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Omduart

Un universo compartiéndose XXXII

Las obras de la literalidad mágica

 

«Nuestros padres rompieron el techo para ver qué se podría crear más allá del cielo. Nosotros derrocamos los muros a cabezazos e incluso el suelo con nuestras obras. Ya no hay lienzo, no queda estructura alguna donde amarrarse. Somos libres. Capaces de todo. Estamos perdidos.

Manifiesto proto-plurirealista.».

 

1.

Tiene que estar por aquí; estoy seguro. Debe estar… en algún lugar. ¿detrás de ese árbol? En el arcén no la veo… Ese metal del suelo... ¿es mi llave? Oh, un pedazo de carne chamuscada la sujeta y no puedo arrancársela. ¿Y ese rostro? El retrovisor no puede seguir siendo un espejo, ya no queda reflejos en él. Esos colgajos no podrían ser mi cara.

¿Dónde está? ¿A dónde se fue mi moto?

Tiene que estar por aquí; estoy seguro.

 

2.

—Te digo que no es por aquí.

—No pudimos equivocarnos, las señales son claras y precisas.

—Que cabezona que eres, no…

Las inseparables mujeres observan una pila de madera de un tamaño tan colosal que les corta la conversación y la respiración por unos segundos.

 

—¿Tu crees que esto le pertenece a ella?

—Bueno, sabemos que nadie se atrevería a vivir en el bosque de Threewood con excepción de la matriarca lunar.

Un gato negro da su aparición desde detrás de la pila. Su cola se eriza y toma forma de signo de interrogación; voltea su cabeza con arrogancia.

 

—¡Mira! ¡tiene que estar aquí, seguro!

Esas dos mujeres, pegadas una con la otra, deciden explorar el alrededor. Ambas saben quién buscan, la conocen, la necesitan.

Una bella mujer de pálido rostro las sorprende surgiendo de sus espaldas. Interna un grito ensordecedor que le provoca un agresivo temblor entre sus costillas.

 

—¿Qué demonio os trae a mi bosque? —dijo, palidísima.

—Somos las hermanas Lumi, nuestra familia murió y estamos aquí para unirnos a la suya.

—¿Las hermanas Lumi? Solo hay un clan de brujas que se llamaba así y fue exterminado hace más de veinte años.

—Acéptanos o asume tu chamuscado futuro. No hay más refugio en el bosque.

—¡Osáis amenazarme en mi santuario! terrible ofensa, os partiré en dos, ¡monstruos!

—Nuestro cuchillo está más afilado…

 

 

—Te digo que no es por aquí.

—Que sí, mira el rastro de sangre, solo tenemos que seguirlo y encontraremos su cabeza. Sería más fácil si controlases tus fuerzas.

—Sí, lo sé. Pero mira que hermosa hoguera, parece de día.

—Sí, y pronto seremos tres hermanas, ve preparando el hilo y la aguja.

—Te digo que no es por aquí.

—No pudimos equivocarnos, las señales son claras y precisas.

 

3.

—Perdóname padre porque he pecado.

—Encontraremos juntos la redención, hijo, no te dejaré solo.

—Hija.

—¿Qué?

—Que soy una mujer.

—Ah, disculpe.

—Vengo a confesarme de un pecado terrible, padre.

—Te escucho, hija, no tengas miedo, todo queda entre tú, yo y Dios.

—Sí. He cometido el pecadillo de la envidia.

—Muy propio de tu sexo, hija mía ¿y qué o a quién has envidiado, hija?

—Verá, ¿usted conoce a Freud?

—¿Es un vecino del pueblo?

—No, no, padre, el doctor Sigmund, Sigmund Freud.

—No, pero cuéntame, hija.

—Se lo explicaré todo, padre. También quiero decirle que estoy dispuesta a devolver lo robado.

—¿Robó el objeto que engendró su envidia?

—Sí, no pude evitarlo. Empiezo:

Fuí esta misma mañana a ver a Diego, mi psicoanalista. Él me estuvo hablando sobre el dr.Sigmund y su teoría sobre las mujeres. ¡El caso es que recibí una revelación! Se lo juro, padre, nunca había sentido algo así en mi vida. Diego me dio la respuesta a mis problemas. Eso pensé. Pero aquí estoy padre, arrepentida, a su merced para que me castigue como crea conveniente.

—Pero explícame, hija, ¿Le robaste a Diego, tu psicoanalista?

—Sí…

—¿Qué le robaste?

—¡Su pene! Al que no puedo tener aunque lo corte y me inserte… perdóname padre porque he pecado.

 

La publicación

¡Sí! Eso es lo que se debe publicar. Toda una libre circulación de creativa sangre.

Bebed, mis queridos y adictos lectores, disfrutad del horripilante final que irremediablemente se alcanza; escondido detrás de la última página.

Mi plan se conectó con los últimos nodos. Todo está preparado. El cielo en frecuencia muerta, mis secuaces golpeando con realidad a la frágil materia de la creencia humana y el universo compartiéndose sin rumbo ni control generando la última espiral que lo absorberá todo. La sangre corre, impregna el aire, mis novelas penetrarán el carro y Duusachk Mori será libre como antaño, recibiendo sus legítimos sacrificios eternos. Venderemos el mercado y la literatura tendrá el amo que necesita, las espaldas donde reposar y ser, por fin, uniforme, monorealista, estable, dura, sincera, verdad… ¡UNA PROMETIDA Y AUTÉNTICA ROSA ROJA!

Publicado la semana 49. 04/12/2019
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