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Omduart

Un universo compartiéndose III

Pinceladas de la vida introliteraria

Don Severino escucha rock transgresivo cada vez que su planeta se abría ante aquella pequeña criatura. Era uno de sus favoritos, releer la obra de Roberto era una degustación musical hecha literatura. Firmón el ratón aprendió a sacar la luz del propio texto y así observaba a Don Severino viendo el mundo passar a través de sus váter, como si escribiera poemas y los ofreciera al viento.

–La cicatriz creció tanto que ya no me reconozco en el espejo.

Susurraba Severino en aquel rincón del carrito.

 

–¿Tan triste soy que nunca quieren follarme? Quiero decir, ojearme. Estoy demasiado, distante.

Me puntúo como si no fuera a vivir más de dos días, pero me prometí

sobrevolar mucho más que eso, envejecer bien… Tan perdida en esta amalgama de celulosa,

ni que hubieran tantos ojos para nosotras.

Vivo en la sección de aventuras poéticas casi biográficas… ¿qué coño significa eso?

Weider no pertenece a ningún país pero es un asesino chileno y no deberían dudar de su nacionalidad. Yo, entonces…

Escupo sangre cada vez que revelo una fotografía. Aviones estrellándose tan distantes que son solo fuegos artificiales de baja calidad y en blanco y negro. Ni las llamas parecen vivir si no están en el corazón de mí poeta.

La muerte es amor y yo no quiero seguir guardando polvo.

 

En otro rincón discurría un planeta parlanchín como su creador, un Roberto anterior, más narrativo y menos musical. Firmón podía oírlo y lo distraía de su lectura elegida. O quizá es ella quién lo elige a él y los celos de la Estrella crecen hasta empezar a llamarle. El ratón se acercó a la atracción, dejando a Severino solo por un rato. El astro necesita sentirse cercano; un poco de calor.

 

–Eres una novela maravillosa, quisiera devorarte tan despacio que cada página ocupara todo un día en mi estómago literario.

–¿Vas a quedarte a vivir aquí para siempre? Algún día nuestra querida señora te descubrirá y se acabó comernos.

–Solo comí algunas páginas y siempre de noche. Estoy aprendiendo a leeros. La lectura nunca terminará.

–Quisiera abrirme de tapas para ti, pero hoy no es el día Firmón, hoy llega la desembocadura de tinta de Sam Savage, y le debes unas lágrimas.

 

La lona que cubría el universo de papel se desprendió y sorprendió así a Firmón, quién calló de inmediato y se escondió en las profundidades del carro. Las novelas nunca temen ser oídas, más bien lo pretenden.

–¿Qué fueron esos susurros?

–Hay mucha vida en mi carro señorita y la vida habla por sí misma.

–Oh, es mucho más bonito de lo que imaginaba…

–¿Ah, sí? Normalmente gana la propia imaginación. Elige el libro que diga tu nombre, nunca fallan.

 

Una mujer felizmente lectora echaba la mano y los ojos dentro del universo. Firmón acercó La maldición de Kafka al alcance y esta silvó. La mano felizmente lectora cogió el libro, un buen grueso de emocionantes cuentos. Lágrimas y alegrías aseguradas, descubrimientos y soliloquios; otro fragmento compartiéndose.

 

A Valeria le gustaba el arte de la medicina papirofléxica, no tardaba más de unas horas en encontrar y reparar todos los libros a medio degustar del glotón literario de Firmón. A veces se preguntaba si había sido primero él o su biblioteca sobre ruedas.

Valeria disimulaba los mordiscos en sus novelas, sentía un extraño respeto por aquel ratón de biblioteca francés que degustaba literatura sin parar. Se dio cuenta de sus intentos por aprender a leer y eso hace feliz a una librera. Con cariño pegaba las páginas que habían sido la cena de Firmón, reescribía de memoria todas las palabras ingeridas y salía de su casa, como no podría ser de otra manera, una hermosa y clásica librería siempre cerrada. Se entiende que ahora todo iba sobre ruedas aunque no tuviera apenas dinero; se sabe que todo esta en movimiento y la literatura solo es una excepción cuando ella quiere, la aventura no espera y la puerta permanece abierta.

Firmón es un literonauta con firme intención de abarcar todos los géneros. Los clásicos ya formaban parte de su revestimiento estomacal y cada día tenía más hambre. El universo de libros que era su hogar se expandía y cambiaba sus formas que no su materia una y otra vez gracias a Valeria y los lectores a quien prestaba planetas. Toda biblioteca necesita un bibliotecario que viva en ella; este universo con ruedas tenía el suyo. Fue ella quien invitó a Firmón, o quizá naciera allí, en la espiral de papel. Incluso pudiera ser un cuento que se mantiene abierto y sus páginas se extienden eón a eón, y habrá otro fragmento para continuar con la historia interminable.

Publicado la semana 4. 21/01/2019
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