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Omduart

Un universo compartiéndose XI

Un universo compartiéndose XI

 

Preludio

La intrusión del hechicero

 

—¡Hazlo, hazlo!—pedía el insensato hombre de espesa barba oscura. Le trepanaron la sién para dar salida a las pesadillas que lo atormentaban. Así nacen los mitos de R, un bestiario cósmico.

 

Una tarde de cuenta-cuentos

 

—¿Cómo es el nacimiento de un gigante?

—Algunos pensarán que viven en planetas tan grandes como para adecuarse a sus tamaños, pero no. La realidad es que el gigante no es una criatura planetaria sino cósmica. Una pregunta niños, ¿qué son los delfines?

—¡Peces! —gritó uno.

—¡Tiburones buenos!

—No, ni peces ni tan buenos, son mamíferos.

—¡Muy bien, niño! ¿Cuál es tu nombre?

 

«De la montaña no te puedes caer», reza una de frases hechas de los acromegalios, el pueblo gigante, sus montañas no son las nuestras. Esta explica uno de los aspectos más importantes de la vida de un gigante, el viaje. Para ello, estiran su pierna fuera del planeta donde se encuentren y el nuevo campo gravitatorio lo atrae y así es como nunca se cae fuera, saltando de pico en cerro. Así es como Fregred visitó el mundo que con cierta falta de humildad habitamos hoy día y coincidió con el único ser humano que subí cabizbajo el monte próximo a su aldea. Aquel hombre iba en busca de la paz duradera en el fondo del cráter que reposa en la cima, llamado por los lugareños el pozo de los desprovistos. La andadura por la vereda se considera encantada, y no en vano. Muchos son los caminaron aquella senda llevados por la pena a rendirse, a devolver aquello que nunca pidieron, con razón la mayoría de las ocasiones. Siempre hay dificultades en el camino, todo está allí por alguna razón y cuanto más sed, mejor agua. No lograr su fin es el premio de quién es seducido por el reflexivo paseo a la cima. Fregred aterrizó su pie escondiendo el cráter de la vista del afligido, una persona que vio su balanza reequilibrarse con el estruendo, sintiendo el pesar convertido en esperanza nuevamente. Escuchó una poderosa voz que lo rescató de sí mismo: «Tengo que contarte una historia, amigo», afirmó el acromegalio, lleno de certeza y firmeza que posee un cuenta-cuentos galáctico.

«No obstante, no puedo empezar sin antes mostrarte mis vistas»

Fregred bajó la mano hasta el suelo y el hombre no dudó en entregarse. Superó las nubes en segundos. El frío congeló la barba del ahora aventurero homo-sapiens, pero su corazón paradójicamente volvió a latir sangre caliente al disfrutar de la visión planetaria. El pozo era un punto negro casi imperceptible y eso le arrancó una sonrisa.

«He estado en planetas decenas de veces mayores que el que tú habitas, amigo, pero pocos son tan refrescantes y repletos de vida como este tan azul. ¿Debes ser muy feliz aquí, no? y dime, ¿a dónde te dirigías? ¿de viaje, cómo yo? Tomemos una cebada lopulada y acomódate; te va a gustar mi historia. Se titula, Yo también fui pequeño:

 

Ni siquiera los progenitores saben explicar con exactitud el nacimiento de un acromegalio. Todo empieza cuando una pareja sufre el mismo quebradero de cabeza; el cerebro les hierve, parece en un principio que será un relato más para contar, pero ese par de gigantes se miran y saben que están embarazados cuando en sus respectivos ojos encuentran la imagen de una criatura. Esa historia trae un cuerpo de carne en lugar de celulosa, y contiene su inicio escrito junto a una bella pluma engarzada en sí misma, vibrante y expectante, curiosa de lo que será. Se escribió poesías mil para intentar describir lo que reflejan los óculos de las enamoradas acromegalias pero al final todo queda en una percepción que se siente sin poderse mostrar fuera de sus adentros. Vean entonces el baile en espiral hasta cincuenta y dos pasos que dan para llegar a su destino donde darán a luz. Juntos escriben en sus cuerpos las fórmulas mágicas ancestrales, repetidas desde el inicio de los tiempos, añaden al final unos versos nuevos de su rincón bienintencionado y terminan con una firma que no marca propiedad sino procedencia. Allí crecerá la estrella brillante y cegadora, en terreno inhóspito e infértil aparentemente, crece como un árbol, enraíza pero como señal de exploración y no de tozudez, nuevas letras, dos ojos abiertos. La pareja salta de nuevo, la semilla ya germinó, otro cuento que escribirá, leerá y compartirá en un futuro tan constante como el ahora.

Así nacemos, amigo, creciendo tan altos como el techo que al igual que el tiempo no existe».

 

—Perdona, Valeria, pensaba que esto era el cuento de Jack y las judías mágicas, pero esta historia es muy extraña, los pequeños se han quedado sin palabras, no creo que sea apropiado.

—Digamos que lo versioné un poco basándome en un libro de mi universo; puede echar un vistazo, en él encontrará algo apropiado para usted. Por las niñas y niños no se preocupe, pues ellos comprenden los cuentos aunque del mismo modo que los gigantes no saben expresar su entendimiento; se trata de algo metafísico, interno, muchas veces no apto para adultos. Espero que estén disfrutando de esta tarde de cuentos en la plaza que todavía no terminó, ahora viene la parte más divertida donde cada niño puede escribir su propio cuento o mejor aún, dibujarlo y narrarlo después a todos los presentes. Gracias por escuchar, viajen cuando quieran: el carro que contiene este universo será compartido con todas vosotras.

Ahora que el papá protector se ha ido… Tú eres el chico que sabe cómo son los delfines, ¿no? ¿Por qué llevas un sombrero tan grande?

—Es mejor no asustar al sol. Yo conocí a una de esas hermosas criaturas en una ocasión, la que iba ser la última, pero el universo intervino en el momento preciso y ahora he dejado de fumar que no de beber. Gracias por esta bella fábula tan bien contada, me recordó que aún soy joven a pesar de mi barba y que puedo seguir emocionándome y creyendo en la magia. Nunca dejé de hacerlo, pues es tan palpable como el viento. ¿Quiere saber algo, señorita? Brujos y gigantes somos los cuenta-cuentos, podemos arrastrar un carro repleto de universos, llevar pendientes de corsario y viajar en tren, escribir… Yo conozco tu secreto, porque también es el mío, nos volveremos a ver.

Publicado la semana 13. 25/03/2019
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Hans Zimmer, https://www.youtube.com/watch?v=hL-BvWLPseE , La correccion debida de Rafa Lucena, Novela: De Gigantes y hombres, por Román Sanz Mouta
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