relato de Gerardo Amoroso

 

Pues verá, señorita, el día que me topé con su carruaje de libros iba distraído pensando en la malvada de mi ex-esposa, disculpe la grosería, y como le aseguro, ya no tengo esta misma opinión gracias a este maravilloso libro y sobretodo la carta escrita detrás de un calendario tan antiguo usado de marca-páginas. ¿De dónde lo sacó? ¡Es del 1843! Podría estar en un anticuario o incluso en un museo. Además, no es ni de este país, está escrito en francés pero curiosamente la carta se redactó en español. Un español anclado en el romanticismo, si me permite, me gustaría leérsela, bien seguro que le gustará, no tiene fecha y eso lo hace un poquito más intrigante, empiezo:

 

Cada día que pasa aprecio el tiempo que hemos compartido, y entiendo mejor mi decisión de fugarme con Aimé” lo que aflige mi corazón todavía es dejarte sin despedirme antes; si no hubieras dicho aquellas amenazantes palabras el día de san Jeann... Nunca había sentido tanto pavor por perder mi vida como en aquella terrible vez. Te lo recordaré, para que cuando leas esta carta te sean comprensibles mis actos y puedas así perdonarme al fin.

Dijiste, en aquella charla mientras tomamos un té solos tu y yo: “Puedo perdonarte tus descuidos, querida esposa, pero jamás dejaré que me humilles yéndote con otro hombre, yo soy tu esposo y tu eres mía, lo prometiste ante Dios y el padre José, hasta la muerte, no lo olvides” No recuerdo como la conversación nos llevó a eso...

El tiempo hizo estragos en nuestra vida juntos que era tan plena de felicidad en sus albores. Ahora que han pasado los años he podido meditar y me he dado cuenta que todo empezó el día que llegaste a casa y me exigiste la cena sin darme un beso; ni siquiera me miraste. Recuerdo pensar que habías tenido una mala jornada en la imprenta, pero eso se repitió una y otra vez. Simplemente me relegaste de esposa a sirvienta. Entiendo que los abortos te afectaron enormemente ¿crees que a mi no? ¡Yo los viví en mi cuerpo! Eso no te daba pie a tratarme como si estuviera rota, seguía siendo tu mujer y te amaba.

Y entonces empecé a leer una gran cantidad de libros, en especial de poesía. Leí poemas de Victor Hugo, recuerdo bien “Plenitud” que me ayudó a ser valerosa, “Amor eterno” de Bécquer que me provocó melancólicas lágrimas… Y luego empecé a escribir. Entre folios me descubrí a mí misma buscando razones para seguir contigo, formas de reconstruir nuestra relación.

¿Te acuerdas de aquella tarta de manzana que hice para merendar juntos? La traje a la imprenta, creo que todos tus compañeros me felicitaron y agradecieron, tú no.

Un día conocí a un hombre, cogió en el aire la correspondencia que el viento me había quitado de las manos. Él era Aimé y me regaló una sonrisa que hacía siglos que no lograban contagiarme. Aquella noche escribí un relato entero con ese bonito punto de partida. Leí más poemas de amor y me encontré con uno muy corto y preciso, tanto que quiero transcribirlo para que lo leas, de verdad que deseo que te ayude como me ayudó a mí:

 

Sí la llama se apagó no esperes que los recuerdos de ese fuego te mantenga caliente,

¡Enciende uno nuevo! ¡Brilla!

 

Era un poeta anónimo de la ciudad, estaba escrito en la contra portada de uno de los libros que pedí en préstamo de la biblioteca. En la actualidad soy consciente de lo que sentí en aquel momento, ese poema fue el detonante, el cambio de rumbo que debía tomar. Si te escribo esta carta es porque quiero ayudarte a entender que tú también puedes lograrlo, que si me fui fue porque de verdad vale la pena empezar de nuevo. Redacté unos poemas muy distintos de los escritos hasta ahora, hablaban de libertad, del amor, el destino, sobre la mujer, ¡de mí! Redondas caderas y hermoso corazón aunque no pueda parir sí tengo una vida que dar a luz ¡la mía! Y la tuya también, esposo mío, una vida que merece volver a empezar tanto como yo. Te deseo un brillante amanecer con la pareja de tu vida, que el destino no quiso que fuera yo.

 

En paz y con respeto,

Adélaïde

 

«Gerardo rompió a llorar pero permaneciendo sonriente mientras terminaba de leer la carta.»

 

 

Mi señora se marchó con el criado. ¿Usted cree que me enviará unas palabras semejantes algún día? Aunque no me hace falta, no la culpo. Después de leer la novela y esta carta he comprendido que no la traté bien, olvidé quien era antes de ser mi esposa. Borré de mi mente su nombre cuando adoptó mi apellido y para mí era como un adorno en los festejos que organizaba mejorando mi estatus ante mis socios y amigos, una administradora de la casa, la madre de mis hijos y… y también su padre pues yo estaba siempre demasiado ocupado.

¿Se puede empezar de nuevo, señorita?

 

Le respondí que siempre hay nuevos libros que escribir aunque parezca que la historia terminó. Hay un nuevo día y un diferente sol iluminándolo, otra oportunidad de estar vivo, cambiar, iniciar una aventura. Le regalé un bolígrafo y le dejé el libro “Hojas de hierba” de Whitman, espero que encuentre una alternativa que haga mejor honor a su apellido.

Publicado la semana 9. 26/02/2019
Etiquetas
lluvia tranquila de fondo , poesia del romanticismo , un día frío, después de una ruptura sentimental
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