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Omduart

Un universo compartiéndose XVIII

El sueño viene a por ti parte tres y final

 

EL SOÑADOR

El calor muere, la atmósfera rompe a correr, a ascender y cruza entre los barrotes. Me lleva, me arrastra; chapotean lo que fue mi mundo las criaturas de otro ambiente. Hay poco fulgor, difusa en una lobreguez que parte del interior de cada uno. Abro los ojos y pierdo mi ceguera en forma de legañas leguminosas y crecen unos brotes verdes de ellas al tocar el suelo; al regarse con el primer mundo que me trajo aquí. Hola Jilguero, ¿eres tú el portero? y vosotras, criaturas hambrientas de historias, ¿me esperabais? Ho-hola… y tú… ¿Eres mi destino?


EL GUARDIÁN

Ah, sí, qué duda cabe, nada más poderoso que esa danza con el conocimiento, todo aquello que se descubre del manto nubloso que es el misterio, y nada más hermoso encontrar lo  que ahora visible encima de otra capa de niebla, y otra, y otra, y otra cebolla... Mis óculos exploradores siguen encontrando volúmenes que creí perdidos en el tiempo; mi hogar actual, entre libros, historias infinitas; nacer soñando, crecer en un mundo extraño, preguntar primero y seguir aprendiendo después de muerto... Leer, leer y amar, el amor es cierto, inmenso, ineludible. Soy tan viejo como el tiempo, e igual de sabio; ah sí, ya lo comprendo. Bebe del aire, respira fuerte y siente la literatura llenándose, formando parte de ti, se expande contigo por el espacio. Ah sí, ya lo recuerdo, eran bosques seguros, repletos de vida fresca, joven y libre, libre, libre. Página trescientas treinta y uno, poemario de un anónimo que amó, y amó y amó.

 

VALERIA

La fuente se invirtió, escupe aire burbujeante y este parque es ahora un acuario. El gato-pez nada con sus alas recientes, trepando hacia la superfície-cielo, persiguiendo los rayos solares que entran desviados de su trayectoria. No había notado que esto pasase comúnmente… ¿Y esa chica que corría? No era todo agua antes ¿o sí? floto, pero sigo sumergida, la luz ilumina las rosas azules que permanecen abiertas y hermosas, danzando con las corrientes, el pez-gato se aleja… Síguelo, venga, me exijo, se mueve como un libro abriéndose, compartiéndose. Persíguelo, vamos. Aparto todo ese líquido translúcido que es la misma vida, dejando así espacio delante de mí, donde caber, donde crecer, donde expandirme, y me levanto, y me alzo. El gato hace vibrar sus aletas para guiarme y no lo pierdo, te alcanzaré.

 

¿Yo? ¿Me hablas a mí? ¿Sueñas conmigo? Y todo ese frío se desquebraja… Las ruedas, engranajes, pistones y bombas tiemblan y se deshacen, el grueso hielo pierde todo interés en su forma rígida y quiere dejar pasar, amar, fluir. Cada una de las vidas presentes pierde las tinieblas que los cobijaba, y ahora los veo y reconozco. No quieren escuchar mis cuentos, de repente oyen la música de sus adentros, la banda sonora de su historia, el pulso que les da el movimiento. Se mueven, deciden hacerlo, nadan en el agua… La torre se abre de nuevo, no hay laberinto, la espiral da una vuelta más y en ella saltan, el sueño y Valeria, la literatura sin fin sigue su viaje; y el guardián sigue leyendo con vigilante amor cada capítulo. Sigo mi viaje, compartiéndome.

Publicado la semana 24. 15/06/2019
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