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Omduart

Un universo compartiéndose XXX

La fábula de la literalidad

Apoyada en la pared de la fuente central del parque, por ahora seca, una bella niña de plateada melena, sujetaba un libro con la portada y contra portada decoradas con líneas de miles de colores que se dirigían hacía TODAS las direcciones cuando una interrupción amistosa preguntó:

—¿Qué estás leyendo?

Dijo una dulce gitanilla de trenzada melena a la más azucarada niña de un tierno año menor que la cuestionadora. La jovencita sonreía y su rostro dibujaba íntegramente las posibilidades que una carita de lectora podría gesticular. La melosa chiquilla estaba interesada en una respuesta menos completa pero lejos de desanimarla, esa expresión facial que reflejaba la totalidad de sus opciones le alentó a insistir.

—¿Es un cuento?

Con un gesto de invitación y acomodamiento a su lado, la jovencita siguió muda para su nueva amistad. Y ocurrió. La magia se mostró en la absoluta esplendor de una infancia sin perturbar. La verdadera magia está en todas partes, en miles de actos que ignoramos o dejamos que pasen desapercibidos. Los infantes en cambio, mucho más sensibles y permisivos ante la sorpresa y curiosidad, dejan que la magia fluya por sus venas, resbalen por su tez y entre y salga de un libro a su mente… y ocurrió. El libro se abrió más allá de los aburridos y cuadrados 360 grados.

 

Como lo cuento

«Un juglar recita las gestas de gentes y animales tan lejos de la nobleza que sufre un desempleo terrible, incluso para ser un bufón».

Así fue como pasó. Lo juro por todos los dioses. Vi con mis propios e incrédulos ojos como un niño desnudo montaba un oso y juntos remontaban el río Sena. El oso lanzaba peces al aire y el niño los capturaba con sus manos, les rompía el pescuezo o lo que un pescado posea y se los repartían. Un puñetazo salvaje fue lo que recibí, metafóricamente, al ver aquel jovencísimo chiquito devorando los ojos del animal con sus espinas enteras trituradas entre las bravas fauces de la criatura.

Así fue como pasó y así lo canto yo.

Otra fascinante aventura relata la historia de una bruja. Una palidísima bruja norteña que se fue a perseguir la leyenda de un libro mágico, perdido, se dice, en las selvas indias. La leyenda cuenta que los niños que leen cuentos antes de dormir son visitados por esa misteriosa mujer, que les interroga acerca de su libro. No usa violencia alguna, sus armas son una mirada penetrante y una confianza ciega en sus palabras que exacerba el alma. Toda una religión cobra vida alrededor de este personaje… ¡Yo la conocí! se llevó mi libro de poemas y la vi desaparecer de un parpadeo.

Así fue como pasó y así lo canto yo.

Cantad conmigo pequeñas muchachas, la canción de Atenazando el miedo.

Esos latigazos que ya no quiero darme,

esa penumbra que dejó de asustarme,

y esos demonios a los que no alimentaré más,

Adiós miedo, adiós, te quedas atrás.

Adiós, Duusahk, adiós, te dejo sola en la oscuridad.

Ahora deseo brillar como una estrella que permanece esperanzada,

en un hermoso cielo que nunca termina de caer por mucho que llueva,

la rueda se rompió, no hay serpientes, ¡Es el fin del Uróboros!

Adiós, temor, adiós, te quedas atrás,

adiós, Mori, adiós, te dejo sola, en la oscuridad.

 

—¡Sí! Y entonces vamos juntos con el juglar a bailar por el cielo; brillando como estrellas.

—¡Oooh!

—El juglar toca una flauta de la que salen leprechaunts que bailan a la irlandesa mientras zarandean jarras de cerveza de la que rebosan monedas de oro.

—¡Sí! ¡Y qué más ocurre?

Llegamos a una nueva tierra, una hermosa, donde no hay niñas pobres que vendan llaveros a los turistas, ni pidan monedas delante de las iglesias; es un sitio donde la gente siempre sonríe y nunca tiene hambre. Un lugar donde las mamás tienen tiempo para hacer pasteles y dejarlos reposar en la ventana, sin que nadie quiera robarlos. Un país que no necesita policías porque no tiene gobierno más allá de la propia organización de las personas que se unen para alcanzar metas comunes. Y hay chocolate gratuito para las niñas que aprenden a tocar un instrumento, y caramelos para los niños que descubren como cantar bonitas canciones. Regalan flores a las casas que les falta color, no permiten que nadie esté triste, cuando eso ocurre, alejan las lágrimas con abrazos, consuelos, ánimos, cantos, rica comida y compañía… ansiada y perdida compañía.

—¡Qué bonito! ¡Vivamos ahí!

Afirmó la bella gitanita. Ese grito de alegría alertó a un hombre que estaba sentado en un banco cercano, observando la relación entre las dos niñas y ese objeto alado y mágico que tenían en sus manos. Vislumbró la esencia de la vida. Exactamente lo que quería poseer. Literalmente, acababa de descubrir el más grandioso y preciado poder del ser humano. Aquel hombre se llama Servana y su nuevo proyecto por fin sería bautizado:

La literalidad mágica.

Publicado la semana 47. 22/11/2019
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https://www.youtube.com/watch?v=aG1wLzyqR1Y, peace ful and positive music , Valeria, Una filosofia (sana) Mr wonderful (sin mierda), niñas jugando felizmente, un dia soleado realmente bello, un positivismo creíble
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