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Omduart

Un universo compartiéndose XXXIV

La desembocadura es una espiral que escala el viento.

 

Parte uno

 

 

«Un carro sobrevuela por encima, dentro y alrededor de las cabezas de cada uno de nuestros protagonistas. El líquido traslúcido y ligeramente más denso que el agua lo transporta, igual que los soñadores se deslizan por la gran biblioteca de babel y en los mismos miles de lenguas…

Versículo improbable e imprescindible del libro de la literatura imaginaria».

 

Un soñador con los ojos entre-abiertos

Disculpen que insista, ¿Conocen algún cazador de setas que haya encontrado a Dios en la montaña? ¿Y algún cultivador de café árabe que descubra entre los arbustos de los cerezos sagrados de Kawa a un demonio? Estoy seguro de que toda alma puede imaginar con total claridad a una serpiente saboreando el aire, persiguiendo el calor vertiente de esos cuerpos que gozan de sangre en movimiento, rebosantes de aliento, de la calidez de la existencia.

De repente, parece que solo el Tao podría dar una explicación plausible de todo el embrollo desarrollado. Miraflores, rosas azules, infantes y cómicos, fuego, libros, miles de libros. Editores endiablados y fanáticos y fantásticos , cacofonías que no quieren disentir de ser una rima hermosa, aunque te disgusten, maldito lector experimentado y aglutinado. Alcohol. Asesinatos, religiones, látigos negros, calendarios amorosos e históricos, pollos vengadores y arrepentidos carnívoros, sacrificios, vientos y sueños, maravillosos sueños que no terminan… gente perseguida y robots naciendo de una fotógrafa secuestrada. Mesías y nuestro querido Borges. Heridas, tantas como lecciones (infinitas e inapelables).

Campos santos, parques verdes, editores observando y rezando. Poesía, postmoderna sin métrica, libre, perdida, creída y, con toda probabilidad, baja, pobre, bella y latida. Sincera sin embargo. Comas y puntos también, comida rica y muchos animales y animalistas. ¿Qué podrías echar de menos?

Me confieso plurirealista, recolector de firmamentos, reconstructor de muros (de los que no separan ni encierran) que son los mejores lienzos y, por encima de todo, un amante de la vida rebozado en melancolía, como de arena en la playa que no se quita y a veces parece mi propia piel tostada por el astro rey. Brilla, literata, seguiremos cantándote como los pajaritos en el amanecer. Aunque nos tortures, asesines y secuestres. Nunca faltarán un par de ojos admirando tu belleza, tan cegadora en ocasiones y ocasos carmesíes. Lo peor, y nadie lo negaría jamás, es que nos olvides, porque este canto es nuestro amuleto, nuestra tierra firme bajo el pie.

 

El editor de las gafas del rock mágico

El cielo vibra poderoso, como la mejor de las CPU. Frecuencia muerta, lluvia y un mundo que ya se puede vivir en el presente más real.

El carro está listo para recibir mis manuscritos a golpe de látigo negro. La comedia en su verdadera forma, la trompa, el sexo definitivo ¡eyaculará las obras! Ríase ahora, señora, no hay ley que prevalezca más allá que la divina commedia. Crece, rosa, crece y que tu celeste sea apreciado por todas aquellas frágiles mentes. Legionario, atenta contra el enemigo de la patria, ataca, agrede, fulmina, purifica. Señora de la palidez, ya puedes mostrarte en tu forma etérea, siempre presente como el aire, que el rezo te sea propicio y Diosa Mori venga a nuestro encuentro.

 

Y si fuera un túnel (Y existiera la luz en su extremo)

Firmón nunca terminó de explorar el fantástico mundo que habitaba. No es que se perdiese en aquel laberinto de portadas y sinopsis, contra-portadas y nombres de autor en rojo mayúscula, más bien, le ocurría que se encontraba atrapado en una trepidante y sumergida lectura a cada paso que daba.

Pero eso era antes, cuando su mundo estaba a salvo, en equilibrio. En la ferviente y temerosa actualidad, la realidad es una tormenta. Rabiosa. Estallando. El gran agujero negro aumentó la absorción y en contraposición, los agujeritos deben expulsar luz, su luz, SU SER. Firmón encontró algo inesperado, un hombre. Ese homínido distinguidamente raro como la vida misma, estaba dormitando con los ojos abiertos pero observando por dentro. Oama, susurraba Firmón. Oama, arriba, el sueño nunca termina, el sueño eres tú, un eterno viajero, ¡despierta!

Oama parpadeó, de su ojo izquierdo se formó una acuosa capa brillante; se reflejaba el arco-iris en ella y fluyó. Una esfera deformándose en una vertiginosa bajada se acercaba a la fauce cerrada que es la entrada, el despertar.

Parpadeó de nuevo, y una tercera vez más.

El líquido translúcido y medio pesado inundó el universo. Firmón se montó encima de Oama, que estaba olvidando su nombre otra vez mientras se situaba en cruz, como un cadáver que flota en el mar; conocía muy bien esa sensación de irrealidad y sabía que lo mejor es siempre dejarse llevar, fluir viento a favor en el océano onírico.

Una espiral marítima eleva cada cuerpo celulocico-planetario, a Oama y Firmón, quién se siente como un capitán dirigiendo el navío que es su compañero soñador. El elemento de agua vibra, se escalda, se asoma más allá de su firmamento que de firme no tiene ni tuvo nada. Una erupción literaria nace en el mundo. Se puede observar al mago editor sonreír y a sus secuaces sufrir y arrepentirse. Está ocurriendo. Una lluvia de libros ataca a la tierra. Edificios, mujeres, hombres y otros habitantes son abatidos. El soñador se mantiene a flote, junto a Firmón, en su trance natural tal y como vino al mundo.

El editor conjura, apunta y dispara con toda su fe y fuerza sus ediciones usando su látigo negro de lanzadera. No puede dudar, le va la vida en ello, debe acertar, sus trabajos que le llevan la salud e integridad tienen que alcanzar el universo flotando y rechazando, tan alterado y nervioso, caótico, fuera de todo control.

El soñador cayó en el pasado; en sus recuerdos difusos y perfectos. Concretamente en su pubertad, donde tenía derecho a la confusión, vacilación constante, errores habituales, quejas, debates, fe inquebrantable sobre cualquier tema absurdo o no, con conocimientos y sobretodo sin ellos. Soñaba que estaba tumbado en un prado, escuchando el río bajar y las moscas volar. Revivía la experiencia de estar vivo sin más necesidades que respirar. Lloraba por dentro, con un miedo atroz a las afueras. Como la naturaleza de la literatura es un misterio que pocos se acercan a descubrir; el universo compartiéndose inició un tornado a su alrededor y ahora los libros dejaban de caer y circundaban el radio del carro, el soñador y Firmón permanecían en la parte más alta.

Indicobal sobrevuela por encima de las nubes. Servana pensaba que podría controlarle, pero no, él es el caos ordenado, no hay leyes por encima de Indicobal. Por eso no obedece y fotografía con libertad el espectáculo, comparte las imágenes con todo ser capaz de observarlas a través de su basta red. Todo está conectado, los libros fluyen, el universo se expande, todo está conectado.

Publicado la semana 51. 19/12/2019
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