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Omduart

Un universo compartiéndose XII El soñador

Viaje por magnetismo inconsciente, parte uno

«Una biblioteca es una especie de caverna mágica llena de difuntos. Y pueden ser devueltos a la vida cuando abrimos sus páginas» Inicios babilónicos rescatados por un lector ciego.

 

Amaneció el cielo rojizo como mis avergonzadas mejillas. No había “yo” y ni siquiera estaba en mi cama, todo era, y ya. Una ladera verde escocesa y una fina cortina de lluvia me lavaba las legañas. Me di cuenta dónde tenía mi cabeza apoyada sintiendo punzadas terribles en mi cuello doblado. Me apestaban los pantalones y calzoncillos, me los quito, no entiendo por qué insisto en llevarlos puestos. Una torre azulada se mantiene erecta ante mí, su arquitectura rompe mi capacidad de creer en cualquier tipo de física lógicohumana. Todo adquiere la calma común en mi vida, el silencio, la costumbre fuera de tiempo y mi corazón desaparece de las cosas que puedo percibir. Quiero y debo entrar en el torreón. Una puerta, que ahora sí está delante de mí, tiembla y se muere de ganas de abrirse. Me acerco, leo un cartel en una lengua que sé que no debería poder entender: ETEMENANKI. De manillas hay un par de manos que parecen sujetar unos vasos invisibles, quizás unos tomos invisibles. Ofrezco mi izquierda y estrecho la suya, nada ocurre. Repito con la otra, y nada. Doy ambas esta vez, y los pomos se cruzan como si estuvieran imitando mi movimiento, y lo entiendo todo rescatando el conocimiento del inconsciente colectivo. Imito la posición de las manos sujetando un libro, en paralelo una con la otra y las pongo en espejo con los pomos, un dedo delante de su igual opuesto, el libro está abierto, y la puerta también, entro. Oigo mis pasos resonar en una enorme estancia, escaleras de caracol, estanterías curvas como costillas, luz que parece nacer del aire y ilumina del mismo modo, techo oscuro y paredes de cinco lados es lo que veo y me obliga a detenerme. Conforme sigo observando, empiezo a distinguir más detalles, todas las estantecostillas están repletas de letras, describen lo que contienen pero podrían ser acertijos pues la lógica clasificatoria no es de mis ahoras. Leo al azar:

«Ne verkita de Borges», «korbato Lorquiano antaŭ ol vivi», «eterna anonima», «lastaj kombinaĵoj». Avanzo por el delgado espacio que queda entre el costillar. Bajo la mirada al suelo y veo que un líquido translúcido que está fluyendo constantemente, no me moja ni lo freno con mis pies, solo fluye por todo el suelo, parece transportar algo, pero no alcanzo tanta conciencia como para pensar en ello.

—Vistes de estrellas, como lo hacían nuestros antepasados, cuando se contaban las primeras historias y se escribían los primeros cuentos, ¿qué ejemplar buscas aquí? ¿El tuyo, verdad?

Un hombre de pelo plateado, débil y canoso, alto y de compostura noble, me hablaba cara a a cara, sonreía pálido, si es eso imaginable, sus dientes parecían hechos de comas de marfil y su lengua tenía más semejanzas con una delicada arpa que con el órgano muscular. Volví a escuchar entonces mí sístole y diástole, expandiéndose como una explosión vibratoria por todas partes. Quería balbucear algo, pero mis labios pedorreaban estúpidamente. Él sonreía con más color, como leyendo mi respuesta en algún lugar.

—Presentar los respetos a las polvorosas creaciones de esos seres tan extraños que decidieron sentarse a comentar la vida; ese es el motivo por el que ahora estamos aquí los dos, yo como guardián y tú como el viajero visitante, decidiendo tu destino con el pulgar recién lamido hacia arriba, permitiendo al universo empujarte igual que lo hace el viento con las hojas. Déjame que te indique; tu pasillo pasa después de la «E», luego giras en la «O», subes las escaleras en espiral hasta alcanzar el siguiente nivel donde hay la «S», sabrás que vas bien si la sangre translúcida de la torre sigue fluyendo en la misma dirección que tú. Escucha con atención, cada universo tiene sus leyes y no suelen poderse conocer, tan solo se perciben, y eso debe ser suficiente, lee con humildad y diviértete. Estaré detrás de ti, mostrando caminos por si te apetece andarlos.

—Toda mi gratitud por sus desvelos y todo infinito trabajo que será recordado por los difuntos siempre latentes y expectantes de renacer.

No sé de dónde salieron esas palabras que conseguí pronunciar y ordenar para responder al buen guardián de la torre azulada, pero se las dí, y merecía muchas más, pero se marchó cuando volví a parpadear. Una fuerte ráfaga de viento helado me empujó hasta echarme al suelo y se llevó el presente. Solo quedaba la memoria, el cuento siempre en pretérito. Estuve eones e instantes, arrastrado en aquel líquido translúcido seco, subió la temperatura de mi cuerpo o lo que fuera que poseía. El silencio desapareció, roto por el pasar de miles de páginas a la velocidad del aleteo de un colibrí. Remontaba las escaleras de caracol montado en un río. Vi pasar la «E» y no pude determe.
La voz del guardián enunció la entrada de otra visitante. Debo intentar levantarme, debo intentar levantarme.

Publicado la semana 14. 02/04/2019
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https://www.youtube.com/watch?v=tXpCuE5vjMY, Benn Jordan - Safe Landing , Borges, esperanto, babilonios, profundo bajon de serotonina
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