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Diario de Aislamiento en tiempos de Pandemia

Cuando comenzó a saberse de esta peste yo me encontraba abocado a la escritura de una novela post apocalíptica, para ello había recabado información, mucha información. Había elegido una ubicación geográfica precisa, medido distancias entre los distintos puntos a los que los personajes se trasladarían en algún momento de la historia y lo hice sin moverme de casa desde mi pc, utilizando todas las herramientas tecnológicas de las que dispongo. Aclaro que me tomé todo este trabajo previo porque he intentado en mi vida abordar muchas veces la escritura de una novela y tengo varias comenzadas y ninguna terminada... pero esta debía terminarla sí o sí porque está dedicada a la memoria de un amigo entrañable, un casi hermano de esos con que la vida te premia. Hablamos del argumento de la misma en muchas oportunidades en el último tiempo que compartimos antes de que su cuerpo nos dejara. 

Pero como decía, me encontraba abocado a la tarea de escribir una novela post apocalíptica cuando comenzó a extenderse esta peste y decidí que por el momento no quería escribirla, es más no quería, hasta ayer, escribir más nada, solo algún comentario en las redes sociales, algún texto breve sobre lo que nos está pasando como individuos, como colectivo social, como comunidad. Pero las circunstancias me han acorralado y si no escribo me voy a pudrir por dentro.

Entonces escribo que cuando comenzó a saberse de esta peste... 

Y lo escribo en mi cabeza porque estoy en la cama tratando de dormirme y lo escribo en mi cabeza con la esperanza que, aunque más no sea, se conserve la idea para poder recrearla luego en alguno de los medios electrónicos que me rodean, también escribo en mi cabeza, siendo las dos de la madrugada del veintiséis de marzo del veinteveinte, que cuando despierte y en algún momento de este día, voy a dejar de escribir en mi cabeza... Siento que el sueño me vence y creo que a la humanidad la va a devorar la angurria y el egoísmo. Los parpados me pesan cada vez más y escribo que estoy aventurándome en tierras del semisueño y que es un buen momento para dejar de escribir ahora, ya, justo en este momento en que nuestro gato Shiefield  se desliza a mi lado y con su ronroneo y toda su negrura me reclama unas caricias. Hoy sentí la necesidad de dormir solo y es por eso que me trasladé a la planta baja de la casa, a la habitación de mi hijo quien se encuentra haciendo la cuarentena en casa de su pareja, en Villa Luro a no más de cuarenta cuadras de nosotros. Mi compañera de casi toda una vida dormirá en nuestro dormitorio en la planta alta, acompañada por Szary nuestra gata antisocial. El sueño me vence en una casi absoluta soledad. Escribo en mí que duermas bien Negro, que mañana habrá que remar otro día tratando de evitar que el angustiante tedio se apropie de nosotros. 

 

Despierto de repente con un agudo dolor en la vejiga, a pesar de no haber alcanzado a despertarme del todo comprendo que necesito orinar. Me calzo las crocs y me dirijo al baño y cuando salgo de este mi perro esta aguardándome sentado en el patio. Corre hacia mí en busca de una caricia. Cruzo el patio y me dirijo a la cocina, prendo la luz y observo que el reloj marca las cuatro de la madrugada. Acomodo el sillón que utiliza mi perro Fripp para dormir y tomo de la heladera una botella con agua fría, acaricio a Fripp, que ya se ha instalado en su trono, apago la luz y salgo de la cocina y cruzo el patio en dirección al comedor y de allí al dormitorio, apago la luz y me recuesto y es cuando apoyo la cabeza en la almohada que escribo esta excursión al baño y a la cocina. Y la escribo con fuerza, como para que quede en mi memoria hasta que al fin pueda volcar todo en algún archivo Word, como para ir dándole forma a este diario de aislamiento que curiosamente comienzo a crear en el séptimo día desde su inicio y cuando muchos aguardamos que en las próximas horas llegue el anuncio de una extensión de la cuarentena por lo menos hasta el próximo trece de abril, es decir el día siguiente al domingo de Pascuas. Me acurruco sobre mi costado izquierdo y el sueño se apodera de mí casi al instante.

 

 

Entre sueños escucho la inconfundible voz del Flaco cantando bajo la almohada su Cantata de Puentes Amarillos y avisándome que son las siete de la mañana y es la hora en que me levanto.

Rápidamente enciendo la notebook de mi hijo que decidió dejar en casa y llevarse la X-Box para mitigar el aislamiento. Mientras el sistema inicia reviso el celular y tengo una notificación del gmail de un correo de Guti, la abro y compruebo que sigue sin poder abrir los links que le envié ayer para que se descargara unos discos de Das Kapital, un trío de jazz moderno que descubrí hace poco y que me pareció muy original y bueno. Guti es un amigo de la adolescencia que hace más de treinta años vive en Falería, Italia, y con el que mantenemos contacto por mail y por mensajes de whatsapp. Ellos están aislados en su pueblo hace más tiempo. Incluso los otros días nos hicimos un video llamado y por algo más de una hora charlamos y nos contamos pésames y penurias y nos reímos y nos vimos las caras después de mucho tiempo, desde que dejó de hacer su viaje anual a Buenos Aires y eso no recuerdo bien en qué año fue, pero seguro fue después del fallecimiento de la mamá de Silvana y de eso debe hacer por lo menos siete años, no estoy muy seguro pero en nuestra próxima comunicación le pregunto.

El sistema ya cargó y está listo para usar y yo siento la imperiosa necesidad de volcar el contenido de mi memoria de estas últimas horas. Busco el Word pero sucede que mi hijo lo usa online y eso me puede complicar porque seguro va a terminar guardándome el archivo en la nube de él y yo no quiero eso. Dudo treinta segundos y me digo que arranque a escribir así, y que después, con la cabeza aliviada, busque una solución. Y entonces arranco y todo lo que hasta ahora escribí en mi cabeza voy a escribirlo en este archivo que acabo de abrir y entonces escribo

Cuando comenzó a saberse de esta peste yo me encontraba abocado a la escritura de una novela post apocalíptica, para ello había recabado información, mucha información. Había elegido una ubicación geográfica precisa…

 

 

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Ya está, pude volcar en un archivo todo lo que había acumulado en estas horas en mi cabeza. Sentí un alivio muy grande, como que algo se descomprimía, un alivio similar al que uno siente al evacuar la vejiga. Creo que esta será la forma de trabajo que adoptaré de ahora en más, primero escribo en mi cabeza y luego lo vuelco al papel, mejor dicho al archivo que he creado.

El agua del mate esta lista y las tostadas también, ya tome mi Losartan y mi Amlodipina y también la Hidroclorotiazida, esta ultima siempre la tomo más tarde, más precisamente después de volver de andar en bicicleta, de quince a veinte kilómetros diarios, pero como no podemos circular libremente y no puedo salir a hacer mi bicicleteada diaria tomo el diurético en el desayuno. Para las tostadas use un pan integral con semillas que me salió buenísimo y que formaba parte del stock de cosas que comencé a preparar para la Feria de la Producción Popular de marzo y que se suspendió por lluvia, pero que íbamos a tener que suspender por criterio común aunque no había en ese momento ningún tipo de prohibición. Viendo como viene la cosa y considerando que nosotros vivimos de lo que producimos día a día y que la feria difícilmente pueda hacerse en los próximos meses, decidimos ayer con Norma, mi compañera, que lo que teníamos en el freezer  almacenado para la feria pasa ahora a ser parte de nuestras reservas para enfrentar esta crisis social y económica.

Las tostadas las unté con un poco de miel de caña y quedaron bárbaras porque el tostado les acentuó el sabor de las semillas y tiene buena cantidad y variedad, hay de sésamo blanco, de sésamo integral, de zapallo, de chía, de girasol y de lino; en la cocina quedó una aroma a pan y a semillas increíble.

En los últimos días hemos tenido casi nada de pedidos en la pizzería. Por suerte tenemos algunos pesos como para ir tirando y yo, como me la veía venir, me hice de una buena cantidad y surtido de legumbres secas. Ayer hicimos un recuento de provisiones y tenemos como para unos veintiún días más. Por el tema del efectivo, es muy probable que Norma pueda cobrar el bono de diez mil pesos ya que cuando Lucía iba al secundario cobro la AUH y los que cobraron esa asignación y hoy tienen hijos mayores de dieciocho estarían habilitados para el cobro. Creo que de esta zafamos, el tema es el después y el después no es muy alentador. Yo no creo que la angurria y el egoísmo y la insolidaridad (no sé si este término es correcto pero a mí me gusta tiene una sonoridad espectacular, insolidaridad…) de parte de la humanidad vaya a cambiar demasiado. Basta con ver que un montón de gente que viajó, luego de que Argentina cerrara el ingreso a través de sus fronteras, y lo hizo por aerolíneas comerciales hoy le exige al estado que realice su repatriación a través de Aerolíneas Argentinas y que encima cuando llegan, provenientes de países de alto riesgo en esta pandemia, se niegan a cumplir con el protocolo de aislamiento domiciliario. Sinceramente no creo que podamos contar con ellos para realizar cambios profundos. Ahora mismo están haciendo, algunos sectores ligados al gobierno anterior y a las corporaciones dominantes, una feroz campaña contra la probable llegada de médicos cubanos…

Mejor me pongo a leer la nota de Byung-Chul Han sobre la pandemia (https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html) y buscándole un poco de roña a Zizek (lo escribo así porque no pude encontrar la forma, en este puto teclado, de ponerle el sombrerito a las z) que dijo los otros días que un virus había derrotado al Capitalismo.

Slavoj Žižek, así se escribe (lo conseguí!!! los sombreritos en las z, digo).

Ahora salvo el archivo y me voy a poner con la bicicleta fija un rato.  

 

Publicado la semana 65. 26/03/2020
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En cuarentena
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