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Omduart

Epílogo, la piel del cerdo

 

La carta entró en el universo como una pluma cae del cielo. Surfeaba e hinchaba y buscaba el flujo del aire que la zarandeaba con gracia y hambre.

 

Una carta hecha de piel, tanto por acariciar mientras desciende, narrándose.

Fue magia oriental, que siempre huele a la amapola prendida, naranjas y pétalos de cerezo.

Vivía con el interés de una bebida refrescante, absténgase del sol, no crezca más que en azucarada anchura. Me raspaba las tripas con las cocidas vísceras de mis hermanos. Dormitaba como ellos en un sueño aplacado, de rodillas, arruando en una constancia que amenizaba la vida sacándola de toda consciencia. No más comida, nada apacigua el horror, enfrentarse o entregarse al punto y final, no más trincheras.

Coherencia, falsa valentía, dientes largos, gruesos, anaranjados y repletos de grasa. Todo aquello para encontrar una solución o una vía. Un hechizo que me arrancara esta malsana existencia, repetitiva, en cadena. Algo habría más allá de la gula, el cubrir fosa tras fosa deseando terminar de llenar la tumba, y nunca lograrlo.

Pronunciar y escribir, relatar y sacrificar, ya se hizo y funcionará.

 

Me encuentro esta tarde con el mago del mazo. Él conoce a Zao Jun y Yan Wang, sabrá como complacerlos por mí y conmigo.

Vive en el campo y debo dejar de vender, cojo un tren y después un autobús, veo pastos y mis fieles hermanos como antes no, vivos, enteros, siendo ellos el depredador.

Mis tambaleos hacen sonreír al hombre del mazo, sabe que hará un buen negocio, Yan Wang sonríe desde su cielo privado, a veces no hace falta robar, tan solo ser paciente.

Me da la mano, me desnuda y me pesa. Marca líneas en mi piel, hecha cuentas, piensa en lo que va hacer, su mazo esta limpio y oxidado, no bebe lo que debe, padece sed y yo quiero ser fuente. No usará delantal, y el ritual será al alba como antaño, en un altar de piedra, encima de la colina, debajo del sol.

Me quería ofrecer bebida ardiente y le pedí una manzana, una imagen más correcta, un sabor respetuoso, dulce, un buen principio. Mis hermanos vienen a contemplar, tranquilos, saben lo que significa y no por eso apartan su morro del suelo en busca de bellotas y restos de la cena de ayer.

Solo se oyen los pasos ligeros de las pezuñas, las briznas de hierba frotándose por el viento y algún canto de pájaro celebrando la primavera; y yo solo puedo sentir agradecimiento por todo lo que se me dio. Tan solo siento no haber llegado antes a esta conclusión.

El mago está preparado, el mazo hambriento, mi piel redactada, las fórmulas surgirán efecto con el primer rayo de nuestra estrella, ya oigo el arrúo llamándome, el mago esta preparado y yo también.

No habrá más Gao baos, el puesto cerró. El viento me balancea las pelotas y la piedra del altar hiere mis rodillas. No veo el astro rey iluminar mis letras, el momento llega, el martillo se levanta.

 

Como una bebida refrescante abriéndose, liberándose de latas, sale mi alma con ese ruido característico. Mis hermanos lamen mi sangre, la sed insaciable, el mago termina su parte, la picadora esta lista, me despelleja antes, sabe que las letras perduran y tienen otro final, una parada más. Mis hermanos arrúan, hora de comer, tiempo de crecer.

Publicado la semana 12. 18/03/2019
Etiquetas
pigs the pink floyd , gao baos, cerdos, pink floyd , De noche, antes de un sacrifico a los dioses más sanguinarios, antes de comer cerdo, en una convención vegana
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Poesía
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