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neKKKro

Larga Vida al Rey!!!

Nunca fui afecto a las monarquías, siempre me parecieron una grotesca forma de gobernar de los poderosos, oprimiendo y apropiándose de la vida misma del pueblo.

Los reyes siempre me parecieron seres detestables y payasescos.

Pero hay un rey que me cautivó desde el primer instante en que lo conocí.

Fue a principios de los años setenta, más exactamente en 1972, una noche como tantas, ya acostado en mi cama y, como era mi costumbre y la de muchos de mi generación, con la radio portátil encendida y bajo la almohada, dispuesto a dormirme escuchando música.

Por aquellos días, los que gustábamos del rock progresivo teníamos algunos pocos programas radiales, que por lo general eran transmisiones que iban entre la noche y la madrugada, o los sábados en las primeras horas de la tarde. Eran nuestra única manera de conocer lo que pasaba en la escena del rock y de la música progresiva del mundo, o al menos la de los británicos y yanquis.

El conductor del programa anunció que la próxima banda que íbamos a escuchar era una que se las traía y que a continuación se escucharía el tema que abría el disco y que llevaba por título “21st Century Schizoid Man”  o El Hombre Esquizoide del Siglo 21, y arrancó el tema…

Lo que siguió fue para mí, un pibe de catorce años del conurbano bonaerense, con aspiraciones de ser músico, una experiencia alucinante. Nunca en mi corta vida había escuchado nada semejante. Durante los siete minutos con veinticuatro segundos  de duración del tema, mi cabecita estalló. Allí nació mi romance con King Crimson, el único rey al que admiro y respeto.

 Me costó mucho dormirme. A la mañana siguiente cuando llegué al colegio corrí a intercambiar mi experiencia nocturna con los amigos que compartían los mismos gustos musicales pero nadie los había escuchado. Lo que siguió fue un largo periplo buscando información sobre la banda y sus discos. Ese mismo día me fui al centro, más precisamente a la Galería del Este, local 10, disquería El Agujerito, un lugar al que había ido varias veces acompañando a mi primo, un par de años mayor que yo y que fue quien me inició, junto con su hermano mayor, en el rock y la música progresiva haciéndome escuchar a Jethro Tull, Traffic, Curved Air y muchas bandas más. La disquería se  dedicaba a discos importados que costaban el triple que uno nacional. La gente que atendía era muy amable y me recordaba de las tantas visitas con mi primo y de otras tantas veces que concurría a curiosear o a buscar información.

Fue allí que me desayune que la banda ya iba por su cuarto disco, ellos los tenían todos, ninguno editado en Argentina, que de los miembros originales de la banda no quedaban muchos, solo el guitarrista un tal Robert Fripp. Gentilmente puso In the Court of the Crimson King cuyo primer tema era precisamente Hombre Esquizoide del Siglo 21 y mientras él atendía un cliente me permitió copiar la letra del tema de la tapa del disco.

La compra del disco estaba totalmente fuera de mi alcance así que solo me quedaba convencer a mi primo o a alguno de mis amigos con mejor poder adquisitivo que yo.

Por esos días yo estudiaba en la ET N° 27, una escuela técnica especializada en química y ubicada en Virgilio y Baigorria, en Villa Real, Ciudad de Buenos Aires. Desde mi casa en Lomas del Mirador, al borde de la General Paz, debía tomar dos colectivos para llegar y otros dos para volver. Y del dinero de esos viajes provenían mis ahorros para la compra de discos. A la ida tomaba un solo colectivo hasta Lope de Vega y General Paz y caminaba quince cuadras y a la vuelta éramos un grupito que caminábamos hasta Liniers y de ahí el bondi o seguir caminando a casa en los meses que no hacía mucho frio. Esas moneditas las guardaba y en un mes, más o menos, lograba juntar el dinero para comprar algún disco de edición local.

Por aquellos días existía una cadena de disquerías llamada Centro Cultural del Disco que te permitían acceder a unas cabinas donde podías escuchar el disco, siempre y cuando compraras alguno.

Siempre que iba a buscar alguno de los de mi lista de imprescindibles consultaba por algo de Crimson y la respuesta era siempre negativa, hasta que un buen día voy a comprarme un disco y estaba en duda entre un par y cuando se los pido a la empleada, que ya me conocía, me dice

-Hoy que no me preguntas por King Crimson tengo uno que se llama Island

Y lo saca de debajo del mostrador y me lo extiende.

Lo tomé entre mis manos como si se tratase de un preciado tesoro, pregunté el precio, me alcanzaba justo y sin más ni más me lo llevé sin siquiera pasar por las cabinas para escucharlo.

Llegue a casa, prendí el Winco y me sumergí para siempre en el universo Crimson, para siempre.

Hoy gracias a internet tengo una discografía de la banda muy completa, que ocupa unos treinta gigabytes de mi disco rígido y de la cual algo escucho a diario

El pasado martes 8 de Octubre tocaron en Buenos Aires, en el Luna Park, en el marco de la gira de celebración del cincuentenario de la edición de In the Court of the Crimson King. Mi hijo me regaló una entrada y allá fuimos junto con él, mi hermano y mi sobrino.

Fueron cuarenta y ocho años esperando este momento, ya que cuando vinieron en 1994 yo me enteré meses después.

Y allí estaba yo y también el pibito que una noche quedó perplejo cuando los escuchó por primera vez.

Fue una noche única que seguramente, a la hora de preparar la valija para el viaje final, llevaré conmigo.

Música cruda, sonidos demenciales, salvajes melodías provenientes de una aceitada maquinaria de gran precisión, eso es King Crimson en esta nueva carnadura con tres baterías.

Mientras Fripp y sus secuaces recorren los temas elegidos para esta gira voy recorriendo no solo los sonidos que el Rey Carmesí me propone, también voy adentrándome en una especie de túnel del tiempo y me sumerjo en esas tardecitas de Caseros, en La Cueva, la sala de ensayo de Simplezas primero y Almizcle Atormentado después, y lo veo a Pili y lo veo al Guti y a Adalberto, que hace ya tiempo partió, y también lo veo a Adriano y muchos otros que nos dábamos cita en ese lugar a compartir la música, la vida y la merienda. Veo las largas noches en las mesas de Tío Fritz y lo veo al flaco Quique y su violín y al Cabezón y a Jorge y a Héctor, que se nos fue hace muy poquito…  Recorrer el universo Crimson es recorrer mi vida…

Y desde el escenario mi cabeza y mi corazón se sacuden a cada instante, a cada compás. King Crimson sigue proponiendo un sonido vanguardista, una música de detalles, de una complejidad sonora contundente, corazón, disciplina y sincronicidad

Con su ráfaga musical arrasó nuevamente mi cabeza como aquella noche de mi adolescencia con la radio sonando bajo la almohada

Cuarenta y ocho años pasaron de mi vida y de su música  y el encanto continúa.

Y mientras el concierto llega a su fin y el Hombre Esquizoide sigue sonando, retumban en mi cabeza los últimos versos de la canción

"Semilla de la muerte, codicia de un hombre ciego
Poetas hambrientos por sangre de niños
Nada de lo que tiene realmente necesita
Hombre Esquizoide del Siglo Veintiuno"

Larga Vida al Rey…

 

Publicado la semana 41. 10/10/2019
Etiquetas
king Crimson
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No ficción
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