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Omduart

Un universo compartiéndose finalem

El arte de la guerra de Sun Tzu golpeó el corazón de tinta y como todo el mundo sabe, éste, lo absorbió. Pero le dejó una herida abierta, como las venas de latino-américa. Momo caía como una pluma, parecía que escuchaba las partículas de vida que transporta el viento y les ofrecía una sonrisa y una razón para ser amigos. Alicia en el país de las maravillas no tenía miedo. Su precipicio personal solo era el comienzo imprevisible de siempre.

«Un fuertísimo relámpago cortó la acción imperativa».

—¿Estáis viendo eso? ¡La vieja literatura derrumbándose ante nuestros ojos! ¡Somos la redención! ¡El futuro! ¡La nueva letra invencible sin trabas, leyes, normas! ¡Logramos el sueño húmedo de la Thelema! Nuestros libros penetraron el universo compartiéndose y todos se someterán al embrujo divino de nuestra señora, Duusahk Mori.

Rocher Servana gritaba e Indicobal fotografiaba su garganta. La trompa de Edén ya había cañoneado toda la obra editada de su líder y padecía de un gran vacío interior. Se tocaba el órgano aprovechando el calor artificial que desprendía para sentir algo. Puede que el futuro no sea tan brillante como querría pero al menos tendría su trompa para definirse y ser alguien.

El legionario echaba voces igual que Servana pero con sus propias consignas.

¡Muerte a la inteligencia! ¡Aquí mis patines, aquí mi fusil, defendiendo la patria de la vida! Y otras del mismo calibre. El legionario patinaba y escupía, todo estaba en su sitio, metido en una guerra donde él fuera el bueno. Nada más que plantearse. Todo bien. Una búsqueda de la buena muerte más.

Elsa, a diferencia de los demás, sintió un enorme poder entre sus piernas que le dictaba un cambio de rumbo. Se alejó de sus ahora ex-compañeros sin más intervención. Encontró un libro en el suelo. Neuromante se encontró a Elsa de pie ante él, sus destinos se unieron y la humorista se sintió salvada, en paz, como un cable Ethernet plácidamente conectado en su puerto. Perfecto.

La diosa al fin hace su aparición. Una macabra y gigantesca boca se forma vaporosa en el cielo saliendo de todas partes. Duusahk Mori está afuera del ciclo vital y es libre, tanto es así que no pertenece a un plano cambiante y siempre es como fue y será. Servana sonríe, la felicidad lo embarga, consiguió todo lo que se propuso y ya nada necesita.

Un cuerpo impregnado con la sangre de la biblioteca de Babel cae en cascada. Celeste, afirman los testigos. No. Mucho más consciente que eso. Es ella. Se dirige a la deriva literaria, la tierra fría e inhóspita de la realidad, el peligroso y terrorífico mundanismo. Tiene los ojos cerrados, no hay nada que quiera leer y eso da miedo, más que ningún monstruo, divinidad cósmica, terror psicológico o virus. Ella fue el brazo ejecutor que catapultó el Arte de la guerra. Aprendió una nueva lección cuando el corazón negro lo devoró… que extraña es la vida.

Ahora se preparaba a probar otra cosa, El Aleph prometía buenos resultados pero la probabilidad de acierto se mantiene alrededor de cero si estás precipitándote contra el suelo con los ojos cerrados y metida en líquido translúcido y de espesura considerable. Y, una vez más (siempre hay una más), ocurrió. Abrió los ojos como un par de páginas. Se fundó una nueva capital. Una plurireal. Constaba de ríos en infinitas (a ser posible) direcciones y todo tipo de formas de vida imaginables flotando por encima, debajo y dentro de ellos. Muchas de esas «La lluvia torrencial interrumpió la narración por unos micro-segundos casi inexistentes» formas morirán ininterrumpidamente y nacerán otras en los instantes paralelos y perecerán también y seguirán habiendo ciclos y radios, ruedas y radios…

Respira. Indicobal captura esa inhalación tan poderosa. Valeria destaca una serena sonrisa y el suelo se hunde o se esconde, avergonzado de su concepción de la realidad. El soñador, en su flotabilidad onírica, brinda la oportunidad y una mano que ni él «Un vendaval muerde la ventana» mismo puede ver (nadie puede), ella la acepta y con ese sencillo acto, Valeria se convierte en un péndulo. El soñador es un péndulo y ambos destrozan la imagen de la realidad hasta hacerla irreconocible. «El cuarto movimiento suena desde algún lugar de la calle». Los libros es lo único que no resulta ser una ficción estabilizada hasta lograr la firmeza de la fe pura. La letra, esa expresión viral que se apodera de cerebros de monos sobre-desarrollados pervive en un caótico orden. Qué cosas que tiene la vida. Vivimos en un mundo raro y muchos no se atreven a admitirlo.

El universo compartiéndose continua sembrando volúmenes, gira y da vida a ríos y cascadas. Valeria y el soñador Oama flotan y caen, resbalan y se deslizan, fluyen y respiran y comparten…

«—Creo que esta historia no me dará un final… es implicaría que dejara de compartirse…»

Un beat ofrece una vibración y Indicobal la retransmite:

Valeria Está preparada. Lanza El Aleph y en él está el soñador (como el resto de narrativas posibles). El Aleph alcanza a Mori y rompe su nariz, embrujo e ilusión de poder.

El robot sigue disparando fotografías y captura en ellas la verdad. Servana se flagela a sí mismo, Edén está fuera de control y su trompa es su cerebro, Elsa saltó dentro de Neuramante y la conexión fue absoluta, el humor se puso serio y se convirtió en un niño borracho. El legionario patina perdido en otro tiempo, como si el pasado fuera un presente perpetuo que no avanza, que no crece ni cambia. «Alguien toca el timbre, pero no hay «nadie» que pueda abrir».

Oama y Valeria permanecen con los ojos entre abiertos cada uno en su mundo que comparten otro uno mayor, como la realidad. Flotan y caen sin llegar jamás a tocar la superficie.«Un sobre oficial asoma por debajo de la puerta de entrada, pero no importa, nada importa». La fluctuación del tiempo, el aire, el agua, el agujero en la pared que todo lo que muestra, el baño de espejos, las palabras, las bellas y virales palabras que todo lo invaden y conquistan; esa totalidad que es ente y no lo es a la vez, se siente compartida, expandida y su final, un invento pobre, una ilusión que no alcanza a convencer.

Publicado la semana 52. 28/12/2019
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