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Omduart

Un universo compartiéndose XV

Nonsolidaritas parte 2

 

—Así lo haré, Elopus, te debo una canción sobre la proeza en la que andas metido, todo aquello que nos fortalece y que ahora, como no pudo ser anteriormente, nos ofreces el caos a modo de acto benéfico y no congelador. Dijo Janis, separándose de él, con lírica inspirada por la música anterior y la Sombra reflexiva, guardando el artilugio rectángulo y de tapa dura en su bolsa. La conexión proveerá, alegre Janis, presta atención a las señales que lo umbrío te ofrezca, se despidió el lobo, encapuchado poeta de negro y violeta, consejero sin género y una piel peluda y cambiante; desapareciendo entre las hierbas que le habían dado la entrada.

 

—¡Oh! ¿No es el malo? Esto no es nada creíble. Céntrate, Vale, así no puede continuar, debes recordar dónde te encuentras pero sin huir… Deja los trucos de artificio.

 

—Yo, o quizás nosotros…Esto… ¿Pris, eres tú? ¿Stanford? ¿No eras tú el cuenta-cuentos? ¿En qué momento… Cuándo, ¿Dónde…

 

—¡Shissst! El bosque sigue abriéndose, Janis llega a un claro, ¿cómo continua el relato?

 

—Sí… La sombra reflexiva creó una vía alternativa marcado con flores de azul eléctrico creciendo, Janis sabía interpretar la señal del mismo modo que se lee música. Alcanzó el claro, y lo vio… Un altar de la cuestión, por un sacrificio casi siempre incierto, las divinidades del bosque podían enlazar tu verdadero destino contigo; el lugar que ni imaginabas que existiera, con tu necesidad más interna de la que no tenías constancia. La joven se sentó a reflexionar, para ello sacó el regalo de Elopus, lo olió, apestaba a salvajismo, perfume de carne y sudor, lo abrió de par en par y se dispuso a descifrar lo mejor que pudo; el encriptado mensaje que contenía no se dejaba, y la valiente juglar le pegó golpes con el puño cerrado, el aparato reaccionaba activando leds rojas y letras brillando en verde. El altar lanzó una voz grave. ¿Qué está pasando en el mundo ahora mismo? Janis no sabía muy bien qué respuesta podía esperar de ella, se decidió a contestar con un mi abuela está enferma, ¿qué puedo hacer para ayudarla? El monolito vibró y proyectó luces en el cielo; había una conexión entre el misterioso objeto que acarreaba y el cuestionador de Reflexiva, no era visible pero sí perceptible; la respuesta de vuelta adquirió forma de serpiente. Una serpiente gris, con manchas de tonos varios. El reptil salió sin dejar ver su parte final, marcando una dirección fija. Los aparatos dejaron de resplandecer y vibrar y la nieta de Billie guardó el presente del lobo y persiguió la cabeza del ofidio. El animal sacaba la lengua y la movía como si se tratara de un detector de movimiento mecánico, incluso parecía tener engranajes en su interior que la accionaban. La espesura verde crecía, y Janis se vió obligada en varias ocasiones a reptar por debajo de troncos caídos, por angostos espacios entre rocas e incluso confiar en su guía gris siguiéndola por una madriguera de conejo… El valor y las energías de la joven Blujas disminuyó sobremanera después de este dificultoso tramo por el subsuelo. La serpiente continuó sin frenarse ni perder velocidad, Janis pudo ver alejarse hasta salir de su visión la reptiliana mollera, sin embargo estaba tranquila pues el resto del aparentemente infinita criatura siguió a su lado. Ambos empezaron a cruzar el final del bosque, pero ella aún no era consciente de ello y no podría haberlo sido, una espesa niebla cubrió aquellas tierras. La nada, una nube caída como el ángel del infierno, protegiendo el resto de bosque en una húmeda y misteriosa atmósfera. Los cánticos de pájaros comunes de oír en La Reflexiva desaparecieron y solo quedaban ruidos de ramas quebrándose, en inquietante movimiento entre hierbas, hojas, e incluso gusanos gigantes devoradores de tierra. Blujas no quería rendirse pero ya no sentía esa fuerza y alegría que tenía en su partida. Unos susurros se acrecentaban, la buena nieta escuchaba con toda su atención y creyó entender dos palabras “Silent Hill”, cogió con ambas manos el cuerpo de la serpiente y continuó su camino a paso lento e inseguro.

Una mala pisada llevó su pie derecho a una ciénaga. Una división mental provocó unos principios de autodeterminación de su pie izquierdo, enfadado por el error cometido por el siempre firme, seguro y conservador hermano derecho. Janis se quedó con las piernas abiertas por la desavenencias de sus extremidades inferiores, una tratando de salir de las arenas donde se había metido y otra tirando desde la supuesta firmeza terrenal. Ella se agarró con todas sus fuerzas al reptil, confiando plenamente en que la sacaría de aquí con la facilidad de la que no gozaban sus pies. El miedo ganó corporiedad y acariciaba los nervios de la juglar, y unos temblores le recorrieron su columna vertebral. Todos los esfuerzos dieron sus frutos cuando el enfangado pie derecho acabó de estar fuera por la fuerza de la serpiente que atravesó la neblina con Janis a cuestas. Ojalá supiera dónde estoy o hacía dónde voy, dijo ella, dejando escapar unas frías y pocas gotas de sus ojos. El ofidio siguió arrastrándose y llevando a Blujas, cada vez más asustada. La niebla se redujo, como sí una burbuja de aire denso la mantuviese a unos metros, ya no envolvía como una capa más de piel y dejó respirar. Una voz dijo, su dessstino ssse encuentra en frente, graciasss por elegir el Altar de las cuestiones.

 

Continuará.

Publicado la semana 19. 08/05/2019
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https://www.youtube.com/watch?v=qkxJIQzOQ6U, Navajos dream , google, bosques, caperucitas, conexiones, mezclas
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