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Omduart

Un universo compartiéndose XXVII

Lo de adentro parte 1

 

«En la profundidad de la caverna aguarda desde la más remota antigüedad la emoción primeriza, el terror, el peor de ellos, el miedo a uno mismo. A no ser libre de los deseos, peligros y dificultades que propone la existencia.

Nadie te obliga a vivir, ni te enseña como hacerlo».

 

Fuego camina conmigo, aleja las tinieblas de este desprotegido mundo que habitamos. Rezo para que los demonios no vengan a mi encuentro. Ellos siempre me observan y esperan. Tienen tiempo, todo el tiempo que hay. Yo en cambio aguardo a mi clan que lleva noches sin regresar.

Afilo mi lanza frotando su punta de piedra con el suelo como me enseñó mi padre. Me esfuerzo por comer y beber lo imprescindible. No quiero decepcionarles.

La brasa se debilita junto a mi espíritu. Soy un mal guardián; se lo digo cuando parten. Mi vista me traiciona, las llamas fatuas me engañan. No sé ni apilar leña. A la vuelta de la caza, mi familia siempre me envía a cortar madera por toda la que he malquemado. Idiota, me llaman. Una piedra tienes por cabeza. Deberíamos echarte, no mereces la carne que traemos, afirman y amenazan. No puedo responderles más que con un vergonzoso silencio.

Temo a la oscuridad, no puedo permitirle acosarme. Para darme fuerzas, pinto con la flor de lágrima draco pulverizada en los muros. El espíritu de draco puede entrar atravesando el color y vestir de luz nuestra cueva. La luz de la fogata crea sombras hipnóticas, no dejo de seguirlas con la mirada.

Oigo un chasquido, pero no parece la señal de regreso. Una voz bronca, fría y distante rebota por la caverna:

 

—¿Hay espacio alrededor de esas llamas para un extranjero? Estoy solo, evito el frío que se pega a mi alma como el gato a la gata. si pudieras ofrecierme un poco de calor y reposo, le daría fluidez a mi helaaada sangre.

 

El extranjero se presenta manteniendo una distancia prudencial, puedo ver su silueta difuminada. Está solo, no es alto ni fuerte en apariencia y de verdad que parece estar necesitado… quizá juntos podamos pasar mejor el tiempo hasta que vuelva mi clan.

 

—No le puedo dar comida, pero si compartiré gustoso agua abundante y el calor de la hoguera. Acérquese despacio.

 

La sombra se deja ver. Oh, dios mío. Un esquelético hombre pálido da unos pasos hacía mi. Está casi desnudo, un tapa-rabos de cuero le cubre el sexo y lleva varios amuletos de dientes y otros huesos colgando del cuello. Diría que es un chamán exiliado.

—No se acerque más. Debe prometer por sus dioses que no está maldito; que ningún veneno acecha su vida y que nada me va ocurrir a mi por compartir el mismo espacio.

—Nada le ocurrirá que no le vaya a suceder de todos modos. Yo no soy peligroso. Le aseguro que si alguien le hace daño serás tú mismo. Vivo para servir.

 

Cojo mi lanza con fuerza.

—¿Y a quién sirves?

—¡A mi señora Duusahk Mori, la diosa del látigo negro! Ella me guió hasta aquí y me pidió que te conociera. Ella suele querer la sangre y el dolor de los vivos para su beneplácito, pero no la tuya. Quiero confiarte algo. Primero, me gustaría contarte un relato si tus orejas quieren escuchar.

 

—¡Eres un asesino! ¡Maldito, atrás!

 

—No, señor, repito que no causaré el más mínimo daño.

 

El delgadísimo extraño se acerca un poco más. Puedo ver que tiene varias ataduras en las piernas y brazos. De ellas cuelgan pequeñas maderas afiladas y puntiagudas y otras de piedra igual de amenazantes. También aprecio varias heridas. Sangra de ambos callosos pies y en su brazo derecho lleva enrollado una cuerda que jamás había visto. No está hecha de ningún material que conozca. Su aspecto asusta. Me coloco de lado y avanzo la pierna, tenso mis músculos y levanto mi lanza.

 

—Aún no puedes matarme, cada instante tiene reservado su momento. Le traigo un gran presente, solo debe ser paciente, escuchar con atención.

 

Ese ser misterioso se acerca un poco más y toma asiento en el suelo dejando la hoguera entre él y yo. Ahora puedo ver que también tiene una larga barba blanca como su piel. Sus ojos están medio cerrados y uno de ellos le tiembla constantemente. Tiene una cicatriz en el cuello que aún no terminó de cerrarse. En el peor de los casos, podría matarle sin esfuerzo, no tiene la vitalidad para defenderse. Respiro, me calmo, sea quién sea ya no es un peligro para nadie. Es más, aunque quisiera ayudarle le deben de quedar días de vida.

 

—Esta bien, te escucharé. ¿Agua?

 

—No, dejé de tomar cuando Mori me abrazó con sus garras y se llevó mi pútrida piel con ellas. Tan solo le pido que me oiga con atención. Estoy aquí porque debe atender la súplica del sufrimiento. El verdadero honor que es tener un único temor… de uno mismo y su debilidad. Todos somos débiles, escoria, nada nos merecemos más que acercarnos al dolor y dejar que nos abrase.

 

El viejo pone su mano en las llamas y deja que le queme. Huele parecido a cuando cocinamos conejo, tengo hambre, y este ser tan horrendo no deja de demostrarme que está loco, los dioses lo han condenado.

 

—Observa mi mano deshaciéndose. Fíjate y veras la mano de Duusahk Mori, que la estrecha suavemente. ¡Mira con atención, el dolor es vida! Estar vivo es sufrimiento!

 

Un trocito de carne de la mano de ese fanático salpicó en mi labio inferior. Noté un sabor metal cenagoso. Sacó su zarpa carbonizada del fuego con calma, y vi o creí ver como la humareda negra que brotaba de su piel se desligaba de sus tostadas falanges. ¿Qué clase de brujería le permite resistir eso sin ni un solo gesto de dolor? Y ese rostro de confianza plena en sus actos…

 

—Permíteme continuar con mi oratoria, Mori debe recibir su sacrificio en el momento que lo exige.

 

El desgraciado hombre desenrolló ese látigo negro y empezó a azotar su espalda. Cada latigazo resonaba como si lo diera contra la tierra. Duro como la roca. Algunas gotitas de sangre salpicaban esparciéndose en todas direcciones.

—¡Alabada sea! señora de la sangre heredada, la culpa y lo nimio. Todo por tu perdón, por la gracia de devorar nuestra carne.

 

El hombre paró y me miró con fijación. Colocó su arma castigadora en el fuego y de él salió un espeso humo gris rosado que ocupó toda la cueva.

 

—Presenciarás tu mismo la verdadera fe, la única. Venimos a sufrir por Duusahk Mori y nadie escapa.

Publicado la semana 43. 23/10/2019
Etiquetas
Duusahk Mori, el terror, primigenio, atrocidades, cuevas y cavernícolas, fuego camina conmigo , los inicios del miedo
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