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Omduart

Un universo compartiéndose XXII parte dos autoconclusiva

Una actuación libre de ofensas:

El humor binario

 

Es como si siempre hubiera sentido mi verdadero órgano fantasma. No reconocía mi pene. Para mi era una malformación aunque no pudiera explicar porqué ni siquiera entenderlo conscientemente. Ahora sí, al fin respiro feliz… Mi trompa electrónica, el miembro sexual binario que el ADN no desarrolló tan rápido como nuestro cerebro fue capaz de imaginar, reproducir e implantar. Soy Eden, y después de pensar que era una chica me di cuenta que ni mi cuerpo ni mi alma podían etiquetarse en el patrón simple de hombre/mujer. Hoy todo va bien. Ya soy yo misme. Sexy, fuerte, penetrable y empotradore, imaginable, auténtico, joder, innegablemente sincero.

¿Debería haber empezado con cierta delicadeza? Sé lo que en realidad os preocupa, es el morbazo que os da descubrir lo qué escondo entre mis piernas ¿no? pues os jodéis que por lo que habéis pagado no os lo mostraré. Me llamo Eden, vivo en Madrid y aún no han hecho un lavabo que me represente; por eso suelo mear entre puerta y puerta y follar en ambos. Ellos y ellas disfrutan de chuparme la trompa y de que se la meta por el culo. Cuando superan la impresión que hace penetrarme, suelen decirme que han alcanzado el paraíso. Les sonrío y alguno me responde vociferando mi nombre. Me caben botellas de 75 cl dentro, imaginad lo que puedo esconder. Jamás ni un solo policía ni guardia de ningún tipo se atrevió a meter sus manos ahí, tienen miedo de que se trate de la guarida de serpiente. Una vez, en un aeropuerto, un guardia de seguridad sud americano llegó a bajarme las bragas. Con lo de la ropa interior no podéis juzgarme eh, sigo siendo no binario y decido usar tangas y bragitas por placer y comodidad. El caso es que el hombre sentía curiosidad, quizá tanta como temor. Eso lo llevó a quedarse genuflexionado delante de mi, observando mi “e-sexo” con detenimiento y los guantes de látex enfundados. Se me puso erecta, inevitablemente, olía corrosivo y no parecía incomodarle. Veréis, mi trompa es biomecánica, pero no tiene ningún tipo de control externo como sí lo tendría un dispositivo electrónico. Eso significa que, técnicamente, funciona igual que vuestras vaginas y penes, orgánicamente, parcialmente bajo control, instintivo, químico, hormonal. No se atrevía a tocarme pero tampoco dejaba que me fuera, esa situación se alargó diez minutos que en nuestras pieles fueron cuarenta. Al final, un impulso valeroso o suicida me obligó a meterle mi trompa en la boca. Bueno en sus labios cerrados y apretados. Me golpeó como acto-reflejo. Me metió todo su puño dentro y pasó algo horrible. La bolsita que llevaba de vuelta de mi viaje en Colombia sufrió un desbarajuste, agujeritos pequeños como para no desvanecerse y caer fuera de mi interior. Eso no fue una gran suerte porque me excitó tanto que me corrí. Habrá quién se pregunte cómo es eso, tratándose de una persona no binaria, decir tengo que es potente y sorprendente, incluso para mi. Unos flujos parecidos a la orina acompañan y rodean ese líquido más viscoso que solemos relacionar con los hombres pero que sin embargo no hay semilla fértil en él. Okey, puedo ver en vuestras caras que esto alcanza y sobrepasa vuestros estómagos llenos de hamburguesas del Mc Donalds y pollitos fritos de KFC. Pero haber, ¿alguien me denunciaría por algo así? Claro, por supuesto que podría, aunque solo y exclusivamente hablase de mi, de mi cuerpo, mi vida… Alguien podría ofenderse. Para algunos de los presentes sería sencillo que les contase sobre mis primos Dorovich que son siete y los guardo en el cenicero del coche por haber vendido sus urnas con las que me los entregaron de vuelta del campo… de concentración… que no sé si concentrarse podrían con tanto ruido de gente gritando y tripas exigiendo comida… Véis de lo que hablo, ahora sí podéis reíros tranquilos de una desgracia por la que apenas quedan personas que puedan sentirse ofendidas; y si las hay seguro que no quieren ver gente binaria hablando de sus trompas… Escuchen, ¿cuántos de aquí son cristianos? ¿A cuántos les cabrearía que platicase acerca de las perrerías romanas hechas en tierra judía? Ni una…

«La persona binaria performer se arranca los pantalones de cuero negro, sin perder su cara de póquer, en esa frontera entre la masculinidad y la feminidad. A pesar de ello, son muy pocas entre el público que se atrevan a mantener la mirada después del segundo donde la imagen es impuesta a los ojos sorprendidos».

Hay cosas que no se pagan con dinero y una de esas es tener a tantas personas cis juntas en una misma sala, tan impactadas por lo que están viendo y sobre todo asustadas por no poder huir de la realidad. Una realidad que creían más sencilla, con menos complejidades y formas y que se ensancha, grande, ancha, profunda y con forma de trompeta… Les deseo que pasen una buena velada, muchas gracias a todos, les dejo con el gran Iggy Rubín quién me animó a estar hoy aquí y contarles mi historia.

 

«Una mujer maquillada y unas vistosas gafas de sol sonríe y persigue a la artista binaria, hay tratos que hacer, relaciones por iniciar».

Publicado la semana 36. 07/09/2019
Etiquetas
Humor, phi beta lambda, comedia española, límites, Elsa Ruiz, reír, ofenderse
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